
Ignoro hasta qué punto puede influir que ‘Drive’ (la película) incremente las ventas de ‘Drive’ (el libro). En mi caso, por ejemplo, sí ha influido: el mismo día que ví la película me hice con la obra de James Sallis.
‘Drive’ (el libro) no es mejor ni peor que la película: simplemente profundiza más, pero tampoco es tan diferente. Algunos diálogos, por ejemplo, están calcados de la obra de Sallis. Algunos planos también. El libro, de hecho, es tremendamente cinematográfico. Describe algunos planos a la perfección, habla incluso de los neones que salen al principio de la película, y Driver, el personaje principal, muestra el mismo hieratismo, silencio y chulería que en ‘Drive’ (la película). Eso sí, en el libro la banda sonora es el jazz, y no la electrónica (la ambientación, de hecho, se acerca más a la novela negra americana de los 40 que al presente, por más que las referencias sociopolíticas sitúen la obra en esta época).
Gracias al libro podemos conocer algo mejor el pasado de Driver, sus motivaciones y por qué actúa como lo hace. Poca cosa más aporta. Eso sí, los diálogos son memorables.
¿Entretenida? Sí. ¿Olvidable? También. Se lee de una sentada (a mí me ha durado una noche) pero tampoco se va a convertir en una de mis novelas de cabecera.

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