Archivos de la Categoría: política

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¡Qué fácil es votar en Alemania!

 

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Por elecciones que no quede: el próximo 18 de septiembre hay locales en Alemania, y los residentes de países de la Unión Europea podemos votar a los representantes del distrito. No es poca cosa: entre las cosas que se discuten está si deben o no abrirs los “spätis” en domingo, si los gays deben tener los mismos derechos que un matrimonio heterosexual, si permitir o no el alquiler de pisos para turistas, si la policía debe llevar cámaras en el uniforme o si el aeropuerto de Tegel debe o no seguir funcionando cuando se inaugure el de Berlín (inserte aquí una carcajada).

Aunque en su momento leí que yo tenía derecho a votar y había guardado un PDF con toda la información, la sorpresa llegó en forma de carta: ahí no sólo te explicaban qué se vota, cuándo y en qué colegio y mesa te toca, sino que sorpresa, también incluye la información en inglés.

El problema, claro, es qué votar (qué no votar lo tengo clarísimo) y hasta éso resulta fácil: hay dos tests on line en los que te plantean los principales puntos de lo que está en juego, tanto en Berlín, como en cada barrio (que es lo que podemos elegir los residentes comunitarios). Algunas preguntas coinciden (la del aeropuerto, por ejemplo), otras, depende del “kiez” de cada uno. Además, luego se puede ver la postura de cada partido con respecto a cada propuesta y leer sus argumentos para estar a favor o en contra.

Así que nada, el 18 otra vez a votar. A este paso, antes de que termine el año puedo escribir un manual sobre procesos electorales para emigrados, pero en éstas también voto.

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Pegida sólo quiere niños arios

 

Kinderschokolade

Marchando otra de mi “Hassobjekt” favorito: Pegida, ese grupo que declara luchar contra la “islamización de occidente” y cuyos seguidores niegan ser nazis o racistas, por más que sus actos digan lo contrario. Hoy, además, han demostrado al mundo que también son idiotas. Una de las facciones del grupo, en el sur de Alemania, ha lanzado en internet una campaña de boicot al chocolate Kinder: que en  las cajas de las chocolatinas hubiera niño de todos los colores en vez del clásico ario no les ha sentado nada bien. Algunos seguidores han empezado a dejar comentarios en el post de Facebook que ha originado la polémica (y que me niego a buscar y enlazar) y en Twitter anunciando que iban a boicotear a Ferrero y que poco menos que se acercaba el fin de la civilización y que a lo mejor se trataba de “advertencias de futuros terroristas”.

Lo que han demostrado, en realidad, es que son todo lo racistas que niegan ser, pero además han hecho el mayor de los ridículos, porque esos niños no son otros que los jugadores de la selección alemana.

La respuesta en Twitter no se ha hecho esperar, y bajo el hashtag #cutesolidarity cientos de alemanes están compartiendo sus fotos infantiles contra Pegida o comparándoles con Hitler en el hashtag #Kinderschokolade.

Yo creo que mañana me voy al súper a comprar Kinder bueno, pero sólo si llevan la cara de Boateng o Gundogan.

 

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Ai Weiwei convierte a los refugiados en carne de photocall

#cinemaforpeace Berlin

Una foto publicada por Ai Weiwei (@aiww) el

En su última cruzada, Ai Weiwei ha decidido llamar la atención sobre el tema de los refugiados, pero hace ya tiempo que cruzó la línea que separa la preocupación con la explotación: primero fue a Lesbos a hacerse selfies con los refugiados y después hizo el ridículo posando como Aylan. Pero una de las escenas más vergonzantes se ha producido en la Berlinale, donde se ha terminado de convertir un drama huminatario en carne de papel cuché y fama 2.0.

