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El feminismo vende

El feminismo vende: ahí está Lena Dunham, por ejemplo, que con su newsletter ha logrado 400.000 suscriptores en medio año y un índice de apertura del 65% (vamos, que no termina en la papelera sin abrir). No sólo eso: el contenido de Lenny acaba copando incluso los titulares de la prensa generalista, como pasó con la carta abierta de Jennifer Lawrence sobre la brecha salarial en Hollywood.

Después de años de letargo, en que parecía que escribir de según qué temas estaba fuera de lugar (¿pero por qué eres feminista, si ya hay igualdad?, es la pregunta más estúpida que he aguantado durante años… y los que me quedan), de repente hay un boom de hablar y abordar el feminismo. Pero aún estamos a años luz de lo que deberíamos tener. Habrá a quien le parezca que se habla mucho del tema, pero aún estamos rodeados de mierda. Según un estudio de 2010, el 46% de las historias que se escribían sobre mujeres sólo reforzaban los esterotipos de siempre. En 2015 las cosas no eran mucho mejores (este estudio tiene más de 100 páginas, pero ya en el índice salen datos incómodos sobre los medios en EE.UU.). O la brecha salarial entre hombres y mujeres, que en un país como Alemania es del 21.6% (sólo superada por Estonia y Austria).

En los últimos años los medios se han dado cuenta de que el feminismo vende, y ya sea por verdadero interés o por no quedarse al remolque de los clicks que podrían pillar, cada vez hay más contenidos sobre el tema. A los segundos, a los que van a por el click, se les caza inmediatamente, porque suelen caer en el “mansplaining”: hombres que no sabrían ni cómo usar un tampón, que nunca han sufrido discriminación salarial o a los que jamás han preguntado en  cuándo piensan tener hijos se empeñan en opinar de feminismo, en explicárnoslo y peor aún, en criticarlo, porque ellos lo valen, claro, porque es lo que han estado haciendo toda la vida, dominar la conversación, la agenda… y no van a perder su privilegio ahora, así tengan que descalificar a la mujer de turno, acusarnos de feminazis o sacarse de la manga un homenaje rancio. Y esta semana, toca todo eso. Hay medios que hacen una labor diaria de denuncia de la desigualdad, pero hay otros que sólo se acuerdan esta semana, porque toca pillar clicks, mejorar el posicionamiento SEO y viralizarse en las redes sociales. Medios que reproducen los peores clichés a diario, que reducen la presencia de la mujer a la sección de bazares cosméticos o cuyas plantillas apestan a testosterona sacarán esta semana su columnita o reportajito de rigor, no sea que los tilden de machistas. Y habrá hombres explicándonos lo difícil que es ser mujer, lo reivindicable que es X o Z, o lo horrorosas que son Y y W o peor aún, lo feminazis que somos y cuánto sacamos las cosas de quicio. Y mientras esos medios que nunca se acuerdan de nosotras y en cuyos titulares las mujeres “aparecen muertas” y no son asesinadas o dan cabida a hombres que hacen uso de su privilegio y les pagan por columnas en las que se limitan al “mansplaining”, las que tenemos que luchar a diario contra el techo de cristal somos nosotras.

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Las prisas por dar la exclusiva

Hay que ser los primeros, tuitear una noticia antes que nadie, ir a saco a por los retuits, los favs, los titulares y los clics, aunque sea a costa de difundir información falsa. ¿Que el Bild  -el diario más sensacionalista  y menos riguroso de Alemania- dice que se ha encontrado una ambulancia cargada de explosivos en Hannover y que buscan a un médico a la fuga? A traducir, a tuitear, a apropiarse la información.

¿Qué hay rumores no verificados de un plan para atentar contra La Defence? Avisa al becario y que saque una nota rápida, no sea que luego sea verdad  y haya perdido posicionamiento.

Y yo también la he cagado, por supuesto, pero no estamos hablando de asuntos triviales ni del último meme de internet, sino de atentados que generan alarma social.  Hemos pasado del “no dejes que la realidad estropee una buena historia” a “no dejes que el rigor te joda una última hora”. Y así nos va.

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El coste de las fronteras

El lunes se publicaba que Alemania destinará 6 billones de euros en ayudas para los refugiados. Se ha hablado también de la ayuda de 6.000 euros por refugiado que dará la Unión Europea a los países que acojan a personas que huyen de la guerra. Cada vez que sale una noticia como ésta, sobre todo en España, en seguida hay quienes se echan las manos en la cabeza hablando del gasto que supone y dando rienda suelta a la xenofobia (como si miles de personas no hubieran tenido que huir de España hace sólo dos generaciones).

