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Merkel y Schäuble no son todo Alemania

Está de moda odiar a Alemania. Lo entiendo, ojo. Merkel y Schäuble se han cubierto de gloria. Lo he dicho muchas veces y lo sigo pensando: no les ha sentado bien que Grecia hiciera ejercicio de su democracia y se están ensañando con el país, aunque por delante se tengan que llevar esa Unión Europea que nació, precisamente, para evitar barbaridades como las que están teniendo lugar ahora.

Pero de ahí a hablar de una Alemania nazi o afirmar que la mayoría de la población comulga con lo que está pasando, hay un abismo. Entiendo que irse al titular facilón da más clicks, vende más y sube el “klout” con polémicas en Facebook y Twitter, pero la realidad no es tan simple.

Se habla mucho, por ejemplo, de esa encuesta según la cual el 75% de los alemanes aprueban la actuación de Merkel. Pero se habla mucho menos de la pregunta trampa que se usó en la encuesta, que decía “ha hecho Merkel un buen trabajo o cree que debería haberse echado a Grecia del euro”. La pregunta de marras convirtió #forsafragen en trending topic en Twitter, con un cachondeo y una crítica importantes hacia una pregunta que inevitablemente estaba redactada para  dar un resultado favorable al tándem Schaüble / Merkel.

Desde que se convocó el referéndum en Grecia, aquí no han dejado de sucederse las manifestaciones contra la austeridad. En la del 3 de julio incluso identificaron y arrestaron a varias personas que llevaban una pancarta en la que se leía “Alemania, pedazo de mierda”. Ayer volvieron a salir en la calle. Y mañana a las 9:00 se van a protestar al Bundestag, en lo que es un invitación abierta a recibir golpes o ser arrestados. Son los mismos alemanes que salen a la calle y triplican o cuadruplican en número a los xenófobos y antimusulmanes Pegida,  los mismos que salieron a protestar en Frankfurt contra el BCE, los mismos que casi cada semana exigen que no se limite el derecho al asilo, los mismos que hoy critican a Merkel por su falta de empatía con una niña palestina que no quiere ser deportada.

Es curioso, pero desde que Grecia convocó el referéndum, a quienes he oído escupir burradas sobre lo vagos que somos en el sur de Europa o lo bien que vivimos de las pensiones es, sobre todo, a gente que viene de países que ni siquiera están en el euro. Y las voces críticas con Merkel, cada vez son más. Hasta los medios más importantes del país, como Die Zeit, cuestionan la postura del gobierno alemán, haciéndose eco de la postura francesa y poniendo sobre la mesa lo que sabemos ya en el sur:  que el gobierno alemán de lo que tiene es miedo de que se unan todas las fuerzas políticas de los países del sur, hartas de austeridad.

Es fácil caer en la tentación de dibujar una caricatura del pueblo alemán pasada por el tamiz del nazismo… tan fácil como caer en el tópico del griego vago que no quiere trabajar porque prefiere cobrar pensiones. Pero Merkel y Schäuble representan un modelo viejo, cadudo y de geriátrico que no representa a todo el país, ni a toda Europa: lo que estamos viviendo también ahora es un choque de dos modelos, uno antiguo, rancio y bipartidista que se aferra al poder con fórmulas que ya no sirven y que se encuentra con una oposición joven, que no tiene nada que perder, y a la que no veían venir.

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Syriza, Podemos… y esa derecha rancia que huele a cadáver

Esta portada de La Razón no es un fake: me gustaría que lo fuera, porque significaría que aún hay prensa digna, que la putrefacción no ha llegado al derecho a la información,  la ética, y a todas esas grandes palabras que se usan cuando se habla de periodismo (intento ponerme también en la piel de quienes trabajan allí por necesidad pero sin convicción, lo que deben sentir al ver “eso”). Pienso también en la imagen de ese Aznar de bigote cano y abdominales de acero apelando al miedo, a la España más negra, a esa que Valle-Inclán tan bien retrató. Pienso en Rajoy y en sus hilillos de plastilina, en Mato, en Soraya, en Bárcenas… y en toda esa mierda que cuando vives en el extranjero te da vergüenza ajena que se asocie con tu país. Pero lo peor no es eso, lo peor es pensar en qué clase de país te vas a encontrar cuando vuelvas (y si vuelves, porque cuando cada vez se van más es por algo) y en el país que tienen que aguantar cada día aquellos a quienes quieres y están allí, resignados ya, porque ya se han indignado tanto que  no les queda indignación.

