Archivos de la Categoría: sociedad

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De sexo, porno y tecnología

Cindy Gallop

Hoy he pasado el día en la Tech Open Air (TOA), uno de esos eventos en los que fundadores de start-ups y startuppers-wannabe se hacen la pelota mutuamente y de paso se dan palmaditas en la espalda convencidos de que van a cambiar el mundo para bien, todo muy rollo “The Circle“. En estas conferencias (o keynotes, como se llaman ahora, que queda más cool), hay gente con dos dedos de  frente y postureo, mucho postureo. Entre los segundos he escuchado defensas acérrimas del síndrome de Peter Pan (“suspended adulthood” lo llaman) e ideas para ayudar a los refugiados que pasan (agárrense que vienen curvas) por montar un festival de música en la frontera greco-turca: como todo el mundo sabe, lo que necesitaba un refugiado atrapado en Grecia es un montón de hipsters jugando a ser solidarios mientras se emborrachan de cerveza y ego…

Al margen del típico flipado de la vida, también ha habido conferencias más que decentes, curiosamente, las mejores, las han dado mujeres que superaban con creces la media de edad de los asistentes, como Paola Antonelli, que ha presentado el brutal proyecto del MoMA “Design and violence“. Pero si hay una ponente que se ha ganado el título de jefa suprema, ésa es Cindy Gallop (a quien no sé cómo no he descubierto hasta hoy, dicho sea de paso). Hace 7 años lanzó Makelovenotporn.com, que tiene detrás una idea muy obvia: reivindicar el sexo en vez del porno. En su web no sólo explica la diferencia entre porno y sexo en la vida real en temas como la depilación brasileña o el sexo anal, sino que además enfatiza en ideas importantísimas: el consentimiento, la empatía y el diálogo. La cosa no queda ahí, claro, también hay una web en la que la gente puede compartir sus experiencias, sus vídeos… y ganar dinero con ellos. Pero hay mucho más detrás, por supuesto, y lo ha habido también en la presentación de Gallop, y es la idea de que las mujeres podemos redefinir no sólo la industria del sexo, sino también la de la tecnología: como la sociedad, las start-ups están plagadas de hombres heterosexuales blancos repitiendo los mismos esquemas de siempre, por muy innovadores que sean en algunos campos, el modelo final que exportan es más de lo mismo. Gallop lo ha dejado claro hoy: “women challenge the status quo because we are never it”.  ¿Ingenuidad? No. Es imposible escuchar a Gallop, ver cómo se merienda a todos los millenials, cómo se pasa por el forro las convenciones y encima se gana la vida con ello y no creerla.

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Pegida sólo quiere niños arios

 

Kinderschokolade

Marchando otra de mi “Hassobjekt” favorito: Pegida, ese grupo que declara luchar contra la “islamización de occidente” y cuyos seguidores niegan ser nazis o racistas, por más que sus actos digan lo contrario. Hoy, además, han demostrado al mundo que también son idiotas. Una de las facciones del grupo, en el sur de Alemania, ha lanzado en internet una campaña de boicot al chocolate Kinder: que en  las cajas de las chocolatinas hubiera niño de todos los colores en vez del clásico ario no les ha sentado nada bien. Algunos seguidores han empezado a dejar comentarios en el post de Facebook que ha originado la polémica (y que me niego a buscar y enlazar) y en Twitter anunciando que iban a boicotear a Ferrero y que poco menos que se acercaba el fin de la civilización y que a lo mejor se trataba de “advertencias de futuros terroristas”.

Lo que han demostrado, en realidad, es que son todo lo racistas que niegan ser, pero además han hecho el mayor de los ridículos, porque esos niños no son otros que los jugadores de la selección alemana.

La respuesta en Twitter no se ha hecho esperar, y bajo el hashtag #cutesolidarity cientos de alemanes están compartiendo sus fotos infantiles contra Pegida o comparándoles con Hitler en el hashtag #Kinderschokolade.

Yo creo que mañana me voy al súper a comprar Kinder bueno, pero sólo si llevan la cara de Boateng o Gundogan.

 

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Ai Weiwei convierte a los refugiados en carne de photocall

#cinemaforpeace Berlin

Una foto publicada por Ai Weiwei (@aiww) el

En su última cruzada, Ai Weiwei ha decidido llamar la atención sobre el tema de los refugiados, pero hace ya tiempo que cruzó la línea que separa la preocupación con la explotación: primero fue a Lesbos a hacerse selfies con los refugiados y después hizo el ridículo posando como Aylan. Pero una de las escenas más vergonzantes se ha producido en la Berlinale, donde se ha terminado de convertir un drama huminatario en carne de papel cuché y fama 2.0.

