Archivos de la Categoría: música

literatura música

Libero “Tour Vértigo”

Después de cinco años ha llegado el momento de liberar Tour Vértigo, la historia oral que publiqué sobre la vida de los grupos en la carrretera.  Algunos de los grupos que entrevisté para el libro ya no existen siquiera y a otros los volvería a entrevistar una y mil veces por el bagaje que tienen. También cambiaría algunas cosas, pero volver atrás para editar a día de hoy no tiene sentido.

Así que ahí está, listo para descarga, en formato mobi y pdf. Y gracias una vez más a quienes lo leyeron, compraron y creyeron en él, empezando por todos los que respondieron pacientemente a mi arsenal de preguntas.

música

¿Queríais punk? Pues tomad 2 tazas

 

No sé cuántos años llevo escuchando “ya no hay punk”, “necesitamos punk”, “los inserte-aquí-nombre-de-grupo-viejuno sí que molaban”… y bla, bla, bla. Pero todo de boquilla. Cuando Crystal Castles la liaron parda en el Sónar, de repente eran unos impresentables, unos mamarrachos, poco profesionales, y los mismos que en su momento añoraban el punk, de repente se rasgaban las vestiduras.

Lo mismo, mismito está pasando con Pxxr Gvng, o Los Santos, o como decidan llamarse mientras sigan facturando discazos: se pasan por el forro todo lo que se supone que se debe hacer en el mundo de la música, ya sea sacar de golpe y porrazo todos los discos de su sello en un solo día o ponerlos a la venta en Bandcamp con un “paga lo que quieras”. El futuro no pasa por discográficas – lanzamiento de single – sonar en la radio – disco a la venta – gira y vuelta a empezar, está cambiando y ya no hay que respetar los tiempos, los formatos ni ná de ná. Ellos han entendido lo que muchos aún se niegan a ver: te debes a tus fans, y no a al directivo de un sello.  No es lo único que hacen: con Pxxr Gvng Los Santos no sabes qué te espera: ¿reggaeton, trap o todo lo contrario? A saber, lo averiguaremos el 24 de marzo.

Pero sobre todo, el punk como actitud hace años que dejó de estar en grupos de guitarras que aún tiran del 1, 2, 3, 4 y el “hey, ho, let´s go”: cada vez que veo a un grupo “punk” participando en eventos que cuentan con el beneplácito de las instituciones me queda más claro que está muerto. Nada como esas exposiciones dedicadas al punk para certificar su defunción.  ¿Grupos “indies” (no olvidemos que es la abreviatura de independiente) cuyo sueño es fichar por multis? ¡No hombre, no! Llamadlo de otra forma, pero por mucho que lleven chapas con mensajes provocativos o levanten el puño, de actitud punk poco tienen ya.

Y quien no me crea, aquí van algunas de las sentencias de Yung Beef (aka Lana del Rey, sí, con un par) y compañía en cualquiera de sus formas:

feminismo música

Llama lo que quieras a las Spice Girls, pero no las llames feministas

Spice Girls

Si vuelvo a leer un artículo más que hable de las Spice Girls como imagen del feminismo y del “girl power” (girl, edulcorado, inofensivo, a años luz del grrrl), me doy golpes contra una pared. Con la cosa del aniversario del “Wannabe”  (lo que quiere ser, lo que no es, a lo que aspira y no llega) andan los medios dando artículos sobre la efeméride. Y no hay uno que no lleve las palabras feminismo y girl power. Los que llevan las palabras márketing, producto, fantasía sexual masculina no los he leído aún, porque una de dos, o Google los indexa fatal o es que no se han escrito.