Y entonces piensas en las elecciones, esas elecciones que les da miedo a convocar porque saben que tendrán que levantar sus culos trajeados de la poltrona, que no podrán perder en casa ningún otro Jaguar ni podrán seguir “trabajando en ello”.  Y toca pensar: “¿qué voto?, ¿Izquierda Unida otra vez para que el método D’Hondt regale mi voto a los de siempre, para que todo siga igual cuatro, ocho, doce años más?”.

Y llega Podemos, que no me convence, como no me convence ningún partido político ni nadie que llegue arriba. Echen la culpa a haber leído a Hobbes, échenle la culpa a la edad, pero me veo incapaz de creerme que todo va a ser color rosa cuando antes de llegar al poder ya están diciendo digo donde dijeron Diego. Que yo aún recuerdo esos “Otan, de entrada no” y luego ya sabemos cómo acabó la cosa.

Y también estoy cansada de que me vendan que la culpa de todo la tiene Alemania: vamos a ver, señores, Merkel gobierna para los alemanes. Ella pide, y la culpa no es de quien pide, sino de los calzonazos que nos gobiernan, se bajan los pantalones y dicen “¿con vaselina o a pelo?”. ¡Normal que no nos respeten! ¡Normal que sigamos hundidos en la mierda! La culpa no es de Merkel, sino de todos los Rajoys y Zapateros que vienen a Berlín olvidando que se deben a los españoles en vez de a su poltrona de cuero, a su sueldo de seis cifras y a su jubilación dorada como consejeros en empresas privadas o en universidades americanas en las que da charletas con acento de protagonista de culebrón.

Y lo raro no es que los catalanes se quieran independizar: lo raro es que no quieran independizarse muchos más. A mí a veces me entran ganas de montar un referéndum y plantarme en la embajada a decir “miren, que así no, que voy a hacer un referéndum yo también”.

Y votaré a Podemos con la nariz tapada. Todo sea, como dice un amigo, que no empiecen a subvencionar películas de koljosianas. Pero al “status quo” ya me lo conozco, ya sé lo que trae, ya sé a qué nos condena. Y empezamos a necesitar gente que no se baje los pantalones.

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“It´s the economy, stupid!”

Ahora que está todo el mundo con las listas de lo mejor del año, Pew Research ha recuperado uno de sus exhaustivos (e imprescindibles) estudios sobre la percepción que algunos países tienen de temas tan dispares como la administración Obama (no sorprende que la popularidad del presidente haya caído tras las revelaciones de Snowden, aunque sí sorprende que Alemania sea el país  que más confía en él, tal vez se deba a que la última actualización es de julio) o la confianza en EE.UU. (pocas sorpresas tampoco en que Israel sea el segundo país con la opinión más favorable).

El estudio no sólo se centra en EE.UU, sino en temas como la economía global, la confianza en el euro, en la Unión Europea o en la capacidad de Angela Merkel para gestionar la crisis. Y ahí, en lo que toca a España, los resultados son demoledores: desde que comenzó la crisis, la satisfacción con el rumbo del país se ha derrumbado hasta un paupérrimo 5% (el año que se hundió Lehman Brothers, la cifra era del 50%), un  51% (lejano del casi 70% pre-crisis) define su situación financiera como buena (seguramente ahí estén esos mileuristas que continuamente deben escuchar que no se quejen que al menos tienen trabajo), sólo un 4% de la población describe como buena la situación financiera del país, ni un 25% espera que la situación mejore, más de la mitad creen que la cosa ha empeorado desde la integración económica con la UE (pese a todo, el 67% prefiere quedarse con el euro) y ni un 40% cree que Angela Merkel esté gestionando bien la crisis (aunque sin duda la escasa credibilidad de Rajoy, al que no reconocen como presidente ni en las reuniones de la Unión, tampoco ayuda). Pero lo peor, lo más triste, es que resulta difícil no comulgar con los pronósticos más agoreros.

