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Entrevistas sin adulterar

De lo que da de sí una entrevista a lo que se publica, a veces va un mundo: casi siempre por cuestiones de espacio, las entrevistas quedan reducida a la mínima expresión. Con internet eso ha mejorado algo, pero no del todo, porque nadie está por la labor de leer tochos por entregas online y a poco que una entrevista dure media hora, eso se traduce en un par de paginas de transcripción literal.

Tengo unas cuantas entrevistas digitalizadas que jamás se llegaron a publicar íntegras, ya fuera por el dichoso espacio o porque se trataba de ruedas de prensa, y muchas de ellas las hice para medios ya desaparecidos o que se han transformado tan radicalmente que ni conservan los artículos que se publicaron allí hace poco más de un lustro, así que en mi cuenta de Soundcloud podréis ir encontrando poco a poco, sin cortes ni censura, unas cuantas entrevistas y ruedas de prensa tal y como se hicieron.

 

De momento ya se pueden escuchar la masterclass de Los Planetas con Diego Manrique en la RBMA de Madrid, una rueda de prensa de Malcolm McLaren en la que decía cosas como que su abuela la recomendaba llevar tapones a los oídos a la escuela para que no le lavasen el cerebro, una entrevista de Lindsay Kemp en la que sí, claro, habla de Bowie, pero también de su amor por España y por el arte o la subida más reciente, una rueda de prensa de Marianne Faithfull en la que se queja de que le sigan preguntando por Mick Jagger como si no hubiera hecho nada más con su vida.

 

Próximamente, más.

 

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El feminismo vende

El feminismo vende: ahí está Lena Dunham, por ejemplo, que con su newsletter ha logrado 400.000 suscriptores en medio año y un índice de apertura del 65% (vamos, que no termina en la papelera sin abrir). No sólo eso: el contenido de Lenny acaba copando incluso los titulares de la prensa generalista, como pasó con la carta abierta de Jennifer Lawrence sobre la brecha salarial en Hollywood.

Después de años de letargo, en que parecía que escribir de según qué temas estaba fuera de lugar (¿pero por qué eres feminista, si ya hay igualdad?, es la pregunta más estúpida que he aguantado durante años… y los que me quedan), de repente hay un boom de hablar y abordar el feminismo. Pero aún estamos a años luz de lo que deberíamos tener. Habrá a quien le parezca que se habla mucho del tema, pero aún estamos rodeados de mierda. Según un estudio de 2010, el 46% de las historias que se escribían sobre mujeres sólo reforzaban los esterotipos de siempre. En 2015 las cosas no eran mucho mejores (este estudio tiene más de 100 páginas, pero ya en el índice salen datos incómodos sobre los medios en EE.UU.). O la brecha salarial entre hombres y mujeres, que en un país como Alemania es del 21.6% (sólo superada por Estonia y Austria).

En los últimos años los medios se han dado cuenta de que el feminismo vende, y ya sea por verdadero interés o por no quedarse al remolque de los clicks que podrían pillar, cada vez hay más contenidos sobre el tema. A los segundos, a los que van a por el click, se les caza inmediatamente, porque suelen caer en el «mansplaining»: hombres que no sabrían ni cómo usar un tampón, que nunca han sufrido discriminación salarial o a los que jamás han preguntado en  cuándo piensan tener hijos se empeñan en opinar de feminismo, en explicárnoslo y peor aún, en criticarlo, porque ellos lo valen, claro, porque es lo que han estado haciendo toda la vida, dominar la conversación, la agenda… y no van a perder su privilegio ahora, así tengan que descalificar a la mujer de turno, acusarnos de feminazis o sacarse de la manga un homenaje rancio. Y esta semana, toca todo eso. Hay medios que hacen una labor diaria de denuncia de la desigualdad, pero hay otros que sólo se acuerdan esta semana, porque toca pillar clicks, mejorar el posicionamiento SEO y viralizarse en las redes sociales. Medios que reproducen los peores clichés a diario, que reducen la presencia de la mujer a la sección de bazares cosméticos o cuyas plantillas apestan a testosterona sacarán esta semana su columnita o reportajito de rigor, no sea que los tilden de machistas. Y habrá hombres explicándonos lo difícil que es ser mujer, lo reivindicable que es X o Z, o lo horrorosas que son Y y W o peor aún, lo feminazis que somos y cuánto sacamos las cosas de quicio. Y mientras esos medios que nunca se acuerdan de nosotras y en cuyos titulares las mujeres «aparecen muertas» y no son asesinadas o dan cabida a hombres que hacen uso de su privilegio y les pagan por columnas en las que se limitan al «mansplaining», las que tenemos que luchar a diario contra el techo de cristal somos nosotras.

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Las prisas por dar la exclusiva

Hay que ser los primeros, tuitear una noticia antes que nadie, ir a saco a por los retuits, los favs, los titulares y los clics, aunque sea a costa de difundir información falsa. ¿Que el Bild  -el diario más sensacionalista  y menos riguroso de Alemania- dice que se ha encontrado una ambulancia cargada de explosivos en Hannover y que buscan a un médico a la fuga? A traducir, a tuitear, a apropiarse la información.

