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Votar desde el extranjero: miedo, asco y tongo en la embajada

Que votar desde el extranjero no iba a ser fácil ya lo sabía: el “vuelva usted mañana” de Larra es moco de pavo en comparación con la realidad. Con la que se ha liado esta mañana en la embajada española, pensé que a muchos de los que estábamos allí nos detenían o nos quitaban la nacionalidad. No ha pasado nada de eso, pero fijo que ya estamos en una lista negra.

Vayamos por partes: la embajada española en Berlín está al lado del zoo, tan al lado que antes de llegar a la puerta pasas junto a la jaula de las llamas, desde donde te llega el inconfundible efluvio de mierda de animal enjaulado. Todo un presagio.

Como muchos otros, aunque estoy inscrita y registrada como residente desde hace un año, no aparezco en el censo… así que me he tenido que presentar en la embajada a reclamar mi derecho al voto. No era la única con ese problema: había tanta gente en las mismas que las puertas de seguridad que no dejan pasar ni con cuatro míseras monedas en el bolsillo (historia verídica) se han bloqueado. De la embajada se entraba y salía sin control alguno, sin tocar un solo timbre, sin nada de nada. Eso sí, no se le ocurra a uno aparcar la bici cerca que le sale un picoleto a chistar “señorita, quite de ahí la bici” (verídico).

Mientras esperaba mi turno he visto cómo chillaban a dos chicas y cómo a uno se lo llevaban tras una puerta que han cerrado de un portazo y que ha salido poco después relatando en arameo, quejándose de que no le dejan registrarse. Así estaban los ánimos: se ve que la consigna es impide que voten como sea.

Llega mi turno, y antes de nada, la empleada cuyo sueldo sale del bolsillo de todos los españoles tiene que ponerse los pendientes, mirar el colgante, decidir cómo se lo coloca, y ponérselo. Da igual que hubiera una veintena de personas esperando en una sala de 5 metros cuadrados esperando a ir a trabajar, en esta vida, todos lo sabemos, hay prioridades. Y cuando por fin me atiende, empezamos mal: que claro, igual no estoy en el censo, porque me registré a finales de año. ¿Mayo es finales de año? Acabáramos. Bueno, pero se mudó. Sí, pero comuniqué mi mudanza. Se le acaban las excusas. Llama a otra funcionaria que le dice que lo que pasa es que en España no habrán podido leer el censo porque va encriptado (EE.UU. tiene la NSA; España aún tiene la T.I.A.) y me dan un papel para el censo. Lo relleno y seguimos para bingo, porque una casilla dice “apellido de casada”. No hay opción de “apellido de casado” (si mañana me casara con un alemán, él podría coger mi apellido, aunque a nuestro gobierno eso no se le pasa ni por la cabeza).

Entrego el papel, y comienza la pesadilla. Pregunto que si ahora no tengo que pedir el voto, o rellenar algo que diga que quiero votar, y me responde la mujer que lo tengo todo muy clarito en internet (no me dice ni en qué web) y que ella no está “para eso”, que lo busque en internet que ahí está todo.

– Bueno, su sueldo sale de los impuestos que pagamos los españoles para que ayude a quienes vivimos en el extranjero, ¿no?
– Está usted siendo muy desagradable.
– Estoy siendo tan desagradable como el gobierno de España lo es conmigo.

Y por arte de magia, aparece el papel que tengo que rellenar (y que sí, efectivamente, también se puede pedir en el consulado por mucho que la buena mujer no quisiera ayudarme). Tenía un palé de papeles como ése impresos la mujer. Pero no, es más fácil decir váyase y busque en internet y se jode si no tiene impresora porque no queremos que vote.

He salido de allí como todos los que lo han hecho antes que yo: cabreada. Y además, ahora convencida de que me han inscrito en una lista negra de antisistemas. Pero mi solicitud de voto ya está en camino, y esperemos que no se tuerza nada más, porque si hay que amotinarse una segunda vez, pues una que se amotina.

Eso sí, en caso de morriña idiota, nada como un paseo a la embajada de turno.

Información decente sobre cómo votar y lidiar con cualquier traba para hacerlo, en Marea Granate.

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15M: ¿entre todos lo mataron y él solo se murió?

