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Babylon Berlin y otras obsesiones

Lo único que he hecho este fin de semana, además de toser como si no hubiera mañana, es ver Babylon Berlin, la serie alemana basada en las novelas policíacas de Volker Kutscher. La serie se ha financiado, en buena parte, con ese impuesto de 52 euros trimestrales que tenemos que pagar quienes vivimos aquí tengamos o no tele para garantizar la independencia de la televisión pública (ése, al menos en teoría, es el motivo del impuesto, si se cumple, es algo que no puedo juzgar). Y como en Alemania con el dinero no se juega, ahora se puede ver de forma gratuita en el país (en el resto del mundo se  puede ver en plataformas de pago) e incluso algunos cines están haciendo proyecciones de la serie: y sí, efectivamente, se ha convertido en el fenómeno de la temporada aquí en Berlín. A mí esta serie me habría gustado viviendo aquí o no, porque tiene algunas de las cosas que más me interesa: Berlín, los años 20, buena música (hasta se han marcado una playlist en Spotify con los temas de la serie)… pero además, viviendo aquí, es fascinante reconocer muchos de los sitios en los que están rodados los interiores (el Delphi, la Komische Oper) o «ver» el aspecto que tenía Berlín antes de la guerra. A quien le guste la serie, no puedo dejar de recomendarle que lea Voluptuous Panic, de Mel Gordon.

Pero este mes, además, hay otras cuantas cosas que me tienen enganchada, para todos los gustos. Paso a enumerar:

En el apartado autobombo, yo sigo subiendo mis «entrevistas sin adulterar» a Soundcloud (pero como no estoy por la labor de hacerme cuenta pro, según vaya subiendo irán desapareciendo las más antiguas, así que iré poco a poco) y el próximo 29 de octubre sale Tour Vértigo en Libros Walden. Pero de eso ya escribiré más adelante, antes de que llegue el disco nuevo de Rosalía y me olvide de casi todo lo demás.

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Lo que no se ha dicho del beso de Madonna a Drake

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Desde que Madonna besó a Drake en Coachella no hago más que leer tonterías y aguantar troleadas vía Whatsapp: que si es el beso de la muerte, que si Madonna le chupa la energía, que si es una «attention whore» (¿os dais cuenta ahora?, ¿os creéis de verdad que no estaba todo preparadísimo por ambas partes?)), que si Madonna debería ir al geriátrico, que si debería retirarse… Y no he leído aún a nadie quejarse del machismo. Pero a nadie.

Hace dos años, cuando Nick Cave se restregaba contra cualquier fan que estuviera cerca en sus conciertos, nadie lo llamó sátiro ni viejo verde (porque las cosas como son, Nick Cave hace 30 años perfecto, pero ahora, ni con injerto de pelo «made in Turkey», que si en vez de Cave se apellidara Rodríguez no os cuento lo Landa que nos parecería). Y como Cave, ejemplos de hombres sexagenarios persiguiendo adolescentes los hay a cientos. El caso contrario se da menos, y cuando se da, roza el esperpento (Marujita Díaz, Sara Montiel…). Pero héte aquí que Madonna está mejor que muchas mujeres de 50 y de 40 incluso (a excepción de esas manos por cuyas venas parecen correr anabolizantes) y sigue haciendo lo mismo que hacía a los 20: básicamente, lo que le da la gana. Y claro, eso jode. Estoy harta ya de leer que «a su edad…». A su edad: esa muletilla con la que hay implícito un retírate, quédate en casa y hazte formal. Eso es machismo. Eso no se lo han dicho a ningún hombre mayor  que hiciera de su capa un sayo. Nunca. Pero si eres mujer, pasada cierta edad, la falda por debajo de la rodilla, el escote tapado, y nada de dar pie a habladurías. Muy «la mujer en casa y con la pata quebrada» todo esto. Como si el feminismo no consistiera en poder elegir en vez de atenerse a lo que mandan los cánones (cánones impuestos, por si a alguien se le olvida, por una sociedad dirigida por hombres blancos heterosexuales).