El lunes se celebró en la Berlinale la gala Cinema for Peace, que premia las películas que promueven la paz y el entendimiento. Hasta ahí, todo más o menos normal. Ai Weiwei aprovechó la ocasión para llamar la atención sobre los refugiados colocando cientos de chalecos salvavidas en las columnas del Konzerthaus, el teatro que acogió la gala. También colgó un bote utilizado  por quienes cruzan el Mediterráneo huyendo de la guerra con las palabras “safe passage”. Pero el artista chino parece haber olvidado la persecución que él mismo ha sufrido y aquéllo le debió parecer poco, así que decidió que se colocaran las mantas térmicas que recibien los refugiados al llegar a la costa en las sillas de los invitados a la gala para después pedirles que se cubrieran con ellas y se hicieran un selfie. Y ahí la cosa se convirtió en algo dantesco, con Charlize Theron y Pussy Riot llenando las páginas de la prensa alemana de fotos en las que las vemos cubriendo sus vestidos de alta costura y sus diamantes con las mantas doradas mientras posan sonrientes a la cámara. La indignación no tardó en llgar a las redes sociales, donde #cinemaforpeace se convirtió en trending topic  algunos se apresuraron a mostrar el destino de las mantas: arrinconadas en las esquinas junto a botellas de alcohol vacías. Querían mostrar solidaridad y apoyo, han demostrado frivolidad.

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Lo que diga Beyoncé

Se ve que había más invitados a actúar en la gala de la Superbowl aparte de Beyoncé, pero de quien se habla hoy, es de Bey. De su caída que no fue caída (Madonna debe envidiarla mucho ahora), de su estilismo homenaje a Michael Jackson pero sobre todo,  y ésto es lo que me parece más interesante, de ese ejército de mujeres vestidas como las Panteras Negras que sacó a bailar “Formation” (también era sólo de mujeres la orquesta que acompañaba su actuación). Después del patinazo del vídeo con Coldplay (yo aún no le he perdonado a Madonna lo de “La isla bonita”, así que imagino que contentos deben estar en india), hacía falta recuperar a Queen Bey en todo su esplendor y nada para hacerlo como reivindicando su cultura y denunciando las muertes sistemáticas a manos de la policía de jóvenes cuyo único delito es ser negros. Si “Formation” ya levantó ampollas por su denuncia nada velada a la desidia de los políticos tras el paso del huracán Katrina, en la SuperBowl, que es lo más visto en la televisión norteamericana, ha optado por un mensaje más radical reivindicando a esas Panteras Negras que abogaban por la organización y la autodefensa. Sí, era un claro guiño al movimiento Black Lives Matter, y sus bailarinas tampoco ocultaron las pancartas que pedían justicia para Mario Woods. Y eso ha molestado mucho a ese “establishment” encantado con las ediciones de óscars en las que sólo se nomina a blancos y con las mujeres que se limitan a lucir palmito y escote, pero no demasiado.

Que a las mujeres se las utilice sistemáticamente para vender productos parece que no es grave, pero que Beyoncé reivindique los derechos de la comunidad negra es una afrenta de la que opina hasta Giuliani. A mí, creo que no hace falta decirlo, me parece estupendo lo que ha hecho Beyoncé: que aproveche su fama y el alcance que tiene cada uno de sus movimientos para soltar mensajes feministas o reclamar justicia es algo que no sólo no debería escandalizarnos, sino que deberíamos celebrar. Ya está bien de artistas calladitos, políticamente correctos, que aunque sean más conocidos que Jesucristo no abren la boca no sea que molesten a alguien. Y si con su actuación Beyoncé ha conseguido que alguien lea hoy las noticias para saber qué pasa en EEUU, o que busque en Google quiénes eran las Panteras Negras, o ha provocado un ataque de urticaria a los acólitos de Donald Trump, ya ha hecho mucho.

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La RAF también quiere sus vacaciones en Mallorca

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La última generación de la RAF también se quiere jubilar, e imagino, que a la alemana: en Mallorca, tomando el sol en invierno en vez de pasando frío en las articulaciones a -11 grados. Y claro, como es de esperar, no tienen pensión alguna. Hoy me han preguntado que por qué no han trabajado estos años… una de esas preguntas a las que no sabes si responder con pena, ante la ingenuidad del interlocutor, o con una colleja, pero ésa es otra historia.