Las Spice Girls eran una versión infantiloide, tonta, comercial y patriarcal de las riot grrrls. Las segundas no se podían empaquetar y vender a gran escala, así que Fuller se sacó de la manga un girl power de vergüenza ajena, elegido por casting, vestido por estilistas, que por no tener nada de power no tenían ni el de decir que es lo que “realmente, realmente quieren” para seguir con frases que dan tanto miedo como “si quieres mi futuro, olvida mi pasado”: quiéreme sin pasado, como si fuera una virgencita tonta, que no ha hecho nada de conocerte, hagamos tabula rasa, finjamos que no tengo pasado. Eso, la primera línea de la canción. Por no hablar de que todas las fotos de promo nos las mostraban vestidas según los cánones de las fantasías masculinas: poca ropa y muy ceñida, y las tetas cuanto más cerca de las amígdalas mejor. Hasta una “baby Spice”, no me jodas.

De feministas las Spice Girls no tenían ni el nombre (“chicas picantes, especiadas”). Y por más que la ONU lance un vídeo con la canción de marras para reivindicar los derechos de las niñas, las Spice Girls y el Wannabe seguirán siendo puro márketing. Punto.

batiburrillo música

Adiós, sexy MF

Prince

La santísima trinidad del mainstream de los 80 eran Madonna, Prince y Michael Jackson. No se había acuñado lo de la corrección política, faltaban décadas para que cada día se generase un debate sobre la apropiación cultural y no había cuotas, y ahí estaban, una mujer  y dos hombre negros, cortando el bacalao, publicando discos legendarios y de paso,  en los casos de Prince y Madonna, cuestionando todas las ideas establecidas sobre el género. Ahí estaba Prince, mucho antes de ser “AFKAP”, jugando a la ambigüedad sexual, a  no definirse, a no cuadrar en ninguna casilla, y ser, pese a todo, un “sexy motherfucker“.

Cambió las reglas del juego, como muy bien cuenta Javier Blánquez en El Mundo  y compuso algunas de las mejores canciones del siglo XX, pero también ayudó a redifinir los roles de género mucho antes de que se acuñara lo de “gender fluid”, haciéndose acompañar de bandas compuestas por mujeres en sus giras, tratando incluso de crear supergrupos femeninos  (¿alguien más recuerda a Vanity 6?) e incluyendo el sexo en su obra como una variable más (por no hablar de sus tacones o sus “crop tops”). Ahora no parece revolucionario, pero en esos 80 de puritanismo, pegatinas de “explicit content” en los discos y rombos en las películas, esa reivindicación de una sexualidad libre, sin represión y  en la que todo valía siempre que fuera consentido, era liberadora. Uno podía ser/sentir/desear lo que le diera la gana. Y Prince, como Madonna, hizo de ello una bandera justo cuando la mojigatería se empezaba a imponer como modelo. Lástima que él también viera “la luz” y terminara convertido en una caricatura puritana contraria al matrimonio homosexual y a la libertad sexual de la que él mismo hizo gala (“God came to earth and saw people sticking it wherever and doing it with whatever, and he just cleared it all out. He was, like, ‘Enough.’”, declaraba en una entrevista en 2008). Yo, hoy, prefiero recordar al otro Prince.

feminismo música política sociedad televisión

Lo que diga Beyoncé

Se ve que había más invitados a actúar en la gala de la Superbowl aparte de Beyoncé, pero de quien se habla hoy, es de Bey. De su caída que no fue caída (Madonna debe envidiarla mucho ahora), de su estilismo homenaje a Michael Jackson pero sobre todo,  y ésto es lo que me parece más interesante, de ese ejército de mujeres vestidas como las Panteras Negras que sacó a bailar “Formation” (también era sólo de mujeres la orquesta que acompañaba su actuación). Después del patinazo del vídeo con Coldplay (yo aún no le he perdonado a Madonna lo de “La isla bonita”, así que imagino que contentos deben estar en india), hacía falta recuperar a Queen Bey en todo su esplendor y nada para hacerlo como reivindicando su cultura y denunciando las muertes sistemáticas a manos de la policía de jóvenes cuyo único delito es ser negros. Si “Formation” ya levantó ampollas por su denuncia nada velada a la desidia de los políticos tras el paso del huracán Katrina, en la SuperBowl, que es lo más visto en la televisión norteamericana, ha optado por un mensaje más radical reivindicando a esas Panteras Negras que abogaban por la organización y la autodefensa. Sí, era un claro guiño al movimiento Black Lives Matter, y sus bailarinas tampoco ocultaron las pancartas que pedían justicia para Mario Woods. Y eso ha molestado mucho a ese “establishment” encantado con las ediciones de óscars en las que sólo se nomina a blancos y con las mujeres que se limitan a lucir palmito y escote, pero no demasiado.

