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Traición: la fiesta queer que México necesitaba

Traición: la fiesta queer que México necesitaba

Foto: Alan Balthazar

Cuando no encajas en ningún espacio, no te queda otra opción que crear uno propio.

En México, el domingo es el día dedicado a la familia tradicional y a las parejas heteronormativas. Pero desde hace un par de años es también el día en que se reúne la comunidad LGBTQ+ en las fiestas de Traición. Los fundadores echaban de menos un espacio en el que se sintieran representados, y optaron por reivindicar lo que han decidido llamar «sexo diverso» desde su lado más lúdico. «Gran parte de la mejor música es queer y no se hace énfasis en la identidad de los músicos, pero muchos son queer«, me cuenta Alberto, también conocido como Mexican Jihad.

La magia que se crea en las fiestas de Traición ha trascendido etiquetas, géneros, razas y edades, y ha terminado por convertirse en un evento al que acuden desde miembros de las «houses» de la creciente escena de vogue del DF a una comunidad trans que no tenía dónde reunirse. Son tantas las personas que se han aglutinado en torno a Traición que sus fundadores se enfrentan ahora a un nuevo reto: organizarse más allá de la fiesta.

Hablé con Alberto y Lucía (Derré-Tida) en Berlín unos días antes de que Traición celebrara su primera fiesta en Europa.

Broadly: ¿Cómo surge la idea de las fiestas de Traición?

Alberto: Los cuatro fundadores de Traición ya éramos promotores culturales y de fiestas desde antes. Yo tengo una disquera de música electrónica que se llama NAAFI. Diego tiene una agencia musical que se llama Tape con la que montan varios de los festivales más grandes del país. Pepe Romero es actor de teatro y performance. Y Lucía tiene una agencia de booking de puro talento femenino y latinoamericano. Los cuatro ya hacíamos fiestas, pero a la vez no había una fiesta gay o queer a la que nos sintiéramos apegados y dijimos «tenemos todo el talento y toda la infraestructura, pues hay que hacer una fiesta para nuestro perfil».

Lucía: El mercado gay o queer en México no tiene una propuesta musical interesante o desarrollada, entonces también fue una oportunidad para nosotros programar proyectos queer de performance y música, darles el mismo nivel de importancia y hacer un espacio los domingos por la tarde para reunir a la comunidad.

En una sociedad que puede ser tan machista y homófoba, ¿creéis que las fiestas de Traición cubren un hueco que le hacía falta a la comunidad LGBTQI+?

Alberto: Sí, definitivamente.

Lucía: También lo que es especial es que no pasaba nada en los domingos en México, entonces eso lo hizo muy especial porque ahorita hay una audiencia que ya siempre va. Es un espacio para reunirte con amigos que tienen la misma mentalidad.

Alberto: Aunque haya una escena queer gay muy grande, la mayoría es muy comercial y muy enfocada hacia los hombres. Traición hace mucho énfasis en todo el espectro: talento femenino, talento trans y todas las identidades que existen. Ponemos bastante atención en esa diversidad dentro de la programación para que no se lea exclusivamente como una fiesta gay. Un poquito a raíz de que Traición adquiriera notoriedad, empezaron a salir un chorro de fiestas gais nuevas, pero siguen siendo fiestas gais.

¿Lo de «sexo diverso» es la forma que habéis encontrado de no reducir todo a categorías?

Lucía: Sí, lo mismo hay heterosexuales que van y se la pasan bien. Es una fiesta muy liberadora para cualquier persona porque no hay etiquetas.

Alberto: No pusimos « queer» o «diversidad sexual» como tagline porque eso es un poquito cursi. Ya sabemos que hay una diversidad sexual y todo un degradado de identidades, y no se trata de visibilizar esa identidad, sino de ir ya a partir de ahí. El término «sexo diverso» era un celebrar el sexo como performance y no tanto los cuerpos en los que toma lugar ese sexo. Mucha gente piensa que es una sex party, pero no lo es. Aunque los performances muchas veces tienen temática de carga sexual.

La otra cosa que pasa en México es que el término queer está muy específico en un nicho, es algo súper punk, súper anarquista, y nosotros como que no teníamos interés en hacer una fiesta en ese espacio tan político y tan reaccionario, sino que para nosotros también queríamos hacer algo sofisticado, cómodo, etc. Queríamos dar cabida a todo.

¿Cómo reaccionó la gente con las primeras fiestas de Traición? ¿Qué problemas encontrasteis?

Lucía: En México es difícil encontrar un espacio que sea tan abierto a este tipo de fiestas. Siempre llega la policía, siempre pasa algo. Ahorita que la fiesta es más conocida tenemos más libertad de escoger espacios. Pero definitivamente en la escena club en México no hay un espacio propio en el que desarrollar una escena queer.

Alberto: Falta muchísima infraestructura, no solamente para las fiestas queer, sino en general. Falta transporte en la noche, horarios extendidos… Hay una cultura de la fiesta muy grande en México pero no una cultura club.

