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PIGS

PIGS: así es como nos llaman a Portugal, Italia, Grecia y España en la Unión Europea. ¿Por qué? Porque somos los países con mayor riesgo para la zona euro. Y claro, hay que salvar el euro al precio que sea, independientemente de que millones de ciudadanos corrientes mueran en el intento.

Hoy mismo Der Spiegel titulaba que los “bancos alemanes acceden a dar billones para aliviar la deuda griega”. ¡Cuánta generosidad! ¿No será, como el mismo artículo indica, una maniobra para “evitar el colapso de todo el sistema” financiero de la Unión Europea? ¿Y por qué no dicen que en vez de repartir billones se los prestan con un tipo de interés altísimo y humano, para más inri?

El mismo diario se hace eco de los disturbios en Atenas: “alivio en el extranjero, disturbios en Atenas”. ¿Alguien realmente esperaba que los griegos se quedaran en casa calladitos? Basta con echar un vistazo a las severas medidas que se piden al país helénico para comprender que la gente se niegue a pasar por el aro así como así. Cada vez que veo a Merkel y Sarkozy sonriendo ante las cámaras no puedo evitar pensar que sí, que para ellos somos como los cerdos: se aprovecha todo. ¿O es que entramos en la Unión Europea de rositas? No. Para poder ingresar hubo que hacer muchos ajustes económicos. Con la entrada del euro igualamos nuestros precios al resto de la Unión Europea, pero no los sueldos. Desde entonces se viven dos realidades bien distintas: la de los políticos, que van a lo suyo, y la de los ciudadanos, a los que no se pide más que sacrificios y apretarse (aún más) el cinturón.

Tal vez nada de lo que hoy sucede nos sorprendería si repasáramos la historia y recordáramos que la UE surge tras la evolución de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) a la CEE (Comunidad Económica Europea). En todo momento se habla de economía, jamás de política, y no es hasta recientemente cuando se habla de “unión”. Pero claro, para entender que esa unión seguía basándose en la economía, también hace falta haber leído la Constitución Europea, que pese a su brevedad, casi nadie leyó y menos aún votó. Sí, efectivamente, toda la Constitución Europea gira en torno al dinero.

¿Cuántos saben que una directiva aprobada en Bruselas tiene más valor que cualquier constitución o ley de los estados miembros y que es de obligado cumplimiento? ¿Cuántos saben que si dicha directiva no se adopta en un país miembro entra en vigor “a la fuerza”?

Nos quejamos de los políticos, sí, pero tal vez debiéramos quejarnos también ante Bruselas. Porque de aquellos polvos vienen estos lodos.

Y conste que quien firma esto fue hace años una ferviente europeísta.

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#19JMadrid

Ya ha comenzado el habitual baile de cifras: entre 37.742 (contados uno a uno) o 150.000 (sólo en Barcelona, 100.000 personas: molt bè). Yo no sé contar manifestantes, pero sí puedo comparar, y la de ayer fue una de las manifestaciones más multitudinarias que recuerdo.

Pese a la hora y el calor (convocar una manifestación a las 14:00 a finales de junio es delirante), la gente salió a la calle en masa. Y ya está bien de clichés: ni perroflautas ni “sediciosos” (como ha apuntado algún medio que prefiero no recordar). Había gente de todas las edades y condiciones porque el pacto del Euro, ése del que los políticos no quieren hablar, nos afecta a todos. Porque como gritaban algunos manifestantes con las llaves en alto “estas son las llaves de casa de mis padres”.

Las consignas que más se escucharon: “lo llaman democracia y no lo es”, “si no hay solución habrá revolución”, “vuestra crisis no la pagamos” y mucho gritos y llamamientos a una huelga general que parece estar más cerca que nunca, al margen de sindicatos de todo tipo y pelaje: ése, precisamente, podría ser su mayor éxito.

También se escucharon lemas y consignas trasnochadas que habría que cambiar o aparcar, porque tenían sentido en otro tipo de manifestaciones, pero en estas no.

La manifestación fue tranquila, sin incidentes, con carácter festivo y jovial, con gente respetuosa…

Lo único que no me gustó: los pitidos y abucheos a la prensa. Yo también soy periodista, yo también estoy indignada, y mis compañeros tienen todo el derecho del mundo a hacer su trabajo. Sí, hay medios manipuladores, pero son una minoría. Y no podemos (ni debemos) olvidar que sin los medios esta revolución no tendría tanto calado. ¿O es que todos los abuelos que se manifestaban ayer tienen Twitter o internet y son ciudadanos digitales nativos? El periodista que está a pie de calle, no lo olvidemos, no es el mejor pagado, ni el que toma las decisiones, ni el que manda. Hablad con cualquier periodista: a todos nos han cambiado un titular, un enfoque o nos han vetado algún reportaje. Así que no estaría de más separar el grano de la paja en las próximas convocatorias y dejar de insultar a toda la prensa.

Tras este receso, volvemos a la manifestación: llegar a las Cortes fue misión imposible, aunque se intentó. Todos los accesos estaban cortados por agentes antidisturbios. Se respetaron los cortes, nadie amagó con acercarse al Congreso y la cosa quedó en una sentada frente a las vallas colocadas por la policía. Una sentada pacífica que no tuvo tanto seguimiento como la manifestación.

Al caer la noche, la actividad seguía en Sol con una asamblea.

¿Próxima parada? El 23 de julio, cuando las marchas que hoy han partido de toda España lleguen a Madrid.