Sin embargo, se habla mucho menos de los millones que se gastan en levantar fronteras, deportar personas, armar guardias fronterizas… The Migrant Files recoge lo que se gastó la Unión Europea el pasado año, antes de que se hablara de crisis de refugiados, en impedir que quienes huyen de la guerra y el hambre llegasen a Europa. La valla de Melilla, por ejemplo, costó 47 millones de euros. Las deportaciones, 11.3000 millones de euros. Y los datos no están completos, porque Nicolas Kayser-Bril, uno de los creadores del proyecto, explicaba hace poco en una conferencia que los gobiernos no se muestran precisamente dispuestos a revelar el coste que tiene levantar y mantener vigiladas las fronteras.

Journalism++ también se empeñaron en 2014 en elaborar un censo de emigrantes muertos tratando de llegar a Europa, y la tarea tampoco resultó sencilla, porque la coordinación de la Unión  Europea a la hora de contabilizar víctimas no era ni de lejos la misma que había para coordinar fronteras.

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(Des)información digital

Nada nuevo ni que sorprenda, sobre todo si tenemos en cuenta que el obituario prematuro es de gatillo fácil en Twitter. Pero la lucha por la exclusiva, la primicia y el click a menudo aporta sólo ruido y desinformación.

Poynter (un observatorio de medios que cualquiera que se interese mínimamente en el periodismo debería seguir) señala que sólo en 2014 se escribieron más 1.500 artículos sobre 100 rumores (y eso que no conocen las tertulias del corazón de España, que entonces ya ese número se cuadruplica). Incluso cuando en el artículo en cuestión se menciona que se trata de un rumor, hay quien se lo toma como política de hechos consumados. Y lo que más grave: que se escribe la historia antes incluso de verificarla (volvemos a los obituarios de gatillo fácil).

La verdad es que el estudio poca cosa me ha descubierto (hace años que la cosa va de tonto el último en dar la noticia), pero sí me ha servido para conocer la existencia de Emergent, una web en la que comprobar si las noticias que circulan por ahí y que todos compartimos (entono el mea culpa) son o no ciertas. ¿La última que me han colado? La de que la prometida de Charles Manson sólo quería casarse con él para poder exhibir su cadáver en el futuro: exacto, aún sin verificar.

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Ser mujer: dos enfoques antagónicos

Ayer leí un “reportaje” lleno de machismo, envidia y ponzoña en El Mundo sobre cómo se transforma el cuerpo de la mujer durante el embarazo. Pero claro, no hablaban de transformación, sino de deformación y pérdida del canon de belleza imperante. ¿La destinataria? A priori, Pilar Rubio, en realidad, cualquier mujer. Lo peor: lo firmaba una mujer (por favor, que le quiten el carnet de mujer ya, que ya vemos que la palabra sororidad le debe sonar como poco a chino).

Afortunadamente, hoy me encuentro otro artículo en las antípodas del de ayer: una escuela femenina ha lanzado una campaña dirigida a sus alumnas potenciales haciéndoles entender que no existe el príncipe azul ni el cuento de hadas, y que más vale que aprendan ellas a valerse por sí mismas. Chapeau. ¿El autor? Un hombre.

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Tenemos los medios que leemos

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Llevo varios días escuchando la misma queja: lo mal que están los medios de comunicación. Y entonces me pregunto: ¿no será que tenemos lo que leemos y consumimos? Basta echar un vistazo a las noticias más leídas de El Mundo ahora mismo (en la foto), se puede hacer con cualquier diario: viñetas de humor, sensacionalismo, sexo… Lo explicaba también hace poco Rubén Regalado a propósito del especial que emitió La Sexta sobre Siria: sólo un 4% de audiencia, una cifra irrisoria al lado de la de otros programas, y que desde luego, no fue Trending Topic.

Seamos realistas: casi nadie paga por ver la tele o leer prensa, y en los medios trabaja gente con la mala costumbre de comer, así que mientras los lectores prefieran ver gif de gatos y fotos de alfombra roja, los medios se los tendrán que dar (a menos que un millonario ponga su dinero detrás, pero Bezos sólo hay uno y de momento Carlos Slim no parece interesado en comprar periódico alguno). Es la única forma de que aumenten las audiencias, y a mayor audiencia, nada nuevo tampoco, más caro se paga el anuncio (que se lo pregunten a los que cada año deciden poner su spot justo después de las campanadas de Año Nuevo). Y como el anunciante paga, luego no puede uno llevarse las manos a la cabeza si un medio no critica a la industria textil española que también fabrica en Bangladesh o si se pone por las nubes la película de la distribuidora que paga una contraportada de publicidad.

