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¡Qué fácil es votar en Alemania!

 

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Por elecciones que no quede: el próximo 18 de septiembre hay locales en Alemania, y los residentes de países de la Unión Europea podemos votar a los representantes del distrito. No es poca cosa: entre las cosas que se discuten está si deben o no abrirs los “spätis” en domingo, si los gays deben tener los mismos derechos que un matrimonio heterosexual, si permitir o no el alquiler de pisos para turistas, si la policía debe llevar cámaras en el uniforme o si el aeropuerto de Tegel debe o no seguir funcionando cuando se inaugure el de Berlín (inserte aquí una carcajada).

Aunque en su momento leí que yo tenía derecho a votar y había guardado un PDF con toda la información, la sorpresa llegó en forma de carta: ahí no sólo te explicaban qué se vota, cuándo y en qué colegio y mesa te toca, sino que sorpresa, también incluye la información en inglés.

El problema, claro, es qué votar (qué no votar lo tengo clarísimo) y hasta éso resulta fácil: hay dos tests on line en los que te plantean los principales puntos de lo que está en juego, tanto en Berlín, como en cada barrio (que es lo que podemos elegir los residentes comunitarios). Algunas preguntas coinciden (la del aeropuerto, por ejemplo), otras, depende del “kiez” de cada uno. Además, luego se puede ver la postura de cada partido con respecto a cada propuesta y leer sus argumentos para estar a favor o en contra.

Así que nada, el 18 otra vez a votar. A este paso, antes de que termine el año puedo escribir un manual sobre procesos electorales para emigrados, pero en éstas también voto.

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Votar desde el extranjero: la odisea continúa

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A 19 días de que se celebren las elecciones generales, ya hay españoles a los que no han enviado siquiera las papeletas, que según la normativa, tenían que haberse empezado a mandar ayer.

19 días parecen suficientes para votar, pero para muchos, no lo son tanto. Veamos: tenemos un macropuente en España a la vuelta de la esquina, así que descontando festivos y domingos, quedan en realidad 14 días para que podamos votar quienes vivimos en el extranjero. ¿Por qué 14? Fácil: en el consulado se puede votar los días 16, 17 y 18 de diciembre. ¿Pero qué pasa con quienes no viven donde hay oficina consular? Tienen que recibir las papeletas y mandarlas a España de vuelta hasta el día 15. Estamos hablando de cientos de miles de personas que sólo tienen 10 días. Pongamos que se trata de alguien que vive en una ciudad pequeña, o en la otra punta del planeta o en cuya ciudad no reparten correo los sábados (en Alemania, por ejemplo, reparten el correo los sábados, pero sólo salen cartas hasta las 17, todo lo que se lleve a correos un minuto más tarde no sale hasta el día siguiente).

Con más de 2 millones de españoles censados en el extranjero, estamos hablando de un buen puñado de votos. La gente de Marea Granate está preguntando por Facebook cómo andan las solicitudes, y aunque ya han salido las papeletas de circunscripciones como Coruña, Valladolid o Badalona, de Madrid, por ejemplo, no ha salido ni una.

Así que ahí estamos, una vez más pendiente de la web del INE, dando al F5 cada día con la esperanza de que nos permitan votar contra el PP y Rivera o meter un gran corte de mangas en la papeleta si nos da la gana. Pero que no nos roben el voto otra vez.

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Fact-check antes de ir a votar

Viñeta de El Roto

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El pacto envenenado

Gritábamos en las calles “PSOE y PP la misma mierda es”, y se constata estos días. Carmona, haciéndole el juego al PP, regalando pactos envenenados, exigiendo condiciones leoninas. Primero fue Zapata, ahora van a por Rita Maestre, porque pidió que un Estado que se proclama laico actúe como tal, ésa es la excusa, pero de lo que se trata es de demostrar quién manda, que la vieja guardia sigue ahí, que no nos vayamos a pensar que las cosas han cambiado. Nos reíamos de la Espe, pero aquí tenemos a Carmona, que parece un malo de manual, de los de sillón de orejas y gato de angora, orquestando desde la sombra y riendo… A este paso se sacan de la chistera a Juan Barranco y piden que lo cambien por Manuela.