Estaba convencida de que el aniversario del 15M, como cada mayo, sería multitudinario, que Sol se cubriría una vez más de un mar de cabezas, que las portadas de los diarios abrirían con la ya clásica foto de cada año. Pero en su lugar fueron los colchoneros quienes inundaron las calles y coparon titulares, y hoy ni siquiera hay guerra de cifras en las escasas noticias que aparecen en la prensa, como si ya no importara, como si estuviera muerto, como si a nadie le interesara… Y me pregunto si es agotamiento o peor aún, que el “salir a la calle no sirve para nada” se haya convertido en realidad.

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‘¿Qué crees que va a pasar en España?’

Hace unos años, no tantos en realidad, cuando salía de España me preguntaban, en el mejor de los casos, por Pedro Almodóvar, y en el peor, por toros y Julio Iglesias. La cosa ha cambiado. Ahora, si sales de España, “esta España muerta“, te preguntan por los “indignados” (lo saben decir hasta en castellano), por Rajoy, por la crisis, por Cataluña… te hablan incluso del ladrillazo. Te preguntan por los que emigran, por los parados, por los recortes sociales y, sobre todo, te preguntan “¿qué crees que va a pasar?”. Y la respuesta es siempre la misma: “no lo sé” (y tampoco sé si quiero saberlo, pienso a veces para mis adentros), “pero no pinta bien”. Eso respondo. No sé qué más responder. Puedo explicar que los policías golpean a la gente indiscriminadamente y que no llevan número de placa, o que hay manifestaciones casi a diario, o puedo hablar de desahucios, de paro, de recortes sociales, de desesperanza y de crispación… porque la crispación, y ésa es otra, no se respira en otros países europeos como se respira aquí. La gente no habla de política a todas horas, ni de la crisis, ni del euro, aunque las cosas allí tampoco sean perfectas. Y vuelves aquí, abres la prensa, y se te cae de nuevo el alma a los pies mientras esa pregunta ronda tu cabeza: “¿qué crees que va a pasar con España?”. Y no lo sabes, y lo peor de todo es que a veces te da miedo pensar en la respuesta, porque, quién sabe, tal vez en un año estos momentos no te parezcan tan malos.

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#12M: una pequeña crónica

Fue, tal vez, menos gente de la esperada (al menos de la que yo esperaba): no ayudó la sensación generalizada de que la policía podía cargar en cualquier momento. No había miedo, pero sí algo de inquietud.

Las 22:00 en la Puerta del Sol: entramos en la hora en que las concentraciones ya no están permitidas. Expectación. No pasa nada. En realidad no pasa nada durante las dos próximas horas. Escucho a una chica gritando “aquí no hacemos nada, vamos al Congreso”: nadie la escucha… o nadie la quiere escuchar, porque ni la miran siquiera.  Las 00:00: grito mudo, expectación… se han desafiado los horarios establecidos, no ha pasado nada. ¿Demostración de fuerza del 15M o indiferencia del poder establecido?

La gente empieza a irse y en la plaza apenas quedan un centenar de personas hasta que comienza la Asamblea. Llega mucha más gente que se sienta a intentar escuchar lo que se dice (y escribo intentar porque sólo con un megáfono es imposible escuchar nada). En la Asamblea se está decidiendo si se acampa o no mientras hay quienes ya andan montando el campamento: cartones, lonas, mochilas y hasta una maleta. Para cuando la Asamblea termina, ya hay incluso quienes duermen.  Lo que pasa un par de horas más tarde ya lo sabemos todos: desalojo y detenciones. Y de nuevo el efecto llamada, de nuevo las manifestaciones convocadas hoy a las 17:00, y de nuevo la sensación de que no se avanza, de que el 15M se pierde con lo estático (acampar)… aunque sea una minoría, aunque las asambleas avancen, aunque los grupos de trabajo funcionen. Todo el interés mediático, una vez más, en el viejo “¿acampar o no?“. Mientras, la apisonadora continúa su trabajo decretazos mediante. Lo viernes, recortes.

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15M: un año después, más necesario que nunca

Lo confieso: no tengo ni la más remota idea de hacia dónde vamos. No lo sé. Hace un año empecé con mucho escepticismo, me convertí en día y medio, me cuestioné algunas cosas y apoyé (y apoyo) decididamente otras. Pero da igual que las protestas sean globales, multitudinarias, pacíficas… El poder (entiéndase por poder lo que se quiera: mercados, gobiernos, Bankia o el presidente de la comunidad de vecinos que impide guardar bicis en el portal), pues a lo que iba, el poder sigue haciendo lo que le sale de los mismísimos. Viernes sí viernes también tenemos decretazo y disgustos: que si hoy nos cargamos la Sanidad, mañana las Autonomías, pasado los derechos laborales y en breve decretan falda para las mujeres y rasurado facial para los hombres (mejor no dar ideas).