¿Qué hay rumores no verificados de un plan para atentar contra La Defence? Avisa al becario y que saque una nota rápida, no sea que luego sea verdad  y haya perdido posicionamiento.

Y yo también la he cagado, por supuesto, pero no estamos hablando de asuntos triviales ni del último meme de internet, sino de atentados que generan alarma social.  Hemos pasado del “no dejes que la realidad estropee una buena historia” a “no dejes que el rigor te joda una última hora”. Y así nos va.

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El coste de las fronteras

El lunes se publicaba que Alemania destinará 6 billones de euros en ayudas para los refugiados. Se ha hablado también de la ayuda de 6.000 euros por refugiado que dará la Unión Europea a los países que acojan a personas que huyen de la guerra. Cada vez que sale una noticia como ésta, sobre todo en España, en seguida hay quienes se echan las manos en la cabeza hablando del gasto que supone y dando rienda suelta a la xenofobia (como si miles de personas no hubieran tenido que huir de España hace sólo dos generaciones).

Sin embargo, se habla mucho menos de los millones que se gastan en levantar fronteras, deportar personas, armar guardias fronterizas… The Migrant Files recoge lo que se gastó la Unión Europea el pasado año, antes de que se hablara de crisis de refugiados, en impedir que quienes huyen de la guerra y el hambre llegasen a Europa. La valla de Melilla, por ejemplo, costó 47 millones de euros. Las deportaciones, 11.3000 millones de euros. Y los datos no están completos, porque Nicolas Kayser-Bril, uno de los creadores del proyecto, explicaba hace poco en una conferencia que los gobiernos no se muestran precisamente dispuestos a revelar el coste que tiene levantar y mantener vigiladas las fronteras.

Journalism++ también se empeñaron en 2014 en elaborar un censo de emigrantes muertos tratando de llegar a Europa, y la tarea tampoco resultó sencilla, porque la coordinación de la Unión  Europea a la hora de contabilizar víctimas no era ni de lejos la misma que había para coordinar fronteras.

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(Des)información digital

Nada nuevo ni que sorprenda, sobre todo si tenemos en cuenta que el obituario prematuro es de gatillo fácil en Twitter. Pero la lucha por la exclusiva, la primicia y el click a menudo aporta sólo ruido y desinformación.

Poynter (un observatorio de medios que cualquiera que se interese mínimamente en el periodismo debería seguir) señala que sólo en 2014 se escribieron más 1.500 artículos sobre 100 rumores (y eso que no conocen las tertulias del corazón de España, que entonces ya ese número se cuadruplica). Incluso cuando en el artículo en cuestión se menciona que se trata de un rumor, hay quien se lo toma como política de hechos consumados. Y lo que más grave: que se escribe la historia antes incluso de verificarla (volvemos a los obituarios de gatillo fácil).

La verdad es que el estudio poca cosa me ha descubierto (hace años que la cosa va de tonto el último en dar la noticia), pero sí me ha servido para conocer la existencia de Emergent, una web en la que comprobar si las noticias que circulan por ahí y que todos compartimos (entono el mea culpa) son o no ciertas. ¿La última que me han colado? La de que la prometida de Charles Manson sólo quería casarse con él para poder exhibir su cadáver en el futuro: exacto, aún sin verificar.

periodismo

Tenemos los medios que leemos

lomásleído

Llevo varios días escuchando la misma queja: lo mal que están los medios de comunicación. Y entonces me pregunto: ¿no será que tenemos lo que leemos y consumimos? Basta echar un vistazo a las noticias más leídas de El Mundo ahora mismo (en la foto), se puede hacer con cualquier diario: viñetas de humor, sensacionalismo, sexo… Lo explicaba también hace poco Rubén Regalado a propósito del especial que emitió La Sexta sobre Siria: sólo un 4% de audiencia, una cifra irrisoria al lado de la de otros programas, y que desde luego, no fue Trending Topic.

Seamos realistas: casi nadie paga por ver la tele o leer prensa, y en los medios trabaja gente con la mala costumbre de comer, así que mientras los lectores prefieran ver gif de gatos y fotos de alfombra roja, los medios se los tendrán que dar (a menos que un millonario ponga su dinero detrás, pero Bezos sólo hay uno y de momento Carlos Slim no parece interesado en comprar periódico alguno). Es la única forma de que aumenten las audiencias, y a mayor audiencia, nada nuevo tampoco, más caro se paga el anuncio (que se lo pregunten a los que cada año deciden poner su spot justo después de las campanadas de Año Nuevo). Y como el anunciante paga, luego no puede uno llevarse las manos a la cabeza si un medio no critica a la industria textil española que también fabrica en Bangladesh o si se pone por las nubes la película de la distribuidora que paga una contraportada de publicidad.