Si el PSOE hubiera mostrado la misma contundencia con cada tropelía del PP a la hora de pedir dimisiones, no quedaba nadie en el gobierno de Rajoy.

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Ya era hora

Ha costado 24 años, pero por fin Madrid deja de ser un feudo del PP: ni la estrategia del miedo ni el voto robado a los emigrantes han impedido la victoria de los representantes de quienes estamos hartos del saqueo de la derecha, de la merma de derechos y de políticas hechas por y para ricos. De entrada, no hay nada lo que va a poner en marcha el equipo de Ahora Madrid con lo que no esté de acuerdo al 100%, ya sea la retirada de subvenciones a festejos taurinos o la paralización de desahucios.

Noté ilusión la última vez que estuve en Madrid, quería creer en que era posible un cambio, pero hasta estos últimos días en que me he tenido que enfrentar al miedo del gobierno al voto que no es suyo en forma de trabas y burocracia no empecé a creer que el cambio fuera posible. Lo ha sido. Y cuando vuelva a Madrid pasearé por el mismo Madrid en el que crecí, ese en el que no se respiraba tristeza y represión. No es el fin de la crisis, pero es el principio de la política por y para el pueblo, como siempre debió ser.

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Explicar la política del sur a un alemán

Puerta del Sol, mayo 2011. Foto por http://fotograccion.org/
Puerta del Sol, mayo 2011. Foto por http://fotograccion.org/

Hay diferencias culturales que a veces me parecen insalvables. Como ya he contado en alguna ocasión, mi clase de alemán parece un mapa de la crisis, con mayoría de alumnos de Italia, España y Portugal. Siempre he dicho que nos faltaba representación griega, a ver si el curso que empieza en mayo la tiene…

Como hoy terminábamos un nivel, la profesora ha decidido que era buena idea tener conversación en vez de gramática, y el tema propuesto era filosófico (esto es muy alemán también, en cuanto te descuidas, te ponen a hablar con tu nivel chapurreo del sentido de la vida, aquí hablar de “urlaub, essen, spass oder trinken” más bien poco). Y la pregunta de marras que nos ha hecho para empezar la discusión es si creíamos en la paz mundial, que si es posible. Te dan ganas de decir que el día que las ranas críen pelo, pero eso, mi nivel de alemán, no me permite decirlo. Como se encontraba con un “nein” tajante por parte de todos, ha preguntado que si no deseamos paz a todo el mundo… Y con la iglesia hemos topado, claro, porque he respondido que “nein”. La mujer me miraba, atónita, y me preguntaba si estoy segura de lo que significa “Frieden”, y por si acaso, me lo ha vuelto explicar. Le he dicho que sí, que entendido, pero que mi respuesta sigue siendo “nein”. Y la mujer que insiste, que si no quiero que todo el mundo sea feliz y esté satisfecho y en paz. Y yo que no, que hay gente a la que sólo le deseo la misma paz que deja a otros, y que espero que algunos políticos españoles tengan la misma “Frieden” que dejan, y que a ver si viven “zufrieden” con las condiciones en que viven millones de españoles. Los italianos me daban la razón, que hay gente que no merece “Frieden”, que “vaffanculo” para algunos.