Lucía: La cultura club en México es muy elitista, y también muy heteronormativa y retrógrada.

También os desmarcáis de esa cultura gay aceptada por la sociedad y visibilizada en los medios.

Alberto: Ese es otro problema del Pride corporativo, ese que solo permite ser musculoso. De hecho, la primera performance de Traición fue una contestación al Pride. La hicieron Pepe y la teórica queer Pinina Flandes hace dos años y consistió en quemar banderas de arcoíris y banderas de México, como doble traición, como doble ofensa.

¿Las fiestas de Traición están ayudando a concienciar?

Alberto: Quizá lo más político sean las performances, porque muchas tratan directamente con la situación política y con la violencia de género. Pero también está ese otro espectro de placer y gozo y salirse un poco de la realidad. Algo positivo es que nunca había visto materializarse tanto a la comunidad trans como sucede en Traición. La cultura gay y lesbiana la veías por todas partes, pero la identidad trans sí estaba muy segregada de los espacios de las fiestas. Ahora son una parte muy activa del formato de la fiesta.

Habladme de la imagen de vuestras fiestas.

Lucía: Para nosotros la identidad gráfica es muy importante. Alberto puede platicar sobre el Polencho.

Alberto: El Polencho es como un dios imaginario prehispánico que encontramos por primera vez en las memorias sexuales de Salvador Novo, un hombre homosexual que estaba out en el México de 1920 y era una figura muy importante en el registro cultural de la época. Se nos hacía interesante rescatar a este personaje, porque si preguntas a un chico gay de 20 años seguramente habrá escuchado de Oscar Wilde y no de Salvador.

En su memoria sexual, Salvador habla de un idolito prehispánico que ponían en el cuarto donde hacían las orgías como ofrenda o lo que fuera, y se nos hacía muy interesante esta idea sobre todo con la identidad de lo mexicano y que estuviera más orientado hacia lo gender fluid. Entonces este personaje se lo comisionamos a un artista diferente en cada edición y lo han interpretado a través de todo el espectro de identidades.

Hay otro elemento de Traición al que casi nunca ponen tanta atención pero que para mí es muy importante que es la figura del invitado especial: en muchas ediciones invitamos a alguien que no necesariamente toca o participa en el performance pero que es un nombre que queremos celebrar porque tiene que ver justo con la historia queer.

Además, hay algo muy bonito de Traición y es que se ha convertido en una fiesta intergeneracional en las que a veces hay una señora de 60 años con un chavito de 20. Tenemos una audiencia que es mucho más grande que nosotros.

Alberto: Y lo que pasó es que de repente la fiesta se volvió tan chida que había demasiada gente heterosexual.

Lucía: Pero son heterosexuales que se han adaptado, es una fiesta hetero-friendly.

Alberto: Lo que es interesante es la instrumentalidad política que tienen la música y la fiesta. Estas conversaciones de género, feminismo, etc. suceden en varios formatos, pero ha sido en la fiesta y en el club donde ha encontrado esa viralidad. Incluso hay un chorro de conversaciones que están sucediendo alrededor de la fiesta.

Además es más fácil llegar a más gente si les hablas desde una posición lúdica que desde un podio sentando cátedra. «Si no puedo bailar no es mi revolución», como dijo Emma Goldman.

Alberto: Exacto. Cuando abordas esas temáticas desde la teoría crítica inmediatamente expulsas al público. Ha sido chido porque dentro de la audiencia hay también escritores y críticos que hablan de todo y se ha creado una comunidad que se ha expandido alrededor de lo que sucede en la fiesta. Por eso era importante hacerlo en domingo, porque en México es el día más heteronormativo.

Alberto: Sigue siendo el día de la familia, pero en el sentido de la familia queer. Existe una realidad y es que cuando salen del clóset muchas personas pierden a su familia. A mí me ha sorprendido el éxito de la fiesta.

Lucía: Las fiestas tienen éxito porque justo había un vacío para un espacio queer así en México. Incluso te diría que en Latinoamérica.

Alberto: Cada vez que se analiza o se construye la narrativa queer es generalmente desde el primer mundo, desde una visión como blanca y en la que el queer latinoamericano muchas veces puede llegar a incomodar al queer blanco.

Lucía: De hecho es chistoso que en México no hay mucha gente negra y en nuestras fiestas siempre hay un grupo de gente de color.

Alberto: Y también nos hemos encontrado vario retos. Hemos decidido que vamos a escribir un manual para sensibilizar a los staff de los diferentes lugares de cómo se debe tratar a la audiencia, y es una chamba que nadie hace porque todo el mundo da por sentado que todos estamos en la misma página, pero no. También queremos hacer un directorio de servicios sociales queer donde incluyamos doctores, dentistas…

Lucía: Más allá de la fiesta, estamos pensando hacer proyectos editoriales y otras cosas que están conectadas.

Alberto: Queremos llegar a ser una productora como del tamaño de la ciudad de México.

 

Publicado en Broadly (julio 2017)

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