Y lo del acoso…. tampoco cuela. Drake bien que se quiere agarrar a Madonna al principio (basta ver el vídeo), pero es ella la que impone las reglas y le aparta. Yo creo que le pegó un mordisco, con toda la intención, y de ahí su cara de espanto. Por lo demás, bien que se ríe. Y  claro, del beso a Britney y Christina Aguilera nadie dijo nada, porque dos mujeres besándose es la fantasía húmeda de todo hombre hetero, claro, que si no, ya habrían saltado hace años también. Pero vamos, que al próximo que me diga que Nick Cave frotándose contra  fans que podrían ser sus hijas bien y Madonna mal besando a Drake (que podría sacudírsela de encima y dejarla rota con un solo brazo) le voy a echar una mirada que le va a dejar una expresión que ni la cara del canadiense. He dicho.

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«20.000 days on Earth»: una elegía

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A priori, «20.000 days on Earth» suena un poco a paja mental: una película en tono documental escrita por Nick Cave, protagonizada por Nick Cave, con música de Nick Cave y sobre Nick Cave. Vamos, que si no te gusta Nick Cave, para qué vas a ver una cinta que parte de una premisa totalmente autocomplaciente, amable y hasta egocéntrica…  Pero no, resulta que la cosa va un poco más allá.

Es cierto que la cara que se ofrece de Cave es más bien amable y que pasa de puntillas por los temas más espinosos (impagable esa escena con Blixa, en plan amante despechado, con una tensión que bien puede ser impostada o absolutamente real) o los toca desde la anécdota o en clave de humor (como lo de su rutina yonki misa-chute), pero de forma seguramente premeditada, a medida que avanza la película ésta se va convirtiendo en una reflexión sobre la memoria, la vejez (el final, con las imágenes de un Cave jovencísimo intercaladas en fogonazos entre otras de una actuación reciente y una reflexión que no por manida deja de ser menos cierta: más vale arrepentirse de lo que se hace que dejar que la vida pase de puntillas.

Y sales del cine y piensas que lo último que te apetece es coger el tranvía y ver a un montón de gente que sólo mira la pantalla de su móvil, estando sin estar, así que te adentras en la espesa niebla y caminas a casa por esas calles ya vacías, aunque tardes más en llegar y el frío empiece esté llamando a la puerta, porque sabes que al menos ese momento no se convertirá en otro rutinario y alienante viaje.

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Marianne Faithfull

Hoy recupero una rueda de prensa que dio Marianne Faithfull en 2007: iba a actuar esa misma noche en el Círculo de Bellas Artes y pese al tremendo catarro que tenía, no canceló el concierto ni la cita con los periodistas. Lo único que pidió es que los fotógrafos la respetaran mientras se retocaba el maquillaje antes de comenzar. Como no la hiceron caso, dio tres taconazos secos contra el parqué añejo del Círculo. Bastó ese gesto para que los ‘foteros’ se echaran atrás. En cuanto terminó de arreglarse, posó para los fotógrafos, sonrió y a continuación se enfrentó a unos periodistas que una vez más le recordaron su pasado como «novia de Mick Jagger». Cansada de la coleta fácil y la pregunta gastada, respondió que seguro que nadie se atreve a referirse a Jagger como «el ex novio de Marianne Faithfull». Pero que nadie se llame a engaño: Marianne derrochó simpatía y demostró que se ha ganado un nombre por sí misma.

En la rueda de prensa también aprovechó para hablar de ‘Sister Morphine‘ (cuya autoría no se le reconoció hasta hace poco), de sus colaboraciones con Nick Cave y PJ Harvey y de su participación en la ‘María Antonieta‘ de Coppola y hasta de cómo ve la industria musical a día de hoy.

Aquí se puede escuchar la rueda de prensa, en inglés y con traducción simultánea en castellano.