Así que cuando les ha llegado la hora de pensar en la jubilación, Daniela Klette, Ernst-Volker Wilhelm Staub y Burkhard Garweg han hecho lo que cualquier personaje de comedia de Woody Allen: dedicarse al robo. Pero les ha salido tan mal como a los personajes de “Granujas de medio pelo”, y no sólo siguen sin dinero, sino que además la policia está a punto de darles caza gracias a las muestras de ADN encontradas en las escenas de los intentos de robo que protagonizaron en junio y diciembre.

Ayer no había periódico alemán que no se hiciera eco de la noticia, hacer la cola en el supermercado junto a un montón de diarios que mostraban las fotos de los cachorros de la RAF en portada impresionaba, pero la mejor, sin duda, la portada de TAZ.

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Votar con la nariz tapada

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Cuando vives en el extranjero, no existe la jornada de reflexión. Si eres uno de los afortunados que logra votar, el plazo era hoy para hacerlo por correo, hasta el viernes en la embajada. Total, que mañana me tengo que pegar madrugón para cruzar Berlín, dejar mi voto  y llegar a tiempo al trabajo, porque en el consulado tienen horario de funcionario de los 70: de 9 a 14, y de 9 a 13 los viernes, que hay un biergarten estupendo con lago y todo justo frente a la embajada y el aperitivo ya se sabe que es sagrado, aunque sea con estufa exterior o a cubierto.

He perdido la cuenta de las elecciones en que he votado para echar al PP y para que mi voto no ayudara al partido mayoritario con la ley D’Hondt, así que ya llevaba unas cuantas elecciones votando por convicción, aunque supiera que no iba a ver jamás una victoria, un poco como ese fan del Atleti que de repente se lleva la sorpresa de su vida cuando su equipo se impone a los favoritos (aunque confieso que en las municipales me llevé una sorpresa).

Esta vez, estoy siendo indecisa hasta al final. Creo que si me dieran un mes más seguiría indecisa… o decidida del todo, porque cada vez que nuestros políticos hablan, me posiciono más. En todo caso, me veo votando mañana con la nariz tapada, tratando de olvidar según que declaraciones y gestos, según que bandazos, según qué gestos de nueva política que huelen demasiado a la vieja (¿alguien más se acuerda del “oxi” de Syriza?) o prácticamente echando mi voto a cara o cruz.

Quiero creer como muchos que estas elecciones son decisivas, pero no me lo creo: me veo al PP cuatro años más y dentro de otros cuatro, a un Rivera crecidito y ebrio de poder, y mientras, más reducción de libertades, más mordazas, más emigración, más precariedad, más pobreza… Y que alguien me explique cómo la gente ha picado el anzuelo con lo de que Ciudadanos no son de derechas, que pensé que habíamos aprendido algo después de UPyD.

Así que mañana voto, soy una de las privilegiadas que vive en el extranjero y lo puedo hacer, y si eso no me pesara tanto, lo mismo metía un papel que dijera “a mamarla todos”.

 

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Votar desde el extranjero: la odisea continúa

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A 19 días de que se celebren las elecciones generales, ya hay españoles a los que no han enviado siquiera las papeletas, que según la normativa, tenían que haberse empezado a mandar ayer.

19 días parecen suficientes para votar, pero para muchos, no lo son tanto. Veamos: tenemos un macropuente en España a la vuelta de la esquina, así que descontando festivos y domingos, quedan en realidad 14 días para que podamos votar quienes vivimos en el extranjero. ¿Por qué 14? Fácil: en el consulado se puede votar los días 16, 17 y 18 de diciembre. ¿Pero qué pasa con quienes no viven donde hay oficina consular? Tienen que recibir las papeletas y mandarlas a España de vuelta hasta el día 15. Estamos hablando de cientos de miles de personas que sólo tienen 10 días. Pongamos que se trata de alguien que vive en una ciudad pequeña, o en la otra punta del planeta o en cuya ciudad no reparten correo los sábados (en Alemania, por ejemplo, reparten el correo los sábados, pero sólo salen cartas hasta las 17, todo lo que se lleve a correos un minuto más tarde no sale hasta el día siguiente).

Con más de 2 millones de españoles censados en el extranjero, estamos hablando de un buen puñado de votos. La gente de Marea Granate está preguntando por Facebook cómo andan las solicitudes, y aunque ya han salido las papeletas de circunscripciones como Coruña, Valladolid o Badalona, de Madrid, por ejemplo, no ha salido ni una.

