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Entrevistas sin adulterar

De lo que da de sí una entrevista a lo que se publica, a veces va un mundo: casi siempre por cuestiones de espacio, las entrevistas quedan reducida a la mínima expresión. Con internet eso ha mejorado algo, pero no del todo, porque nadie está por la labor de leer tochos por entregas online y a poco que una entrevista dure media hora, eso se traduce en un par de paginas de transcripción literal.

Tengo unas cuantas entrevistas digitalizadas que jamás se llegaron a publicar íntegras, ya fuera por el dichoso espacio o porque se trataba de ruedas de prensa, y muchas de ellas las hice para medios ya desaparecidos o que se han transformado tan radicalmente que ni conservan los artículos que se publicaron allí hace poco más de un lustro, así que en mi cuenta de Soundcloud podréis ir encontrando poco a poco, sin cortes ni censura, unas cuantas entrevistas y ruedas de prensa tal y como se hicieron.

 

De momento ya se pueden escuchar la masterclass de Los Planetas con Diego Manrique en la RBMA de Madrid, una rueda de prensa de Malcolm McLaren en la que decía cosas como que su abuela la recomendaba llevar tapones a los oídos a la escuela para que no le lavasen el cerebro, una entrevista de Lindsay Kemp en la que sí, claro, habla de Bowie, pero también de su amor por España y por el arte o la subida más reciente, una rueda de prensa de Marianne Faithfull en la que se queja de que le sigan preguntando por Mick Jagger como si no hubiera hecho nada más con su vida.

 

Próximamente, más.

 

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Intentando descifrar a Warhol

La figura de Warhol es esquiva: él mismo jugó a dar una premeditada  imagen de frivolidad, aunque esa frivolidad a menudo era un escudo para que nadie se acercara a su yo más íntimo. Basta con leer el volumen de entrevistas seleccionadas y editadas por Kenneth Goldsmith y publicadas en castellano por Blackie Books para intuir que tras esa imagen de bon vivant irreverente que no se preocupaba demasiado por lo que hacía había en realidad un artista al que no le importaba tanto la ejecución de la obra (que como todo el mundo sabe delegaba en otros) como por las posibilidades que le ofrecían las nuevas tecnologías y por ir un poco más allá de la pintura tradicional. A Warhol se la pelaba la idea de obra única, hablando mal y pronto. También le daba igual hacer una obra maestra. Él lo que quería hacer era un arte popular, en el sentido más estricto de la palabra, al alcance de todos, lejos de complicados ejercicios intelectuales o sesudas explicaciones. A lo largo de ‘Entrevistas’, Warhol no hace más que repetir que la razón por la que pintaba sopas Campbell era porque se trató de su dieta durante muchos años. Las teorías sobre su obra como reflejo de la producción industrial o del capitalismo vendrían después, pero no fue él quien las elaboró. Él mismo explica su obra de una forma mucho más prosaica, sencilla y creíble, totalmente alejada de pretensiones:

«En el fondo todos hacemos un único cuadro. Hacerlo cuando necesitas dinero, repetir el mismo cuadro una y otra vez, es una idea fabulosa porque, de todos modos, la gente te recuerda por eso».

A través de sus entrevistas, Warhol se empeña en elevar un muro infranqueable, en dar una imagen de aparente superficialidad, responde con monosílabos y anima a sus entrevistadores a que se inventen las respuestas, los interroga sobre el mundo de Hollywood y esquiva hablar de cosas «serias», pero basta con rascar un poco para ver que tras esa capa se escondía una mente lúcida a la que simplemente no le apetecía jugar a tomarse en serio a sí mismo y bastante crítica con algunas actitudes.

«Me pregunto cómo es que todo el mundo quiere dárselas de algo, y se pone ropa extravagante y cosas por el estilo, y acaba pareciendo uno más».

También explica por qué desprecia las entrevistas:

«Creo que las preguntas que me suelen hacer en las entrevistas deberían ser más inteligentes y brillantes, deberían intentar averiguar más cosas sobre mí».

«Fue una pregunta superficial, así que les di una respuesta superficial».

Entrevistar a Warhol no era fácil, pero cuando algun periodista lograba derribar el muro de indiferencia y sus recurrentes «no sé»,  regalaba grandes entrevistas. Y el libro está lleno de ellas.