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El Nobel de la Paz tiene retranca

Ahí están, avanzando con paso firme, uniformados, aparentemente distendidos. ¿Van a terminar con los desahucios, con los recortes en enseñanza y sanidad, van a dejar de ahogar a los ‘P.I.G.S.’ o a prohibir el uso de balas de goma en las manifestaciones? No señor, van a recoger el Nobel de la Paz, el mismo premio que ya han dado a figuras ilustres como Obama o Kissinger, por mentar sólo a un par de ellos. ¿Que se han cargado la paz social? ¡No importa, claro que no! Todo para el pueblo, dicen. “Vamos a salir de ésta“, afirma Van Rompuy: saldrás tú, fijo, que tu hipoteca debe estar más que pagada, tu fondo de pensiones más que asegurado y tu sueldo será más que digno. Eso se lo dices al grueso de la población europea, a ésa que está en paro, o que no llega a fin de mes, a la que echan de su casa o a quien pierde incluso la vista luchando por sus derechos. Que vayan a las tumbas de quienes se han suicidado, asfixiados por esta crisis en la que los mismos que recogen el Nobel se agachan y doblegan ante sus responsables, y lo escriban sobre sus lápidas, a ver si les devuelven la vida.

Recogen el premio y miran a otro lado, como ha hecho siempre el poder. Da igual que se manifiesten contra ese premio: no les duelen prendas. Por una vez, los 17 de acuerdo. Ni uno ha dicho “no lo acepto, no lo merecemos”. Contentos estarán. Y todavía dormirán a gusto.

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PIGS

PIGS: así es como nos llaman a Portugal, Italia, Grecia y España en la Unión Europea. ¿Por qué? Porque somos los países con mayor riesgo para la zona euro. Y claro, hay que salvar el euro al precio que sea, independientemente de que millones de ciudadanos corrientes mueran en el intento.

Hoy mismo Der Spiegel titulaba que los “bancos alemanes acceden a dar billones para aliviar la deuda griega”. ¡Cuánta generosidad! ¿No será, como el mismo artículo indica, una maniobra para “evitar el colapso de todo el sistema” financiero de la Unión Europea? ¿Y por qué no dicen que en vez de repartir billones se los prestan con un tipo de interés altísimo y humano, para más inri?

El mismo diario se hace eco de los disturbios en Atenas: “alivio en el extranjero, disturbios en Atenas”. ¿Alguien realmente esperaba que los griegos se quedaran en casa calladitos? Basta con echar un vistazo a las severas medidas que se piden al país helénico para comprender que la gente se niegue a pasar por el aro así como así. Cada vez que veo a Merkel y Sarkozy sonriendo ante las cámaras no puedo evitar pensar que sí, que para ellos somos como los cerdos: se aprovecha todo. ¿O es que entramos en la Unión Europea de rositas? No. Para poder ingresar hubo que hacer muchos ajustes económicos. Con la entrada del euro igualamos nuestros precios al resto de la Unión Europea, pero no los sueldos. Desde entonces se viven dos realidades bien distintas: la de los políticos, que van a lo suyo, y la de los ciudadanos, a los que no se pide más que sacrificios y apretarse (aún más) el cinturón.

Tal vez nada de lo que hoy sucede nos sorprendería si repasáramos la historia y recordáramos que la UE surge tras la evolución de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) a la CEE (Comunidad Económica Europea). En todo momento se habla de economía, jamás de política, y no es hasta recientemente cuando se habla de “unión”. Pero claro, para entender que esa unión seguía basándose en la economía, también hace falta haber leído la Constitución Europea, que pese a su brevedad, casi nadie leyó y menos aún votó. Sí, efectivamente, toda la Constitución Europea gira en torno al dinero.

¿Cuántos saben que una directiva aprobada en Bruselas tiene más valor que cualquier constitución o ley de los estados miembros y que es de obligado cumplimiento? ¿Cuántos saben que si dicha directiva no se adopta en un país miembro entra en vigor “a la fuerza”?

Nos quejamos de los políticos, sí, pero tal vez debiéramos quejarnos también ante Bruselas. Porque de aquellos polvos vienen estos lodos.

Y conste que quien firma esto fue hace años una ferviente europeísta.