El lunes se celebró en la Berlinale la gala Cinema for Peace, que premia las películas que promueven la paz y el entendimiento. Hasta ahí, todo más o menos normal. Ai Weiwei aprovechó la ocasión para llamar la atención sobre los refugiados colocando cientos de chalecos salvavidas en las columnas del Konzerthaus, el teatro que acogió la gala. También colgó un bote utilizado  por quienes cruzan el Mediterráneo huyendo de la guerra con las palabras “safe passage”. Pero el artista chino parece haber olvidado la persecución que él mismo ha sufrido y aquéllo le debió parecer poco, así que decidió que se colocaran las mantas térmicas que recibien los refugiados al llegar a la costa en las sillas de los invitados a la gala para después pedirles que se cubrieran con ellas y se hicieran un selfie. Y ahí la cosa se convirtió en algo dantesco, con Charlize Theron y Pussy Riot llenando las páginas de la prensa alemana de fotos en las que las vemos cubriendo sus vestidos de alta costura y sus diamantes con las mantas doradas mientras posan sonrientes a la cámara. La indignación no tardó en llgar a las redes sociales, donde #cinemaforpeace se convirtió en trending topic  algunos se apresuraron a mostrar el destino de las mantas: arrinconadas en las esquinas junto a botellas de alcohol vacías. Querían mostrar solidaridad y apoyo, han demostrado frivolidad.

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Lo que diga Beyoncé

Se ve que había más invitados a actúar en la gala de la Superbowl aparte de Beyoncé, pero de quien se habla hoy, es de Bey. De su caída que no fue caída (Madonna debe envidiarla mucho ahora), de su estilismo homenaje a Michael Jackson pero sobre todo,  y ésto es lo que me parece más interesante, de ese ejército de mujeres vestidas como las Panteras Negras que sacó a bailar “Formation” (también era sólo de mujeres la orquesta que acompañaba su actuación). Después del patinazo del vídeo con Coldplay (yo aún no le he perdonado a Madonna lo de “La isla bonita”, así que imagino que contentos deben estar en india), hacía falta recuperar a Queen Bey en todo su esplendor y nada para hacerlo como reivindicando su cultura y denunciando las muertes sistemáticas a manos de la policía de jóvenes cuyo único delito es ser negros. Si “Formation” ya levantó ampollas por su denuncia nada velada a la desidia de los políticos tras el paso del huracán Katrina, en la SuperBowl, que es lo más visto en la televisión norteamericana, ha optado por un mensaje más radical reivindicando a esas Panteras Negras que abogaban por la organización y la autodefensa. Sí, era un claro guiño al movimiento Black Lives Matter, y sus bailarinas tampoco ocultaron las pancartas que pedían justicia para Mario Woods. Y eso ha molestado mucho a ese “establishment” encantado con las ediciones de óscars en las que sólo se nomina a blancos y con las mujeres que se limitan a lucir palmito y escote, pero no demasiado.

Que a las mujeres se las utilice sistemáticamente para vender productos parece que no es grave, pero que Beyoncé reivindique los derechos de la comunidad negra es una afrenta de la que opina hasta Giuliani. A mí, creo que no hace falta decirlo, me parece estupendo lo que ha hecho Beyoncé: que aproveche su fama y el alcance que tiene cada uno de sus movimientos para soltar mensajes feministas o reclamar justicia es algo que no sólo no debería escandalizarnos, sino que deberíamos celebrar. Ya está bien de artistas calladitos, políticamente correctos, que aunque sean más conocidos que Jesucristo no abren la boca no sea que molesten a alguien. Y si con su actuación Beyoncé ha conseguido que alguien lea hoy las noticias para saber qué pasa en EEUU, o que busque en Google quiénes eran las Panteras Negras, o ha provocado un ataque de urticaria a los acólitos de Donald Trump, ya ha hecho mucho.

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¿Qué es Liquen?

Liquen

Si alguna vez has buscado información en Wikipedia (y probablemente no seas de este planeta si nunca lo has hecho) habrás observado ese sesgo WASP que tiene: buscar información sobre minorías o mujeres relevantes frustra, porque o bien es escasa, o apesta a patriarcado. Un sencillo ejemplo: la búsqueda de Sartre muestra un extenso índice dedicado a su obra y pensamiento. Si buscamos a Simone de Beauvoir, el índice antepone la muerte de Sartre y sus relaciones personales a su obra. Y no, esos apartados no existen en la entrada dedicada al primero. Da igual que estemos ante una de las feministas y pensadoras más relevantes del siglo XX, su papel como “pareja de” y su vida sentimental cuentan más para los editores de la Wikipedia, en su mayoría, hombres (nada menos que el 90% de quienes dedican su tiempo a la web). Las mujeres no son las únicas que salen perdiendo: cualquier minoría o país que no pertenezca a occidente y el primer mundo también ven mermada su representación.

