
Ahí están, avanzando con paso firme, uniformados, aparentemente distendidos. ¿Van a terminar con los desahucios, con los recortes en enseñanza y sanidad, van a dejar de ahogar a los ‘P.I.G.S.’ o a prohibir el uso de balas de goma en las manifestaciones? No señor, van a recoger el Nobel de la Paz, el mismo premio que ya han dado a figuras ilustres como Obama o Kissinger, por mentar sólo a un par de ellos. ¿Que se han cargado la paz social? ¡No importa, claro que no! Todo para el pueblo, dicen. “Vamos a salir de ésta“, afirma Van Rompuy: saldrás tú, fijo, que tu hipoteca debe estar más que pagada, tu fondo de pensiones más que asegurado y tu sueldo será más que digno. Eso se lo dices al grueso de la población europea, a ésa que está en paro, o que no llega a fin de mes, a la que echan de su casa o a quien pierde incluso la vista luchando por sus derechos. Que vayan a las tumbas de quienes se han suicidado, asfixiados por esta crisis en la que los mismos que recogen el Nobel se agachan y doblegan ante sus responsables, y lo escriban sobre sus lápidas, a ver si les devuelven la vida.
Recogen el premio y miran a otro lado, como ha hecho siempre el poder. Da igual que se manifiesten contra ese premio: no les duelen prendas. Por una vez, los 17 de acuerdo. Ni uno ha dicho “no lo acepto, no lo merecemos”. Contentos estarán. Y todavía dormirán a gusto.

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