Que a las mujeres se las utilice sistemáticamente para vender productos parece que no es grave, pero que Beyoncé reivindique los derechos de la comunidad negra es una afrenta de la que opina hasta Giuliani. A mí, creo que no hace falta decirlo, me parece estupendo lo que ha hecho Beyoncé: que aproveche su fama y el alcance que tiene cada uno de sus movimientos para soltar mensajes feministas o reclamar justicia es algo que no sólo no debería escandalizarnos, sino que deberíamos celebrar. Ya está bien de artistas calladitos, políticamente correctos, que aunque sean más conocidos que Jesucristo no abren la boca no sea que molesten a alguien. Y si con su actuación Beyoncé ha conseguido que alguien lea hoy las noticias para saber qué pasa en EEUU, o que busque en Google quiénes eran las Panteras Negras, o ha provocado un ataque de urticaria a los acólitos de Donald Trump, ya ha hecho mucho.

batiburrillo música

“Let’s dance the blues”

david bowie

De la muerte de Bowie se ha escrito largo y tendido, se escribe aún casi a diario. Todos recibimos la noticia con incredulidad: que nuestros ídolos no son inmortales es algo que sabemos, pero que no queremos creer. Por eso son ídolos, porque en nuestro subconsciente no son simples mortales: han puesto la banda sonora de nuestras vidas, nos han acompañado (la voz de Bowie suena ahora por mis altavoces, como casi a diario desde que conocí la noticia) y nos han hecho soñar, evadirnos e incluso recuperar la esperanza en la humanidad cuando abres un periódico o miras alrededor. Sí, el hombre puede ser mediocre, ruin y vil. Pero también puede ser genial, tener destellos de lucidez, dar sentido a llamarnos “hombres” (básicamente es la capacidad de crear y no una secuencia genética o el caminar de pie lo que nos separa de los animales). A muchos, Bowie incluso les ayudó a salir del armario o a no sentirse marcianos con su sexualidad. Y a millones, nos hizo soñar, emocionarnos o algo que a priori parece tan simple como bailar.

No me voy a repetir, no voy a hablar de las mil caras de Bowie, ni de su legado musical, que ahí está, para quien lo quiera buscar si es que no lo conoce ya, tampoco voy a hablar del fin de una era (Óscar Broc ya lo ha hecho mejor que yo), pero que no vengan a decirme si puedo lamentar o no la muerte de alguien que era algo más que un artista al que nunca conocí personalmente como ha querido hacer JK Rawling: a lo mejor uno no ha vivido de verdad, y simplemente ha pansado de puntillas por aquí, si nunca se ha encerrado en su habitación a escuchar una canción una y otra vez mientras se le pone la carne de gallina. Cuando alguien trasciende lo meramente musical y se convierte en un fenómeno social, como hizo Bowie, que vengan a decirnos si podemos o no lamentar su muerte es absurdo (además, por esa norma, para qué hacer uso de la empatía, para qué preocuparnos por el prójimo si total, su dolor no es el nuestro, su lucha no es la nuestra). Prefiero quedarme con la actitud de Arcade Fire celebrando su música en un funeral masivo en Nueva Orléans, y parafraseando al mismísimo Bowie, qué demonios, “let´s dance the blues”.

música

¿Quiénes son Las Yumas?