Está claro que con biodanza, gritos mudos y abrazos colectivos no vamos a ninguna parte. Francamente, entre nosotros, si yo estuviera atropellando de esta forma el Estado de Bienestar y me vinieran con abrazos colectivos me reiría más que el Sr. Burns: “mírales, ya están otra vez abrazándose, qué enternecedor”.

Pero las cosas como son: hay que salir a la calle. Que sí, que sabemos lo que hacéis, sabemos cómo las gastáis, pero no me callo. Que quieres un pueblo sumiso y aborregado, pero no. Hay que posicionarse. Y quejarse. Porque hasta con eso quieren terminar: y sólo si callamos habremos perdido la batalla.

Convocatorias para esta semana en Madrid y una guía muy útil de no violencia.

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Algunas fotos del 29M

No faltaron las lecheras, ni el “puto helicóptero” ni las pancartas (tanto las de sindicatos como las del 15M echando a éstos en cara su pasividad). Pero sobre todo, no faltó la gente.

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‘Give me liberty': Naomi Wolf se adelantó a OWS

Naomi Wolf puso a finales de octubre su último libro, ‘Give me liberty’, a 2,99 $. No me lo pensé dos veces y ayer lo terminé de leer.

Escrito en 2008, Wolf se adelantó a las protestas que están teniendo lugar en EE.UU. con esta obra que pretende ser un “libro de mano para revolucionarios americanos”.

A través de sus páginas, Wolf describe ese ideal norteamericano de libertad “y justicia para todos” que de un tiempo a esta parte ha sido relegado mediante leyes restrictivas que en aras de la seguridad terminan con derechos civiles. Para ello hace un análisis histórico de las ideas que estaban presentes en los fundadores de EE.UU. cuando se fundó el país: desde el derecho a protestar a la igualdad, pasando por la libertad de prensa (cuenta el caso de Josh Wolf, encarcelado por no dar a la policía el vídeo original en el que se veía un brutal arresto policial). Poco a poco, y capítulo a capítulo, Wolf va analizando cada una de las libertades y derechos civiles que recoge la Constitución norteamericana (cuyo texto también reproduce de forma íntegra). Tras su lectura, uno descubre por qué en las protestas de Occupy Wall Street no se ven megáfonos y repiten las asambleas frase por frase (hace falta permisos casi imposible de conseguir) o por qué en las acampadas norteamericanas se ven banderas estadounidenses (algo que resultaría difícil de entender en España, sin ir más lejor). Es una buena forma de comprender las trabas y problemas a los que se enfrentan los activistas de EE.UU.

El tercer capítulo es un manual de activismo: consejos para tratar con la prensa cuando uno lucha por una causa, manuales para votar (no olvidemos que en EE.UU. hay que registrarse e incluso llamar para preguntar dónde tiene que votar uno), consejos para dar a conocer la causa que uno defiende mediante blogs y redes sociales y hasta los pasos que hay que seguir para poder luchar contra la falta de transparencia política. Parece que Naomi Wolf se hubiera adelantado a los acontecimientos que ahora tienen lugar en Norteamérica. De hecho Wolf hace campaña activa a favor de los indignados e incluso fue arrestada en una de las manifestaciones.

Aquí se puede descargar el tercer capítulo de forma gratuita: aunque las leyes varían mucho de un país a otro, algunos de los consejos que dan (desde cómo organizar manifestaciones hasta cómo comunicarse con la prensa) son válidos aquí y allí.

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15-O: éxito global

Hacía ya unos días que la convocatoria global del 15-O olía a éxito y no defraudó: se habla de 500.000 personas en Madrid, 250.000 en Barcelona, 200.000 en Roma, 30.000 en Santiago de Chile y asistencia en Nueva York, Londres, Berlín, Tokio, Seúl, Viena… Los datos no están completos a esta hora, pero está claro que la convocatoria global de ayer funcionó y que hay un descontento a nivel internacional que no se puede seguir ignorando.

En Madrid (donde la #mareaverde tuvo un gran protagonismo) la manifestación transcurrió sin más incidentes que la aglomeración: a las 21:00 aún había gente tratando de llegar a Sol desde Alcalá y avanzar en cualquier dirección era casi imposible.

