
Decir que hay pocos grupos que hayan cambiado el curso de la historia musical como lo hicieron los Beatles es una obviedad, lo sé. Pero es lo que hay. Por eso recibí como una gran noticia el documental de Scorsese sobre George Harrison. Mi beatle favorito es John Lennon: su vida da para decenas de documentales en los que siempre se puede descubrir algo nuevo.
Reconozco que la figura de George Harrison nunca me ha atraído especialmente. El rollo ‘hare hare’ que se traía me aburría soberanamente, y su gran aportación musical tras los Beatles es haber compuesto, como digo yo, ‘música de catequesis’. Pero como rectificar es de sabios, decidí que si Scorsese no me ayudaba a cambiar la imagen que tenía de Harrison, nadie lo conseguiría. Y lo cierto es que Scorsese ha realizado un gran trabajo, casi de orfebrería, montando viejas grabaciones de los Beatles, declaraciones y entrevistas con el círculo más cercano de Harrison (bucear en todo el material audiovisual que se puso a su disposición tuvo que ser una labor titánica).
El resultado es un documental biográfico, estrictamente cronológico, en el que el espectador sigue los primeros pasos de George Harrison con los Beatles hasta sus andanzas en solitario, su amistad con Ravi Shankar y su búsqueda de la espiritualidad (una de sus grandes obsesiones era prepararse para ‘abandonar su cuerpo’ convenientemente el día que le llegara la muerte). Scorsese se centra casi exclusivamente en su obra, y poco es lo que se deja adivinar de su personalidad: salvo su obsesión con acercarse a Dios y aprender a vivir al margen de lo material, poco es lo que se cuenta sobre Harrison como persona. Quienes hablan de él tienden al halago continuo y aportan anécdotas no demasiado reveladoras sobre su forma de ser. Pero lo que busca Scorsese no es tanto documentar su personalidad, como su obra, algo que consigue con creces reivindicando la importancia que tuvo en los Beatles.
El documental se divide en dos partes: la que se centra en su carrera dentro de los ‘fab four’ y la que indaga en sus aventuras en solitario. Mientras que las dos primeras horas pasan casi volando, las dos siguientes se hacen un poco pesadas: se confirman mis teorías de la visión gris y ‘hare hare’ de Harrison, que para mí no tienen demasiado interés, pero que pueden fascinar a sus fans acérrimos, no lo negaré.
En todo caso es interesante, y un documento más para comprender la historia de uno de los grupos más importantes del siglo XX.