El problema no se ciñe a la Wikipedia, sino que es extensible a buena parte de las redes sociales, donde mujeres y minorías ven cómo se perpetúan estereotipos manidos (es una ironía que sea una mujer, Hedy Lamarr, quien sentara las bases de la comunicación digital inalámbrica).

Volviendo a la pregunta de qué es Liquen: pues es nada menos que un proyecto que pretende terminar con ese ‘status quo’ no sólo estudiando ese sesgo, sino creando una app que permita explorar la Wikipedia informando sobre el mismo. Y tú puedes ayudar: basta con registrarse en esta web (no lleva ni cinco minutos) y participar en un sencillo cuestionario: unx puede quejarse, pero eso no basta para cambiar las cosas.

 

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La RAF también quiere sus vacaciones en Mallorca

raf

La última generación de la RAF también se quiere jubilar, e imagino, que a la alemana: en Mallorca, tomando el sol en invierno en vez de pasando frío en las articulaciones a -11 grados. Y claro, como es de esperar, no tienen pensión alguna. Hoy me han preguntado que por qué no han trabajado estos años… una de esas preguntas a las que no sabes si responder con pena, ante la ingenuidad del interlocutor, o con una colleja, pero ésa es otra historia.

Así que cuando les ha llegado la hora de pensar en la jubilación, Daniela Klette, Ernst-Volker Wilhelm Staub y Burkhard Garweg han hecho lo que cualquier personaje de comedia de Woody Allen: dedicarse al robo. Pero les ha salido tan mal como a los personajes de “Granujas de medio pelo”, y no sólo siguen sin dinero, sino que además la policia está a punto de darles caza gracias a las muestras de ADN encontradas en las escenas de los intentos de robo que protagonizaron en junio y diciembre.

Ayer no había periódico alemán que no se hiciera eco de la noticia, hacer la cola en el supermercado junto a un montón de diarios que mostraban las fotos de los cachorros de la RAF en portada impresionaba, pero la mejor, sin duda, la portada de TAZ.

taz

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Fact-check antes de ir a votar

Viñeta de El Roto

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Siglo XXI… y la regla aún es tabú

Fotografía de Rupi Kaur censurada DOS veces por Instagram
Fotografía de Rupi Kaur censurada DOS veces por Instagram

La regla aún es tabú. Puede que ya apenas se escuchen cosas como que no puedes hacer mayonesa cuando tienes el período porque se corta, pero hablar de la menstruación sigue siendo tabú. Hace años, recuerdo leer una entrevista que hicieron a Shirley Manson y en la que decía al periodista que no tenía ni idea de lo que era desangrarse entre las piernas una vez al mes. Han pasado casi 20 años desde que leí aquello, y esas palabras siguen resonando en mi cabeza: si necesitas tampones en el trabajo te los pasan clandestinamente, tus compañeras hablan en voz baja cuando piden un tampax o un ibuprofeno, no se habla de la regla cuando hay hombres delante, no sea que piensen que estás “en esos días”, y si anuncian ropa interior pensada para mujeres de carne y hueso, que ovulan una vez al mes, la censuran como si estuviéramos en el medioevo.

A la mujer se la puede sexualizar hasta la saciedad, utilizar para vender lo que haga falta, pero que no se le ocurra desangrarse entre las piernas, retorcerse de dolor o manchar la ropa interior. La mujer puede parir, pero debe ser que se preña por ciencia infusa, porque de la ovulación mejor no hablar. Seguimos como siempre: o puta en la cama y señora en la mesa, o madre, o virgen. Nada de términos medios. Los tampones tienen impuestos de artículo de lujo, como si fuera un Louis Vuitton o un Porsche, igual, y no como algo que se necesita cada mes (si nuestros políticos ovularan, segura estoy de que subvencionarían compresas y tampones, o directamente, serían gratuitos).