De repente, esta mujer alemana, racional, más kantiana que nietzscheniana, se ha encontrado frente a tres italianos y una española que sólo sabían decir desempleo, corrupción, BCE,  crisis y hasta Varoufakis como una letanía. Una de mis compañeras, italiana, le ha dicho que ya está harta de oír cómo los alemanes le dicen que con lo bien que se vive en Italia, que ese sol, y la comida… y que ella siempre les responde que adelante, que se vayan a Italia y vivan como los italianos, que a ver qué tal se come el sol, porque otra cosa no van a encontrar. Nos ha empezado a preguntar y por supuesto, ni había oído hablar de los desahuciados que se suicidan, ni de las cifras de paro, ni de los recortes, ni de los sueldos menosmileuristas o de los trabajos no remunerados: cuando hablan de crisis en Alemania, se deben pensar que se limita a una bajada de producción o ventas y a un paro ligeramente más elevado, pero de las consecuencias que tiene esa crisis en la gente, parece que saben menos.

Ella  no se ha dado por satisfecha: que salgamos a la calle, que nos manifestemos, que por qué no hay una revolución, que si salimos todos a la calle nos tienen que escuchar, que aquí escucharon en el 89 cuando cada día salía gente en la RDA. Y en ese momento, es cuando la hemos perdido para siempre, porque le hemos dicho que sí, que a la calle se ha salido, miles de veces, y yo le he hablado del 15M, y de la “diktatur” que supone la “ley mordaza”. Y los italianos le han hablado del hastío, de cómo la gente ya prefiere salir pero no a la calle, sino del país. Y todos coincidíamos en que la clase política que conocemos, una vez que aparca con su Jaguar el culo en el poder, no se mueve de allí ni con aceite hirviendo. Y eso que no he mencionado a Rodrigo Rata Rato

La profesora se ha quedado muda. Creo que hoy todos hemos comprendido mil veces mejor las profundas diferencias estructurales de la política del norte y la del sur. No es sólo una crisis económica, es un crisis de valores. Y ésa, poco arreglo tiene.

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Votar desde el extranjero: miedo, asco y tongo en la embajada

Que votar desde el extranjero no iba a ser fácil ya lo sabía: el “vuelva usted mañana” de Larra es moco de pavo en comparación con la realidad. Con la que se ha liado esta mañana en la embajada española, pensé que a muchos de los que estábamos allí nos detenían o nos quitaban la nacionalidad. No ha pasado nada de eso, pero fijo que ya estamos en una lista negra.

Vayamos por partes: la embajada española en Berlín está al lado del zoo, tan al lado que antes de llegar a la puerta pasas junto a la jaula de las llamas, desde donde te llega el inconfundible efluvio de mierda de animal enjaulado. Todo un presagio.

Como muchos otros, aunque estoy inscrita y registrada como residente desde hace un año, no aparezco en el censo… así que me he tenido que presentar en la embajada a reclamar mi derecho al voto. No era la única con ese problema: había tanta gente en las mismas que las puertas de seguridad que no dejan pasar ni con cuatro míseras monedas en el bolsillo (historia verídica) se han bloqueado. De la embajada se entraba y salía sin control alguno, sin tocar un solo timbre, sin nada de nada. Eso sí, no se le ocurra a uno aparcar la bici cerca que le sale un picoleto a chistar “señorita, quite de ahí la bici” (verídico).

Mientras esperaba mi turno he visto cómo chillaban a dos chicas y cómo a uno se lo llevaban tras una puerta que han cerrado de un portazo y que ha salido poco después relatando en arameo, quejándose de que no le dejan registrarse. Así estaban los ánimos: se ve que la consigna es impide que voten como sea.

Llega mi turno, y antes de nada, la empleada cuyo sueldo sale del bolsillo de todos los españoles tiene que ponerse los pendientes, mirar el colgante, decidir cómo se lo coloca, y ponérselo. Da igual que hubiera una veintena de personas esperando en una sala de 5 metros cuadrados esperando a ir a trabajar, en esta vida, todos lo sabemos, hay prioridades. Y cuando por fin me atiende, empezamos mal: que claro, igual no estoy en el censo, porque me registré a finales de año. ¿Mayo es finales de año? Acabáramos. Bueno, pero se mudó. Sí, pero comuniqué mi mudanza. Se le acaban las excusas. Llama a otra funcionaria que le dice que lo que pasa es que en España no habrán podido leer el censo porque va encriptado (EE.UU. tiene la NSA; España aún tiene la T.I.A.) y me dan un papel para el censo. Lo relleno y seguimos para bingo, porque una casilla dice “apellido de casada”. No hay opción de “apellido de casado” (si mañana me casara con un alemán, él podría coger mi apellido, aunque a nuestro gobierno eso no se le pasa ni por la cabeza).

