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‘Building stories': la obra maestra de Ware

Recuerdo bien la primera vez que cayó en mis manos un cómic de Chris Ware porque me produjo una inmensa desazón: esos personajes corrientes con vidas monótonas y que parecían condenados a la  soledad y la insatisfacción angustiaban. Con los años me han llegado a angustiar aún más, porque no deja de ser lo más parecido a la realidad, pero sin embargo les he empezado a coger cariño, y en buena parte se debe a la forma en que Ware los trata: no lo hace desde la pena ni la compasión, sino desde la más plena empatía.

Hay mucho de eso en ‘Building Stories‘ también, por supuesto que lo hay. Sus protagonistas viven solos, y cuando no es así, casi como si lo hicieran, porque la incomprensión que sufren se multiplica por mil. Además de las tradicionales historias de esos personajes del universo de Ware, ‘Building Stories’ también cuenta la historia del propio edificio que los acoge en primera persona: un edificio lleno de recuerdos, agradecimientos e incluso reproches y que se sabe llamado a morir por antiguo y al que el propio lector no quiere dejar morir porque le coge cariño a las miles de vivencias del mismo, y que Ware describe con todo lujo de detalles en forma de llamadas no recibidas, mascotas acogidas o libros leídos entre sus paredes.

Pero hay, además, una tercera lectura de ‘Building Stories': la del absoluto homenaje al papel en plena era digital. ‘Building stories’, como cualquier edificio, es una caja que contiene decenas de historias en todos los formatos imaginables: tiras cómicas, tebeos, periódicos de gran formato… Cada una de las historias (porque la vida de cada protagonista, a su vez, contiene varias vidas distintas) se cuenta en un formato diferente que no deja de ser a su vez en recorrido por la historia del humor y la narrativa gráficas, desde las pequeñas tiras incluidas en periódicos nacionales a los tebeos infantiles pasando por esos pequeños cómics de tapa dura (novelas gráficas, que les llaman ahora) más conceptuales. No siempre es fácil leer este libro-caja-edificio-contenedor: a ratos agota psicológicamente, a ratos simplemente hace falta espacio y brazos largos, pero compensa, y con creces.

literatura

‘Onwards towards our noble deaths’

Ignoro si ‘Onwards towards our noble deaths‘ se ha publicado alguna vez en castellano: de hecho, di con él casi por accidente. Ante la duda lo compré en inglés (idioma al que no hace mucho que se tradujo) y desde que lo leí se ha convertido en uno de mis descubrimientos favoritos.

El cómic, cuya traducción sería algo así como ‘Hacia nuestras nobles muertes’ (siendo ‘nobles muertes’ un eufemismo para suicidio) narra la experienca de Shigeru Mizuki durante la II Guerra Mundial. Mizuki, un dibujante reconocidísimo y multipremiado en Japón, tuvo que luchar en Papua Nueva Guinea, un destino que entonces era considerado casi un castigo entre los soldados japoneses por la dureza de las condiciones.

La experiencia que narra Mizuki, a priori, podría ser la de cualquier soldado en cualquier frente, con una salvedad que es la que hace de este cómic una historia imprescindible: los altos mandos del ejército japonés consideraban que era preferible suicidarse a rendirse o ser capturado por el enemigo, y así se lo exigían a sus soldados. El batallón de Mizuki también recibió esa orden: incluso los enfermos debían inmolarse.

Mizuki narra en el cómic todas las vicisitudes por las que pasó su batallón (no destriparé el final), desde soldados que murieron devorados por cocodrilos a las bajas provocadas por la malaria pasando por el hambre y la sed. También se hace eco de la camaradería que había entre los soldados (no faltan las pequeñas dosis de humor) y de cómo trataban de evadirse de la realidad.

Una de las cosas que más llama la atención de ‘Onwards towards our noble deaths, además de la historia, es la forma en que está dibujada. Los soldados son ricos en detalles pero tienen un toque infantil: Mizuki los humaniza al máximo. Los altos cargos empiezan a estar más desdibujados, tienen rostros menos ‘humanos’, apenas muestran emociones… y los soldados aliados directamente no tienen rostro, parecen sombras que se mueven entre la selva. Me recuerda a la forma en que Spiegelman opta por animalizar a los protagonistas de ‘Maus‘, como si resultara titánico poner cara al horror… ya sea en Papúa Nueva Guinea o en Polonia.