La mayoría de las personas que van a Cuba de vacaciones hacen miles de fotos, cuentan lo bien que se lo han pasado, y al cambio de unos días, ya están a otra cosa. No es el caso de Las Yumas (“guiris” en argot cubano), que al volver decidieron hacer un mix con algunos de los ritmos que se trajeron de allí. Kiki the Kat y Racca Flexx no eran DJs profesionales ni se habían propuesto serlo: sólo querían divertirse.  Pero, ¡sorpresa!, ahora les salen bolos en todas partes. Puede que en países más acostumbrados a los rimtos latinos no parezca difícil, pero en un Berlín dominado por el techno,  hacerse un hueco es más complicado. Contra todo pronóstico, su “yumatón” (como lo llaman) está empezando a sonar en los clubs de Berlín y próximamente, en España y México.

Aquí están los dos mixes que han entregado hasta la fecha: se recomienda escuchar sin prejuicios.

feminismo música

Lo que no se ha dicho del beso de Madonna a Drake

madonna-drake

Desde que Madonna besó a Drake en Coachella no hago más que leer tonterías y aguantar troleadas vía Whatsapp: que si es el beso de la muerte, que si Madonna le chupa la energía, que si es una “attention whore” (¿os dais cuenta ahora?, ¿os creéis de verdad que no estaba todo preparadísimo por ambas partes?)), que si Madonna debería ir al geriátrico, que si debería retirarse… Y no he leído aún a nadie quejarse del machismo. Pero a nadie.

Hace dos años, cuando Nick Cave se restregaba contra cualquier fan que estuviera cerca en sus conciertos, nadie lo llamó sátiro ni viejo verde (porque las cosas como son, Nick Cave hace 30 años perfecto, pero ahora, ni con injerto de pelo “made in Turkey”, que si en vez de Cave se apellidara Rodríguez no os cuento lo Landa que nos parecería). Y como Cave, ejemplos de hombres sexagenarios persiguiendo adolescentes los hay a cientos. El caso contrario se da menos, y cuando se da, roza el esperpento (Marujita Díaz, Sara Montiel…). Pero héte aquí que Madonna está mejor que muchas mujeres de 50 y de 40 incluso (a excepción de esas manos por cuyas venas parecen correr anabolizantes) y sigue haciendo lo mismo que hacía a los 20: básicamente, lo que le da la gana. Y claro, eso jode. Estoy harta ya de leer que “a su edad…”. A su edad: esa muletilla con la que hay implícito un retírate, quédate en casa y hazte formal. Eso es machismo. Eso no se lo han dicho a ningún hombre mayor  que hiciera de su capa un sayo. Nunca. Pero si eres mujer, pasada cierta edad, la falda por debajo de la rodilla, el escote tapado, y nada de dar pie a habladurías. Muy “la mujer en casa y con la pata quebrada” todo esto. Como si el feminismo no consistiera en poder elegir en vez de atenerse a lo que mandan los cánones (cánones impuestos, por si a alguien se le olvida, por una sociedad dirigida por hombres blancos heterosexuales).

Y lo del acoso…. tampoco cuela. Drake bien que se quiere agarrar a Madonna al principio (basta ver el vídeo), pero es ella la que impone las reglas y le aparta. Yo creo que le pegó un mordisco, con toda la intención, y de ahí su cara de espanto. Por lo demás, bien que se ríe. Y  claro, del beso a Britney y Christina Aguilera nadie dijo nada, porque dos mujeres besándose es la fantasía húmeda de todo hombre hetero, claro, que si no, ya habrían saltado hace años también. Pero vamos, que al próximo que me diga que Nick Cave frotándose contra  fans que podrían ser sus hijas bien y Madonna mal besando a Drake (que podría sacudírsela de encima y dejarla rota con un solo brazo) le voy a echar una mirada que le va a dejar una expresión que ni la cara del canadiense. He dicho.

cine música

“20.000 days on Earth”: una elegía

20days

A priori, “20.000 days on Earth” suena un poco a paja mental: una película en tono documental escrita por Nick Cave, protagonizada por Nick Cave, con música de Nick Cave y sobre Nick Cave. Vamos, que si no te gusta Nick Cave, para qué vas a ver una cinta que parte de una premisa totalmente autocomplaciente, amable y hasta egocéntrica…  Pero no, resulta que la cosa va un poco más allá.

