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“It´s the economy, stupid!”

Ahora que está todo el mundo con las listas de lo mejor del año, Pew Research ha recuperado uno de sus exhaustivos (e imprescindibles) estudios sobre la percepción que algunos países tienen de temas tan dispares como la administración Obama (no sorprende que la popularidad del presidente haya caído tras las revelaciones de Snowden, aunque sí sorprende que Alemania sea el país  que más confía en él, tal vez se deba a que la última actualización es de julio) o la confianza en EE.UU. (pocas sorpresas tampoco en que Israel sea el segundo país con la opinión más favorable).

El estudio no sólo se centra en EE.UU, sino en temas como la economía global, la confianza en el euro, en la Unión Europea o en la capacidad de Angela Merkel para gestionar la crisis. Y ahí, en lo que toca a España, los resultados son demoledores: desde que comenzó la crisis, la satisfacción con el rumbo del país se ha derrumbado hasta un paupérrimo 5% (el año que se hundió Lehman Brothers, la cifra era del 50%), un  51% (lejano del casi 70% pre-crisis) define su situación financiera como buena (seguramente ahí estén esos mileuristas que continuamente deben escuchar que no se quejen que al menos tienen trabajo), sólo un 4% de la población describe como buena la situación financiera del país, ni un 25% espera que la situación mejore, más de la mitad creen que la cosa ha empeorado desde la integración económica con la UE (pese a todo, el 67% prefiere quedarse con el euro) y ni un 40% cree que Angela Merkel esté gestionando bien la crisis (aunque sin duda la escasa credibilidad de Rajoy, al que no reconocen como presidente ni en las reuniones de la Unión, tampoco ayuda). Pero lo peor, lo más triste, es que resulta difícil no comulgar con los pronósticos más agoreros.

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El Nobel de la Paz tiene retranca

Ahí están, avanzando con paso firme, uniformados, aparentemente distendidos. ¿Van a terminar con los desahucios, con los recortes en enseñanza y sanidad, van a dejar de ahogar a los ‘P.I.G.S.’ o a prohibir el uso de balas de goma en las manifestaciones? No señor, van a recoger el Nobel de la Paz, el mismo premio que ya han dado a figuras ilustres como Obama o Kissinger, por mentar sólo a un par de ellos. ¿Que se han cargado la paz social? ¡No importa, claro que no! Todo para el pueblo, dicen. “Vamos a salir de ésta“, afirma Van Rompuy: saldrás tú, fijo, que tu hipoteca debe estar más que pagada, tu fondo de pensiones más que asegurado y tu sueldo será más que digno. Eso se lo dices al grueso de la población europea, a ésa que está en paro, o que no llega a fin de mes, a la que echan de su casa o a quien pierde incluso la vista luchando por sus derechos. Que vayan a las tumbas de quienes se han suicidado, asfixiados por esta crisis en la que los mismos que recogen el Nobel se agachan y doblegan ante sus responsables, y lo escriban sobre sus lápidas, a ver si les devuelven la vida.

Recogen el premio y miran a otro lado, como ha hecho siempre el poder. Da igual que se manifiesten contra ese premio: no les duelen prendas. Por una vez, los 17 de acuerdo. Ni uno ha dicho “no lo acepto, no lo merecemos”. Contentos estarán. Y todavía dormirán a gusto.

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PIGS

PIGS: así es como nos llaman a Portugal, Italia, Grecia y España en la Unión Europea. ¿Por qué? Porque somos los países con mayor riesgo para la zona euro. Y claro, hay que salvar el euro al precio que sea, independientemente de que millones de ciudadanos corrientes mueran en el intento.

Hoy mismo Der Spiegel titulaba que los “bancos alemanes acceden a dar billones para aliviar la deuda griega”. ¡Cuánta generosidad! ¿No será, como el mismo artículo indica, una maniobra para “evitar el colapso de todo el sistema” financiero de la Unión Europea? ¿Y por qué no dicen que en vez de repartir billones se los prestan con un tipo de interés altísimo y humano, para más inri?

El mismo diario se hace eco de los disturbios en Atenas: “alivio en el extranjero, disturbios en Atenas”. ¿Alguien realmente esperaba que los griegos se quedaran en casa calladitos? Basta con echar un vistazo a las severas medidas que se piden al país helénico para comprender que la gente se niegue a pasar por el aro así como así. Cada vez que veo a Merkel y Sarkozy sonriendo ante las cámaras no puedo evitar pensar que sí, que para ellos somos como los cerdos: se aprovecha todo. ¿O es que entramos en la Unión Europea de rositas? No. Para poder ingresar hubo que hacer muchos ajustes económicos. Con la entrada del euro igualamos nuestros precios al resto de la Unión Europea, pero no los sueldos. Desde entonces se viven dos realidades bien distintas: la de los políticos, que van a lo suyo, y la de los ciudadanos, a los que no se pide más que sacrificios y apretarse (aún más) el cinturón.

Tal vez nada de lo que hoy sucede nos sorprendería si repasáramos la historia y recordáramos que la UE surge tras la evolución de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) a la CEE (Comunidad Económica Europea). En todo momento se habla de economía, jamás de política, y no es hasta recientemente cuando se habla de “unión”. Pero claro, para entender que esa unión seguía basándose en la economía, también hace falta haber leído la Constitución Europea, que pese a su brevedad, casi nadie leyó y menos aún votó. Sí, efectivamente, toda la Constitución Europea gira en torno al dinero.

¿Cuántos saben que una directiva aprobada en Bruselas tiene más valor que cualquier constitución o ley de los estados miembros y que es de obligado cumplimiento? ¿Cuántos saben que si dicha directiva no se adopta en un país miembro entra en vigor “a la fuerza”?

Nos quejamos de los políticos, sí, pero tal vez debiéramos quejarnos también ante Bruselas. Porque de aquellos polvos vienen estos lodos.

Y conste que quien firma esto fue hace años una ferviente europeísta.