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Las ‘sombras’ de Cassavetes

Shadows‘ es la más atípica de las películas de Cassavetes: rodada mediante la improvisación, y a través de varias historias que se cruzan como en una cinta de Robert Altmana, cuenta cómo una joven es abandonada por su novio en cuanto se entera de que ella es negra.

El tema de la mujer negra que parece blanca y que es despechada cuando se conoce su verdadero color de piel no es nuevo. Tanto ‘La esclava libre‘, como ‘El árbol de la vida‘ (con Elizabeth Taylor) y el dramón que es ‘Imitación a la vida‘ se hacen eco de ese problema, pero la forma en que lo hace ‘Sombras’ es radicalmente original: no lo hace de forma melodramática ni con grandes recursos, como las películas anteriores, sino de forma casi tangencial, como un problema más de los que tiene que hacer frente los protagonistas. Cassavetes retrata además a ese sector de la sociedad que acepta la negritud dentro del mundo de la música, como entretenedores, que no como personas.

Pero lo realmente llamativo de la película es todo el espíritu ‘beatnik’ del que está imbuida, como si Cassavetes estuviera llevando al cine un capítulo de ‘En la carretera‘ de Kerouac o como si el guión fuera una obra de free jazz. Aunque ya había visto buena parte de la filmografía de Cassavetes, este planteamiento formal me cogió por sorpresa… y me fascinó. La película se puede ver en Filmin. La recomiendo encarecidamente.

literatura

‘Crezco': ¿novela generacional?

Me ha sorprendido, y muy gratamente, ‘Crezco’, la novela de Ben Brooks publicada en España por Blackie Books.

Cada generación tiene sus novelistas y cronistas: no siempre acertados, pero ahí están. Y a la generación que está entre los 15 y 25 años parece que le faltaba un autor con el que identificarse. Está bien leer los clásicos (‘El guardián entre el centeno’, ‘La senda del perdedor‘, ‘On the road’…), pero entiendo que un adolescente necesite una novela que vaya más allá y que refleje su forma de vida: por más que algunas inquietudes no hayan cambiado demasiado en las últimas décadas, está claro que las formas de ocio y de comunicarse sí lo han hecho. En ‘Crezco’, por ejemplo, hay problemas comunicativos impensables hace sólo unos años: chats de Facebook, vídeos que se propagan por YouTube a pesar de algunos de sus protagonistas, SMS y mails juegan un rol importante en la vida de Jasper Wolf y sus amigos.

Incluso la relación con los padres es muy diferente: mientras que en libros como ‘El guardián…’ o ‘La senda del perdedor’ la figura paterna es inalcanzable, distante y poco comprensiva, los padres de los protagonistas de ‘Crezco’ son mucho más cercanos, abogan por el diálogo y dan a sus hijos una libertad impensable hace unas décadas.

Hay una parte de la crítica que ha comparado la narrativa de Brooks con la de B. E. Ellis, pero me parece una comparación cogida por los pelos: los protagonistas de ‘Menos que cero’ o ‘Las reglas del juego’ de Ellis pertenecen a esa generación hedonista y pagada de sí misma de los 80. Son amorales, no tienen más inquietudes ni preocupaciones que forrarse y su crueldad es infinitamente mayor que la de los adolescentes de ‘Crezco’. En todo caso se le podría comparar con algunos de los personajes de Douglas Coupland: conscientes de sí mismos, de sus referentes culturales y con cierta angustia existencial. Pero también sería erróneo, porque la de Brooks, de nuevo, es otra generación.

Los personajes de Brooks están a medio camino entre la edad adulta y la infancia, una infancia a la que a veces se aferran (con pudor, eso sí) escuchando a Avril Lavigne o viendo películas de Harry Potter. Quieren divertirse, pero a la vez tienen un miedo tremendo a enfrentarse al mundo real. El futuro aún se les antoja a años luz y les cuesta imaginarse como adultos. Optan por el hedonismo, pero no por ello dejan de sentir remordimiento o incluso vacío cuando se paran a pensar. Se sienten solos. E incomprendidos. Como cualquier adolescente, vaya.

Si tuviera hijos o sobrinos adolescentes, les regalaría ‘Crezco’ sin pensármelo dos veces.