Es cierto que la cara que se ofrece de Cave es más bien amable y que pasa de puntillas por los temas más espinosos (impagable esa escena con Blixa, en plan amante despechado, con una tensión que bien puede ser impostada o absolutamente real) o los toca desde la anécdota o en clave de humor (como lo de su rutina yonki misa-chute), pero de forma seguramente premeditada, a medida que avanza la película ésta se va convirtiendo en una reflexión sobre la memoria, la vejez (el final, con las imágenes de un Cave jovencísimo intercaladas en fogonazos entre otras de una actuación reciente y una reflexión que no por manida deja de ser menos cierta: más vale arrepentirse de lo que se hace que dejar que la vida pase de puntillas.

Y sales del cine y piensas que lo último que te apetece es coger el tranvía y ver a un montón de gente que sólo mira la pantalla de su móvil, estando sin estar, así que te adentras en la espesa niebla y caminas a casa por esas calles ya vacías, aunque tardes más en llegar y el frío empiece esté llamando a la puerta, porque sabes que al menos ese momento no se convertirá en otro rutinario y alienante viaje.

feminismo música política

Matthew Herbert: “The recording” (2ª entrega)

Sigo fascinada con el espacio de debate que ha creado Matthew Herbert en la Deutsche Oper: no se trata tanto del resultado (que se presenta el jueves y para el que está todo vendido) como del proceso en sí, y las preguntas que ese proceso genera (por supuesto, ahí hay muchas butacas vacías, que la “fiesta” es lo primero, aunque luego tengas un “lost in translation” en toda regla). Y durante ese proceso se ha hablado de religión, de rituales, de modos de vida, del virtuosismo… y de lo que se seguirá hablando, porque cada día se pone un tema sobre la mesa que se disecciona con la ayuda de ponentes con bagajes bien distintos…

Y hoy, a propósito del virtuosismo (en el que ha salido varias veces, por cierto, el nombre del músico que más me ha aburrido en directo los últimos años pese a su impecable técnica), ha salido a colación el “Get Ur Freak On” de Missy Elliot. Se preguntaba Herbert cómo era posible que una canción tan buena, tan perfecta, tuviera un mensaje tan tonto, que vaya una oportunidad desperdiciada. Y yo, que no me puedo callar ni debajo del agua, mirando a ese panel que hoy estaba compuesto por una mayoría de hombres blancos presumiblemente heterosexuales que están en una posición privilegiada (no ha sido la norma, el de ayer era sólo de mujeres, pero el de hoy incluía a periodistas y programadores de conciertos, músicos de la Deutsche Philarmonie y sólo una mujer), he tenido que decir que no, que con todos mis respetos, pero discrepo. Discrepo profundamente. Me parece que una mujer negra, que además no responde al estándar de belleza que impone la norma, saque un temazo como “Get Ur Freak On” (con una letra que además juega con la sexualidad), me parece revolucionario, sobre todo en un momento en el que las riot grrrls estaban muertas y enterradas y en el que el hip hop llevaba el nombre de Eminem. Y para mí, Missy Elliot cantando aquello empoderaba tanto a la mujer como Patti Smith agarrándose una polla imaginaria en sus actuaciones del CBGB´s mientras cantaba “Gloria”, y un corte de mangas al patriarcado y a lo que la mujer puede/debe hacer como cualquier otro.

Yo no sé si después de mi intervención de hoy me van a prohibir la entrada al resto de jornadas o si Herbert recogerá el guante del reto que le han lanzado hoy: componer mañana un tema en alemán que diga el equivalente a “Get Ur Freak On”. Mañana, por desgracia, no voy a estar allí. Pero si alguien va, por favor que me cuente cómo termina la cosa… no sea que el miércoles me veten en la puerta.