Así que ahí estamos, una vez más pendiente de la web del INE, dando al F5 cada día con la esperanza de que nos permitan votar contra el PP y Rivera o meter un gran corte de mangas en la papeleta si nos da la gana. Pero que no nos roben el voto otra vez.

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Fact-check antes de ir a votar

Viñeta de El Roto

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La encrucijada de Alemania

Spiegel, agosto 2015

El pasado mes de agosto, Spiegel publicaba un número con portada doble que analizaba las reacciones a la llegada de refugiados a Alemania. Por un lado, mostraba la cara más amable, la de los ciudadanos que se han volcado en ayudar y por el otro, la de esa Alemania negra que sale a la calle cada lunes con Pegida para protestar contra la islamización de occidente. Cuando parecía que Pegida perdía fuelle, la crisis de los refugiados ha inflamado las protestas, y ayer, en una manifestación a la que acudieron 20.000 personas se vivieron ataques a periodistas, agresiones a marroquíes y lo más delirante, un escritor de origen turco lamentando en el púlpito que los campos de concentración ya no estén en uso. Akif Pirinçci, que así se llama el mirlo blanco, ha visto cómo le emplaza la fiscalía, cómo su editorial le da la patada y cómo se convierte en el objeto de burlas en prensa y redes sociales. El escándalo ha sido tan grande que hasta los partidarios de Pegida han mostrado su rechazo (algunos periodistas dicen que el público lo abucheó) y Lutz Bachman, el líder de Pegida, ha salido a disculparse públicamente. Parece que  su estrategia de invitar al podio a gente de origen extranjero para demostrar que no es racista le ha salido mal, y podría hacer que muchos de sus seguidores le den la espalda, pero sigue teniendo el apoyo de la extrema derecha y ya llaman la atención sobre el problema incluso desde el Parlamento Europeo: casi cada semana incendian albergues de refugiados y sólo hace unos días que apuñalaban a la candidata a la alcaldía de Colonia por su política de asilo.

Por cada manifestación de Pegida, ya lo he contado alguna vez, hay una contramanifestación, gestos de rechazo institucionales (el apagado de los edificios simbólicos, las pancartas contra el odio en la ópera de Dresde) y la condena generalizada (hasta el sensacionalista Bild, que es a la prensa alemana lo que el Daily Mail a la británica, hoy ha publicado los comentarios xenófobos que muchos alemanes vierten en la red); pero siguen los ataques y las reuniones (los “paseos”, como los llaman). El problema está ahí,  y no es fácil: no se pueden prohibir las reuniones de Pegida porque les daría más fuerza. Hay que educar, pero sobre todo, mostrar cero tolerancia, porque si algo nos ha enseñado la historia reciente de Alemania, es que ese callar y dejar hacer tiene resultados nefastos.

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Alemania, años 20; Grecia, años 10

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Los extractos que siguen forman parte de “Weimar Republic: Promise and Tragedy” de Eric D. Weitz. Propongo un ejercicio: cambiar Alemania por Grecia, Londres por Berlín y y aliados por FMI y BCE.

The Germans claimed an incapacity to pay; the Allies demandeed that Germany meet its obligations. A stream of high-ranking German visitors descended on London. (…) The Germans managed only to sow confusion. Some supported the policy of fulfillment – meeting Alied obligations while working diplomatically to revise the reparations bill downward. Others argued that Germany simply had no capacity to pay, and tried to convince the Allies of this reality. Still, other German were just recalcitrant and demanded sheer refusal – no negotiations, no payments, nothing.

Al final Alemania logró una revisión de la deuda, que de todas formas no se terminó de pagar hasta 1987.

Another round of negotiations in 1929 led to the last formal agreement, the Young Plan (again named for a U.S. banker who led the negotiations), which lowered the overall burden and set up a schedule of payments that would be fulfilled, finally, in 1987.

By best estimates today, reparations, had they been fully paid, would have amounted to 10 to 12 percent of Germany´s national income each year.

Nada que añadir.