Luego están las preguntas dichosas: pobre de ti como tengas un mal día, que ya te soltará algún troglodita la dichosa frase de “¿qué te pasa, que estás con la regla?” Yo hace unos años aún respondía a la defensiva, ahora directamente digo que no, que en todo caso se refieren al SPM, que a ver si nos informamos, y que si acaso yo achaco sus malos días a qué sé yo, una pitopausia anticipada.  Ya sé lo que toca escuchar después: es que hay que ver las feministas cómo sois, mira qué graciosa, jajajaja, no es para tanto… Y así, sandez tras sandez. Porque la mujer puede parir (pero ojo con dar el pecho en público), o ser una puta en la cama y una señora en la mesa, pero no puede menstruar, ni desangrarse entre las piernas, ni mentar siquiera un tampón, que el 50% del planeta que ni menstrua ni conoce la diferencia entre óvulo y ovario o dolor menstrual y SPM, se escandaliza, se asusta, se queda clavado en la silla sin saber qué decir… aunque a la hora de firmar leyes que gravan artículos de higiene como si fueran de lujo no le tiemble la mano ni un poquito.

 

política sociedad

La encrucijada de Alemania

Spiegel, agosto 2015

El pasado mes de agosto, Spiegel publicaba un número con portada doble que analizaba las reacciones a la llegada de refugiados a Alemania. Por un lado, mostraba la cara más amable, la de los ciudadanos que se han volcado en ayudar y por el otro, la de esa Alemania negra que sale a la calle cada lunes con Pegida para protestar contra la islamización de occidente. Cuando parecía que Pegida perdía fuelle, la crisis de los refugiados ha inflamado las protestas, y ayer, en una manifestación a la que acudieron 20.000 personas se vivieron ataques a periodistas, agresiones a marroquíes y lo más delirante, un escritor de origen turco lamentando en el púlpito que los campos de concentración ya no estén en uso. Akif Pirinçci, que así se llama el mirlo blanco, ha visto cómo le emplaza la fiscalía, cómo su editorial le da la patada y cómo se convierte en el objeto de burlas en prensa y redes sociales. El escándalo ha sido tan grande que hasta los partidarios de Pegida han mostrado su rechazo (algunos periodistas dicen que el público lo abucheó) y Lutz Bachman, el líder de Pegida, ha salido a disculparse públicamente. Parece que  su estrategia de invitar al podio a gente de origen extranjero para demostrar que no es racista le ha salido mal, y podría hacer que muchos de sus seguidores le den la espalda, pero sigue teniendo el apoyo de la extrema derecha y ya llaman la atención sobre el problema incluso desde el Parlamento Europeo: casi cada semana incendian albergues de refugiados y sólo hace unos días que apuñalaban a la candidata a la alcaldía de Colonia por su política de asilo.

Por cada manifestación de Pegida, ya lo he contado alguna vez, hay una contramanifestación, gestos de rechazo institucionales (el apagado de los edificios simbólicos, las pancartas contra el odio en la ópera de Dresde) y la condena generalizada (hasta el sensacionalista Bild, que es a la prensa alemana lo que el Daily Mail a la británica, hoy ha publicado los comentarios xenófobos que muchos alemanes vierten en la red); pero siguen los ataques y las reuniones (los “paseos”, como los llaman). El problema está ahí,  y no es fácil: no se pueden prohibir las reuniones de Pegida porque les daría más fuerza. Hay que educar, pero sobre todo, mostrar cero tolerancia, porque si algo nos ha enseñado la historia reciente de Alemania, es que ese callar y dejar hacer tiene resultados nefastos.

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Alemania, años 20; Grecia, años 10

weimar

Los extractos que siguen forman parte de “Weimar Republic: Promise and Tragedy” de Eric D. Weitz. Propongo un ejercicio: cambiar Alemania por Grecia, Londres por Berlín y y aliados por FMI y BCE.

The Germans claimed an incapacity to pay; the Allies demandeed that Germany meet its obligations. A stream of high-ranking German visitors descended on London. (…) The Germans managed only to sow confusion. Some supported the policy of fulfillment – meeting Alied obligations while working diplomatically to revise the reparations bill downward. Others argued that Germany simply had no capacity to pay, and tried to convince the Allies of this reality. Still, other German were just recalcitrant and demanded sheer refusal – no negotiations, no payments, nothing.

Al final Alemania logró una revisión de la deuda, que de todas formas no se terminó de pagar hasta 1987.

Another round of negotiations in 1929 led to the last formal agreement, the Young Plan (again named for a U.S. banker who led the negotiations), which lowered the overall burden and set up a schedule of payments that would be fulfilled, finally, in 1987.

By best estimates today, reparations, had they been fully paid, would have amounted to 10 to 12 percent of Germany´s national income each year.

Nada que añadir.