¿Que los medios son criticables? Por supuesto. Yo también los miro con lupa. Pero a veces habría que hacer autocrítica y preguntarse si realmente tenemos los medios que queremos o los que realmente vemos y leemos.

fotografía periodismo sociedad

Realidad vs. titulares

Que la realidad no te estropee un buen titular, que suele decirse. Y a falta de fact-checkers y con el cuento de que una imagen vale más que mil palabras, basta una foto sacada de contexto, un pie de foto tendencioso (a veces ni eso) y unos cuantos retuits para convertir mentiras en verdades incuestionables. Y pobre del que ose discutirlo. Pasaba hace unos días con la foto de las periodistas iraníes sentadas en el suelo por falta de espacio (el comunicado se tuiteaba casi de pasada y de tapadillo), sigue pasando con la imagen del pobre indígena que llora porque su tribu pierde sus tierras a causa de la construcción de una hidroeléctrica (el reportaje fotográfico completo y la verdadera explicación, aquí) y sucede hoy con la familia de Will Smith horrorizada por la actuación de Miley Cyrus… ¿o era  Lady Gaga?

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El periodismo según Gay Talese

Muchas veces, la mejor lección de periodismo es leer a uno de los grandes reporteros: sus obras hacen las veces de lecciones magistrales. Es el caso de la ‘Vida de un escritor‘ de Gay Talese, que lejos de ser una autobiografía al uso (el título, sin duda, lleva a engaño) es una detallada cuenta de cómo ha preparado algunas de sus obras y reportajes, del laborioso proceso de documentación que hay tras cada artículo y, sobre todo, de una idea que a veces parece estar pasada de moda pero que no debiéramos olvidar nunca: el periodista ni es ni debe ser el protagonista de  la historia/reportaje/entrevista.

Ahora que se reivindica tanto el «slow journalism«, se me ocurren pocos representantes mejores del mismo que Gay Talese.

música periodismo

¿Se usa un baremo distinto al reseñar música española?

Hace poco, hablando con un amigo de un grupo nuevo, me decía «no están mal para ser españoles». Surgió entonces la pregunta: ¿somos más laxos a la hora de reseñar un disco español? ¿Pasamos por alto en grupos de aquí cosas que no perdonaríamos en un grupo extranjero? Es algo que me llevo preguntando años: si un grupo de aquí, por ejemplo, copia un riff de Los Ramones o de MC5, se suele decir que cómo mola su rollo rockero. Si lo hace un grupo británico, estamos ante unos revisionistas que no aportan nada nuevo. Entiendo que hay que apoyar la escena, ¿pero entonces por qué apenas se apoya a algunos grupos del underground que realmente hacen alg innovador y válido y se sigue mimando a los grupos y sellos de siempre hagan lo que hagan? ¿Por qué a veces tengo la sensación de que algunos grupos que cosechan sobresalientes en la prensa musical española no recibirían ni un aprobado raspado en la prensa extranjera? Evidentemente, muchos discos reciben merecidas y buenas reseñas, pero me da la sensación de que otros son medidos con una vara distinta. Y si es así, ¿se apoya a la escena de esa forma, o se la perjudica a largo plazo? No tengo respuestas, la verdad, son preguntas que me hago a menudo.

Eso sí, estamos en un país tan cainista que cuando un grupo o artista hace las cosas tan bien que lo peta fuera, aquí nos dedicamos a echarle mierda. Y así nos va.

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Audiencias y periodismo: ¿compatibles o irreconciliables?

Decía el otro día Gumersindo Lafuente en una entrevista para Jot Down que por primera vez son las audiencias las que controlan a los periodistas. En realidad creo que esto ya era así hace años en televisión, la novedad es que ahora se da también en la prensa digital… y sinceramente, no sé hasta qué punto es bueno. Es evidente que hay que tener en cuenta a la audiencia, pero no creo que sea buena idea doblegarse únicamente a ella.

Me explico: si entro ahora mismo a la portada de El País, por poner un ejemplo, veo que lo más leído son las aberrantes declaraciones de Castelao, el relato de Yoani Sánhez sobre su detención y un reportaje sobre el romance de Sergio Ramos y Pilar Rubio. Tres noticias con un toque de sordidez, morbo, sensacionalismo o amarillismo, ya sea por el tema o por el titular elegido. Entre lo más leído, ni rastros de las elecciones en Venezuela, ni de las manifestaciones contra los recortes, por poner dos ejemplos, y se trata de noticias necesarias, que aunque no tengan tantas visitas como un affaire entre una presentadora de TV y un jugador de fútbol son sin duda mucho más trascendentes.

¿Qué pasaría y cuál sería el futuro de la prensa si únicamente se tuvieran en cuenta los contenidos que la audiencia consume de forma masiva? ¿Es la audiencia la que elige el medio o el medio el que se adapta a la misma? ¿Y qué audiencia busca un medio? ¿Una coyuntural u otra fiel? ¿Puede la audiencia cambiar la orientación de un medio, la información que da, las noticias que cubre? ¿Es bueno, malo, regular? ¿O sólo otro síntoma de la crisis del periodismo? No tengo las respuestas, no soy un gurú, ni quiero serlo, pero creo que no es incompatible calidad con audiencia. A lo mejor soy una ingenua, pero creo que hay programas y medios que me dan la razón: ‘Al rojo vivo’, sin ir más lejos. Calidad y audiencia no deberían ser incompatibles, no.