Entrego el papel, y comienza la pesadilla. Pregunto que si ahora no tengo que pedir el voto, o rellenar algo que diga que quiero votar, y me responde la mujer que lo tengo todo muy clarito en internet (no me dice ni en qué web) y que ella no está “para eso”, que lo busque en internet que ahí está todo.

– Bueno, su sueldo sale de los impuestos que pagamos los españoles para que ayude a quienes vivimos en el extranjero, ¿no?
– Está usted siendo muy desagradable.
– Estoy siendo tan desagradable como el gobierno de España lo es conmigo.

Y por arte de magia, aparece el papel que tengo que rellenar (y que sí, efectivamente, también se puede pedir en el consulado por mucho que la buena mujer no quisiera ayudarme). Tenía un palé de papeles como ése impresos la mujer. Pero no, es más fácil decir váyase y busque en internet y se jode si no tiene impresora porque no queremos que vote.

He salido de allí como todos los que lo han hecho antes que yo: cabreada. Y además, ahora convencida de que me han inscrito en una lista negra de antisistemas. Pero mi solicitud de voto ya está en camino, y esperemos que no se tuerza nada más, porque si hay que amotinarse una segunda vez, pues una que se amotina.

Eso sí, en caso de morriña idiota, nada como un paseo a la embajada de turno.

Información decente sobre cómo votar y lidiar con cualquier traba para hacerlo, en Marea Granate.

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Syriza, Podemos… y esa derecha rancia que huele a cadáver

Esta portada de La Razón no es un fake: me gustaría que lo fuera, porque significaría que aún hay prensa digna, que la putrefacción no ha llegado al derecho a la información,  la ética, y a todas esas grandes palabras que se usan cuando se habla de periodismo (intento ponerme también en la piel de quienes trabajan allí por necesidad pero sin convicción, lo que deben sentir al ver “eso”). Pienso también en la imagen de ese Aznar de bigote cano y abdominales de acero apelando al miedo, a la España más negra, a esa que Valle-Inclán tan bien retrató. Pienso en Rajoy y en sus hilillos de plastilina, en Mato, en Soraya, en Bárcenas… y en toda esa mierda que cuando vives en el extranjero te da vergüenza ajena que se asocie con tu país. Pero lo peor no es eso, lo peor es pensar en qué clase de país te vas a encontrar cuando vuelvas (y si vuelves, porque cuando cada vez se van más es por algo) y en el país que tienen que aguantar cada día aquellos a quienes quieres y están allí, resignados ya, porque ya se han indignado tanto que  no les queda indignación.

Y entonces piensas en las elecciones, esas elecciones que les da miedo a convocar porque saben que tendrán que levantar sus culos trajeados de la poltrona, que no podrán perder en casa ningún otro Jaguar ni podrán seguir “trabajando en ello”.  Y toca pensar: “¿qué voto?, ¿Izquierda Unida otra vez para que el método D’Hondt regale mi voto a los de siempre, para que todo siga igual cuatro, ocho, doce años más?”.

Y llega Podemos, que no me convence, como no me convence ningún partido político ni nadie que llegue arriba. Echen la culpa a haber leído a Hobbes, échenle la culpa a la edad, pero me veo incapaz de creerme que todo va a ser color rosa cuando antes de llegar al poder ya están diciendo digo donde dijeron Diego. Que yo aún recuerdo esos “Otan, de entrada no” y luego ya sabemos cómo acabó la cosa.