¿Que los medios son criticables? Por supuesto. Yo también los miro con lupa. Pero a veces habría que hacer autocrítica y preguntarse si realmente tenemos los medios que queremos o los que realmente vemos y leemos.

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Realidad vs. titulares

Que la realidad no te estropee un buen titular, que suele decirse. Y a falta de fact-checkers y con el cuento de que una imagen vale más que mil palabras, basta una foto sacada de contexto, un pie de foto tendencioso (a veces ni eso) y unos cuantos retuits para convertir mentiras en verdades incuestionables. Y pobre del que ose discutirlo. Pasaba hace unos días con la foto de las periodistas iraníes sentadas en el suelo por falta de espacio (el comunicado se tuiteaba casi de pasada y de tapadillo), sigue pasando con la imagen del pobre indígena que llora porque su tribu pierde sus tierras a causa de la construcción de una hidroeléctrica (el reportaje fotográfico completo y la verdadera explicación, aquí) y sucede hoy con la familia de Will Smith horrorizada por la actuación de Miley Cyrus… ¿o era  Lady Gaga?

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Los medios, en las manos de siempre

Hombre y blanco. Suponemos que además heterosexual. No es un anuncio de contactos, ni de perfume para hombres o de espuma de  afeitar: son los que dirigen el cotarro de las publicaciones en papel en EE.UU. Ni un negro, ni un asiático, ni un hispano, ni una mujer ni nada que se salga de la norma. De su orientación sexual no hablan, pero los imagino heteros, claro, no vayamos a romper los cánones. Son los hombres que dirigen “las mejores revistas del mundo”. Casualmente, todos trabajan para Condé Nast. Pero casualmente, ese prototipo de director de medio de comunicación es extensible a diarios, televisiones, emisorias de radio… y no sólo en EE.UU., aquí también. Por cada Jill Abramson hay decenas de hombres. Conociendo el percal, no nos debería sorprender que con la excusa del “homenaje” hagan infames editoriales de moda con escritoras suicidas: todas mujeres, todas monas, todo muy esteta, todo muy frívolo.

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La “imagen” de Taksim

Como suele decirse, “no dejes que la verdad estropee una buena historia”. Y claro, mucho mejor que las imágenes de brutalidad policial en Turquía (antiestéticas, pero realistas), esta foto de una mujer de rojo que casi podría parecer salida de un anuncio, un videoclip o hasta una peli de Almodóvar (¿alguien más recuerda a Carmen Maura gritando riégame?). En vez de mostrar la realidad, buena parte de los medios se han quedado con la “imagen icónica”, la de una mujer joven (hay otra foto, con una mujer abierta de brazos, mientras recibe un chorro de agua en el pecho). Durante días, los medios han difundido estas fotos que hacen de la violencia algo estético, casi naïf, que parece una editorial de moda arriesgada (luego nadie se corta a la hora de censurar ficción diciendo que glorifica la violencia).

¿Es también casualidad que se hayan elegido mujeres sufriendo la violencia en fotos que parecen publicidad? Pienso en la foto de esa otra chica, saltando mientras esquiva una bengala. Que sí, que son reales, pero son imágenes tramposas, que además alimentan la imagen de mujer como víctima. ¿De qué sirve además que los medios se llenen la boca hablando de que a las protestas se suma toda la población si sólo vemos mujeres jóvenes ?

Medios falseando la realidad, los mismos medios que condenaban en su momento a Uli Edel por dar a la historia de la Baader-Meinhof estética de videoclip. Se ve que aquello era “peligroso”; falsear la realidad, adaptarla a gusto de consumidor y de paso perpetuar la imagen de mujer como víctima, es crear una imagen icónica. Quiero realidad, no anuncios “políticamente incorrectos” que parecen ideados por Oliviero Toscani.

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El periodismo según Gay Talese

Muchas veces, la mejor lección de periodismo es leer a uno de los grandes reporteros: sus obras hacen las veces de lecciones magistrales. Es el caso de la ‘Vida de un escritor‘ de Gay Talese, que lejos de ser una autobiografía al uso (el título, sin duda, lleva a engaño) es una detallada cuenta de cómo ha preparado algunas de sus obras y reportajes, del laborioso proceso de documentación que hay tras cada artículo y, sobre todo, de una idea que a veces parece estar pasada de moda pero que no debiéramos olvidar nunca: el periodista ni es ni debe ser el protagonista de  la historia/reportaje/entrevista.

Ahora que se reivindica tanto el “slow journalism“, se me ocurren pocos representantes mejores del mismo que Gay Talese.