
Yo no tenía MTV. Tampoco la tenían mis amigas. No la vi por primera vez hasta que fui a EE.UU. Recuerdo que mi hermana y yo nos quedamos pegadas a la tele, y no queríamos irnos de la habitación, ” a ver qué vídeo ponían ahora”. Mis padres nos sacaron de allí a regañadientes. Pero en los 80, afortunadamante, en España había programas de música: los suficientes como para poder pasar unas horas pendiente del próximo vídeo que pondrían. Por éso no me ha costado trabajo sumergirme en la lectura de ‘I want my MTV‘ y visualizar mentalmente todos los vídeos de los que hablan. Después de todo, pertenezco a esa generación que creció viendo vídeos musicales, que se asustó viendo ‘Thriller‘ (me consuela leer que Cee Lo también salió despavorido de la habitación), que vivió el escándalo del ‘Like a prayer‘ y que canturreaba el ‘Video killed the radio star‘.
El libro de Craig Mark y Rob Tannenbaum, pese a todo, no es un relato nostálgico al más puro estilo “cualquier tiempo pasado fue mejor”, sino una historia oral y muy bien documentada sobre cómo era por dentro la MTV, cómo cambió la industria musical y cómo lanzó las carreras de músicos y directores. Ojo, que tampoco es una hagiografía: no faltan los detalles escabrosos, claro, pero lo más chocante es descubrir el racismo y sexismo que había tras ese canal de televisión que aparentemente lideraba la vanguardia: se negaron a emitir vídeos de Michael Jackson hasta que no se vieron entre la espada y la pared, ningunearon el rap hasta que descubrieron que era rentable y rechazaron entrevistar a Don Letts cuando se presentó en la cadena y descubrieron que era negro. Que las mujeres de los videoclips de los 80 no tenían más papel que el de lucir palmito y lencería es algo que salta a la vista, pero dentro de la cadena el machismo también campaba a sus anchas… junto a la homofobia. Unos mirlos blancos, en definitiva, cuyos excesos a menudos superaban los que se atribuían a las estrellas de rock pero que cambiaron la forma en que se presentaba la música y que en última instancia tenían poder para lanzar o arruinar una carrera.
Marks y Tannenbaum hacen un análisis que trasciende lo meramente musical a través de las declaraciones de trabajadores de la MTV, músicos y directores que pudieron abrirse camino en el cine gracias a los videoclips (David Fincher es un buen ejemplo). Fechan el fin de la MTV a principios de los 90, con la llegada de los anti-vídeos de Nirvana y Pearl Jam y la decisión de la cadena de apostar por los ‘realities’ que, a día de hoy, siguen ocupando la mayor parte de su parrilla. Pero tampoco reivindican la vuelta del pasado: en la era de YouTube, es uno quien elige lo que ve y cuándo lo ve. Y no nos engañemos, casi todos buscamos vídeos antiguos.

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