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‘El desierto rojo’

Niebla espesa sobre un paisaje industrial en el que no hay signos de vida y donde los árboles no son más que sombras. Allí está Monica Vitti cuando se abre ‘El desierto rojo‘, toda una metáfora del paisaje emocional de Giuliana, la mujer a la que Vitti interpreta: acaba de superar un intento de suicidio y trata de buscar algo a lo que agarrarse, una razón por la que seguir viviendo, un sentido al sinsentido.

Ahí está el bocazas de su marido, Ugo, que lejos de ayudar a Vitti la condena contando a quienes ni siquieran la conocen que acaba de estar ingresada, que no está bien: de esta forma, quien conoce a Vitti por primera vez lo hace con ideas preconcebidas, con una especie de “advertencia”. Ugo marca a Giuliana, le pone una señal. Se la pone también al espectador: “¡ojo!”, parece decir. Pero en realidad es de Ugo de quien hay que cuidarse, que reconoce sin reparos ni pudor que no se molestó en cancelar su viaje cuando su mujer intenta matarse.

Y en estas aparece Richard Harris, que decide ejercer el papel de redentor y príncipe azul, aunque nadie se lo ha pedido, y mucho menos Giuliana. En cuanto se queda a solas con ella le suelta filosofía barata en un vano intento de emparizar con su dolor. “Yo creo en dormir con la conciencia tranquila”, le dice. Y le habla de principios, creencias y cuestiones existenciales. “¿Cómo debo vivir?”, le espeta. Pero Giuliana no tiene respuestas para ella, menos aún para un hombre que trata de seducirla jugando a ser amigo y rescatador. Vitti sufre, Harris se limita a poner cara de circunstancias. Y el marido, mientras tanto, cierra los ojos: no es que no se dé cuenta, es que es más comodo no ver.

Y ahí está Giuliana, rodeada de un amante torpe y un marido estúpido que no sólo no ayudan, es que además no le permiten avanzar. Y se limita a expresar su frustración, que es lo único que puede hacer (con el marido, en realidad, ni eso se le permite). “Hay algo terrible en la realidad, pero no sé lo que es”, grita desesperada. Y la niebla la envuelve, esa sempiterna niebla que no permite ver.