Y también estoy cansada de que me vendan que la culpa de todo la tiene Alemania: vamos a ver, señores, Merkel gobierna para los alemanes. Ella pide, y la culpa no es de quien pide, sino de los calzonazos que nos gobiernan, se bajan los pantalones y dicen “¿con vaselina o a pelo?”. ¡Normal que no nos respeten! ¡Normal que sigamos hundidos en la mierda! La culpa no es de Merkel, sino de todos los Rajoys y Zapateros que vienen a Berlín olvidando que se deben a los españoles en vez de a su poltrona de cuero, a su sueldo de seis cifras y a su jubilación dorada como consejeros en empresas privadas o en universidades americanas en las que da charletas con acento de protagonista de culebrón.

Y lo raro no es que los catalanes se quieran independizar: lo raro es que no quieran independizarse muchos más. A mí a veces me entran ganas de montar un referéndum y plantarme en la embajada a decir “miren, que así no, que voy a hacer un referéndum yo también”.

Y votaré a Podemos con la nariz tapada. Todo sea, como dice un amigo, que no empiecen a subvencionar películas de koljosianas. Pero al “status quo” ya me lo conozco, ya sé lo que trae, ya sé a qué nos condena. Y empezamos a necesitar gente que no se baje los pantalones.

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¿Y ahora qué?

No ha votado ni el 50% de la población con derecho a voto y han ganado los de (casi) siempre.

Nada nuevo bajo el sol.

Nada nuevo, me temo, tampoco en Sol. Empiezo a temer que por querer abarcar tanto no se consiga nada. Crecen las comisiones, las asambleas (ahora también en su pueblo más cercano) y los talleres de payasos (nunca me gustó su nombre anglosajón, clown). ¿Pero dónde están las propuestas, las de verdad? A ver si por querer pedir la luna nos vamos a quedar sin nada. ¿Y si todos los simpatizantes hubieran votado? ¿Si hubiera habido una verdadera movilización?

Ignoran sondeos y resultados porque dicen que “no les representan”: a mí tampoco, pero nos guste o no, de sus decisiones depende cómo vamos a (mal)vivir los próximos años.

¿Ahora qué? La #acampadasol sigue allí, pero creo que nadie sabe muy bien por qué ni para qué. ¿Por qué no centrarse en un objetivo concreto y realista (el cambio de la ley electoral, por ejemplo)?

“Pidamos lo imposible”. Sí, suena bonito. Pero el mayo francés no sirvió de nada, hasta Dani el Rojo pasó a llamarse Daniel Cohn-Bendit y a ser fagocitado por el sistema. Y el detonante del mayo francés, no lo olvidemos, fue que prohibieron las visitas de chicos a los colegios mayores de chicas.

El flower-power tampoco sirvió de nada. No paró Vietnam. Y allí tenían claro contra qué se luchaba. Los objetivos eran concretos (la paz, los derechos civiles, el fin del racismo). Tenían líderes. Se los cargaron a casi todos.

Sol. ¿Qué hay en Sol? una organización indiscutible, muchas sonrisas, muchos sueños rotos, muchas declaraciones de intenciones, muchos manifiestos y cientos de asambleas. Se sabe lo que no gusta pero no cómo luchar contra ello. Se plantean problemas, pero nadie aporta soluciones.

No sé si pasarme mañana.

Tal vez tenga que replegarme en mis canas, en mi cinismo, en mi desencanto y en todo eso que dicen que representa a mi generación (odio que la llamen X, huelga decirlo). Refugiarme en mis libros y en mis discos, y hacer mi propia revolución interna. Sólo aspiro a ser una república independiente autosuficiente. Exijo mi autodeterminación. No sé si encajo en Sol. No sé dónde encajo. Tal vez no encaje en ningún sitio. ¿Existe el asilo político emocional?

I’m not like them
But I can pretend
The sun is gone,
But I have a light
the day is done,
I’m having fun
I think I’m dumb
Or Maybe just happy