La tranquilidad no fue la tónica general en todas las ciudades: en Nueva York hubo arrestos, en Berlín la ‘Polizei’ usó gas pimienta contra los manifestantes y en Roma una minoría eclipsó a la mayoría cientos de miles de personas que salieron pacíficamente (circunstancia que algún diario español ha utilizado para manipular la información de forma vergonzante).

Pese a todo, los medios de todo mundo destacan la globalización de las protestas, el descontento general y la respuesta masiva de ese 99% que no se siente representado por los Gobiernos, las grandes multinacionales y el FMI que andan deciendo el rumbo de la economía y la política a espaldas de los ciudadanos.

Ayer había quienes se indignaban en Twitter cuando los londinenses decían que se habían inspirado en el movimiento de #occupyWallStreet. “¡Que se empezó aquí!”, venían a decir algunos. Falso. En todo caso, empezó en el norte de África. No olvidemos que en Sol, los primeros días, se veían carteles en los que se podía leer ‘Tahrir Square’. Y en todo caso: ¿es que la indignación tiene copyright? No. Me da igual que la gente salga a la calle inspirada por neoyorquinos, tunecinos o madrileños. Lo importante es despertar y coger fuerza a nivel global. Da igual en quiénes se inspiren los vecinos. Nadie se puede subrogar la indignación porque no es una marca, es un sentimiento colectivo, y andar con “¿quién empezó antes?” o “yo lo vi primero” es absurdo. Además, insisto, si alguien se puede apropiar la idea de ocupar las plazas es el Norte de África.

La nota absurda de la noche la pusieron en Madrid un pequeño grupo de indignados que se dirigieron a la SER con la intención de que se leyera un comunicado cuyo contenido aún desconozco y que no fue consensuado en ningún momento por la Asamblea General de Sol. Teniendo en cuenta las críticas feroces a las que se somete a la prensa, es absurdo querer utilizarla y manipularla cuando conviene (obligar a leer algo es manipulación, guste o no). Aparte de un gran contrasentido (si los medios son tan malos, ¿por qué quieres utilizarlos?) es una acción desligitimadora y que nada tiene que ver con el espíritu del 15M. Afortunadamente, esa iniciativa peregrina no ha tenido repercusión ni ha sido respaldada. Pero sería interesante que algunas personas, antes de tomar acciones equívocas en nombre del 15-M, se planteara bien qué hace y con qué apoyos reales cuenta.

Me quedo mejor con la imagen de ese grito mudo en una Puerta de Sol llena de gente reivndicativa, pacífica e indignada con motivos.

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Hacia una protesta global. Segundo acto: 15O

El pasado 17 de septiembre se produjo el primer acto de la protesta global convocada frente a las bolsas de medio mundo. Supuso el despertar de buena parte de la sociedad americana.

El próximo 15 de octubre hay convocada una nueva protesta a nivel global: Grecia, España, Portugal, EE.UU., Japón, Finlandia, Argentina, Francia… Huelga decir que sobran los motivos. Basta con un repaso a los titulares de hoy: están robando a los griegos todo menos la dignidad, Merkel ya está abonando el terreno para inyectar más dinero a la Banca y EE.UU. pide a Europa que se invierta más dinero en defensa.

Luego está la letra pequeña, esa que no ocupa las portadas de la prensa a diario pero que se han encargado de recoger en la cuenta de Twitter de Madrilonia: la temporalidad de los contratos, el millar de personas que controlan el 80% de las empresas, los 18 billones que ya se han invertido en rescates… Y quien más o quien menos, tiene sus razones.

El 15 de octubre, toma la plaza.

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El 99%

Ya ni los estadounidenses creen en el ‘American dream‘. El mapa de EEUU muestra a una sociedad cada vez más disconforme. Ocupar el corazón del distrito financiero de la especulación no es baladí. Es EL símbolo. Fue allí donde empezó todo, con esa caída de Lehman Brothers que se pudo haber evitado y que no se quiso evitar.

No todos pueden estar en Wall Street, o en Washington, o en Portland, o en Seattle, o en Nueva Orleans… Pero no significa que no cuenten con mucho más apoyo. We are the 99%: así se llama la iniciativa on line que recoge el descontento de miles de ciudadanos estadounidenses que no tienen cobertura social, ni trabajo ni futuro. Exponen sus motivos en un papel. Suben la foto. ‘Somos el 99%’, firman. El 99% que ha quedado excluido del ‘sueño americano’.