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‘Habibi’

Dicen de ‘Habibi‘, el último cómic de Craig Thompson, que es una historia de amor entre dos refugiados políticos. Sólo es parcialmente cierto. En realidad, ‘Habibi’ es una fábula, un cuento que bien podría pertenecer a ‘Las mil de una noches’, una narración compuesta de mil historias, algunas basadas en el Corán, otras que nacen en el propio cómic y un puñado de ellas que bien podrían poblar las páginas de los periódicos. Es ficción, sí, pero tiene algo de real (más bien al final) y mucho de atemporal.

‘Habibi’ se basa (y es un homenaje) a la califrafía árabe, a la tradición oral, a las grandes narraciones cosmogónicas… independientemente de que uno crea o no en las explicaciones teológicas sobre el origen del mundo. En realidad esas historias están ahí para ayudar a vivir a los personajes. Poca más.

‘Habibi’ es también una denuncia social: contra la industrialización a cualquier precio, contra la explotación del ser humano, contra la esclavitud… Pero no cae en el moralismo. Craig Thompson tampoco plantea soluciones. Sólo refleja un problema, el contexto en el que se mueven unos personajes que (me repito) parecen de otra época y cuyas vidas tienen más que ver con las de siglos pasados que con la actualidad. Esa atemporalidad es lo que hace creíble ‘Habibi’, dicho sea de paso.

Mención aparte merecen los dibujos de Thompson, su estudio de una cultura que en Norteamérica aún parece condenada al ostracismo, al miedo,a la incomprensión.

‘Habibi’, al margen de la compleja y atípica relación de los protagonistas, es un canto de amor a la escritura, al dibujo y a la ilustración.

cine feminismo

El test de Bechdel

Una de las cosas que me fascina de hablar con Yago es que siempre me descubre algo nuevo (Yago, además de un gran amigo, es un excepcional crítico de cine). Ayer me habló del test de Bechdel para determinar si una película es o no machista.

Resulta que el test de Bechdel recibe ese nombre por una de las tiras cómicas de Alison Bechdel para su colección ‘Dykes to watch out for‘. Está inspirado en una conversación que tuvo con su amiga Liz Wallace y según la cual sólo va a ver una película si se dan tres requisitos:

  1. Que salgan al menos dos mujeres.
  2. Que hablen entre ellas…
  3. …y que la conversación no sea sobre hombres.

Según la conclusión de aquella tira, la única película que se ajustaba a la norma era ‘Alien‘.

Aún fascinada por la historia del test de Bechdel, hoy he estado dándole vueltas al asunto y creo que ni mis películas favoritas (‘El Padrino‘, sin ir más lejos) cumplen los tres requisitos. En la web Bechtel test hay incluso una lista con películas que pasan el test, las que se quedan en el primer punto o aquellas que aunque cumplen los tres requisitos no son precisamente feministas ni respetuosas con las mujeres. Según esta web, ‘Melancholia‘, por ejemplo, pasa la prueba, mientras que ‘El árbol de la vida‘ no cumple ni un punto (la protagonista, por no tener, no tiene ni nombre propio, como bien indican en los comentarios). Claro que según esta web ‘Sexo en Nueva York‘ también pasa el test… en fin, sin comentarios.

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‘All my little words’

Confieso que mantengo una relación cuando menos curiosa con The Magnetic Fields: lo mismo los escucho compulsivamente que los destierro por completo de mi vida. Cada cierto tiempo vuelvo a ‘69 love songs‘ y lo escucho día tras día hasta quemarlo. Cada vez me da por una canción distinta del álbum. La última vez que lo escuché hasta la saciedad no me quitaba de la cabeza ‘All my little words’.

Hoy me he vuelto a acordar de ella a raíz de un blog en el que varios ilustradores eligen una canción de ’69 love songs’ para plasmarla en viñetas. De momento no hay ilustraciones para todas las canciones, pero las pocas que hay valen la pena.

Como de ‘All my little words’ aún no hay viñeta, dejo este videoclip realizado con escenas de  cine clásico.