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Syriza, Podemos… y esa derecha rancia que huele a cadáver

Esta portada de La Razón no es un fake: me gustaría que lo fuera, porque significaría que aún hay prensa digna, que la putrefacción no ha llegado al derecho a la información,  la ética, y a todas esas grandes palabras que se usan cuando se habla de periodismo (intento ponerme también en la piel de quienes trabajan allí por necesidad pero sin convicción, lo que deben sentir al ver “eso”). Pienso también en la imagen de ese Aznar de bigote cano y abdominales de acero apelando al miedo, a la España más negra, a esa que Valle-Inclán tan bien retrató. Pienso en Rajoy y en sus hilillos de plastilina, en Mato, en Soraya, en Bárcenas… y en toda esa mierda que cuando vives en el extranjero te da vergüenza ajena que se asocie con tu país. Pero lo peor no es eso, lo peor es pensar en qué clase de país te vas a encontrar cuando vuelvas (y si vuelves, porque cuando cada vez se van más es por algo) y en el país que tienen que aguantar cada día aquellos a quienes quieres y están allí, resignados ya, porque ya se han indignado tanto que  no les queda indignación.

Y entonces piensas en las elecciones, esas elecciones que les da miedo a convocar porque saben que tendrán que levantar sus culos trajeados de la poltrona, que no podrán perder en casa ningún otro Jaguar ni podrán seguir “trabajando en ello”.  Y toca pensar: “¿qué voto?, ¿Izquierda Unida otra vez para que el método D’Hondt regale mi voto a los de siempre, para que todo siga igual cuatro, ocho, doce años más?”.

Y llega Podemos, que no me convence, como no me convence ningún partido político ni nadie que llegue arriba. Echen la culpa a haber leído a Hobbes, échenle la culpa a la edad, pero me veo incapaz de creerme que todo va a ser color rosa cuando antes de llegar al poder ya están diciendo digo donde dijeron Diego. Que yo aún recuerdo esos “Otan, de entrada no” y luego ya sabemos cómo acabó la cosa.

Y también estoy cansada de que me vendan que la culpa de todo la tiene Alemania: vamos a ver, señores, Merkel gobierna para los alemanes. Ella pide, y la culpa no es de quien pide, sino de los calzonazos que nos gobiernan, se bajan los pantalones y dicen “¿con vaselina o a pelo?”. ¡Normal que no nos respeten! ¡Normal que sigamos hundidos en la mierda! La culpa no es de Merkel, sino de todos los Rajoys y Zapateros que vienen a Berlín olvidando que se deben a los españoles en vez de a su poltrona de cuero, a su sueldo de seis cifras y a su jubilación dorada como consejeros en empresas privadas o en universidades americanas en las que da charletas con acento de protagonista de culebrón.

Y lo raro no es que los catalanes se quieran independizar: lo raro es que no quieran independizarse muchos más. A mí a veces me entran ganas de montar un referéndum y plantarme en la embajada a decir “miren, que así no, que voy a hacer un referéndum yo también”.

Y votaré a Podemos con la nariz tapada. Todo sea, como dice un amigo, que no empiecen a subvencionar películas de koljosianas. Pero al “status quo” ya me lo conozco, ya sé lo que trae, ya sé a qué nos condena. Y empezamos a necesitar gente que no se baje los pantalones.

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Grecia se asfixia

En realidad no se asfixian: la ahogan. “Entre todos la mataron y ella sola se murió”. Venga a pedir recortes: ahora salariales y de pensiones, en un país en el que los sueldos ya eran de por sí bajos. Que si no, no hay rescate, amenazan. Y venga a pedir sacrificios. Pero no son suficientes. La amenaza: fuera del euro. ¿Y si se van (si les echan, en realidad), les van a devolver lo ya recortado? ¿Les van a condonar la deuda? ¿Va a mejorar la vida de los griegos? Tanto recorte, tanto sacrificio… ¿para qué? Y mientras, los policias, luchando contra los suyos, como si a ellos no se les fuera también la vida y el sueldo dentro de ese Parlamento en el que parece regir Merkel y que defienden con uñas y dientes.

Grecia se asfixia mientras la Merkel, el FMI, el BCE y toda esa fauna contempla esta tragedia griega que, cómo se nota, no sufren en sus propias carnes.

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PIGS

PIGS: así es como nos llaman a Portugal, Italia, Grecia y España en la Unión Europea. ¿Por qué? Porque somos los países con mayor riesgo para la zona euro. Y claro, hay que salvar el euro al precio que sea, independientemente de que millones de ciudadanos corrientes mueran en el intento.

Hoy mismo Der Spiegel titulaba que los “bancos alemanes acceden a dar billones para aliviar la deuda griega”. ¡Cuánta generosidad! ¿No será, como el mismo artículo indica, una maniobra para “evitar el colapso de todo el sistema” financiero de la Unión Europea? ¿Y por qué no dicen que en vez de repartir billones se los prestan con un tipo de interés altísimo y humano, para más inri?

El mismo diario se hace eco de los disturbios en Atenas: “alivio en el extranjero, disturbios en Atenas”. ¿Alguien realmente esperaba que los griegos se quedaran en casa calladitos? Basta con echar un vistazo a las severas medidas que se piden al país helénico para comprender que la gente se niegue a pasar por el aro así como así. Cada vez que veo a Merkel y Sarkozy sonriendo ante las cámaras no puedo evitar pensar que sí, que para ellos somos como los cerdos: se aprovecha todo. ¿O es que entramos en la Unión Europea de rositas? No. Para poder ingresar hubo que hacer muchos ajustes económicos. Con la entrada del euro igualamos nuestros precios al resto de la Unión Europea, pero no los sueldos. Desde entonces se viven dos realidades bien distintas: la de los políticos, que van a lo suyo, y la de los ciudadanos, a los que no se pide más que sacrificios y apretarse (aún más) el cinturón.

Tal vez nada de lo que hoy sucede nos sorprendería si repasáramos la historia y recordáramos que la UE surge tras la evolución de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) a la CEE (Comunidad Económica Europea). En todo momento se habla de economía, jamás de política, y no es hasta recientemente cuando se habla de “unión”. Pero claro, para entender que esa unión seguía basándose en la economía, también hace falta haber leído la Constitución Europea, que pese a su brevedad, casi nadie leyó y menos aún votó. Sí, efectivamente, toda la Constitución Europea gira en torno al dinero.

¿Cuántos saben que una directiva aprobada en Bruselas tiene más valor que cualquier constitución o ley de los estados miembros y que es de obligado cumplimiento? ¿Cuántos saben que si dicha directiva no se adopta en un país miembro entra en vigor “a la fuerza”?

Nos quejamos de los políticos, sí, pero tal vez debiéramos quejarnos también ante Bruselas. Porque de aquellos polvos vienen estos lodos.

Y conste que quien firma esto fue hace años una ferviente europeísta.