Archivos de la Categoría: literatura

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Un día de furia según Hubert Selby Jr.

Hace poco me terminaba de leerSong of the silent snow de Hubert Selby Jr., que al lado de ‘Last exit to Brooklyn’ o ‘Requiem for a dream’, palicede un poco, pero sólo eso, un poco. Y aunque no tiene un relato malo, hay uno en concreto, ‘A little respect’, que se adelantó años, décadas, a los guionistas de ‘Un día de furia’: un hombre llega a casa tras un día de trabajo y su hijo es incapaz de hablarle porque está ensimismado viendo la tele. ¿Qué haría una persona normal? ¿Despotricar? ¿Decirle a la mujer/esposa/madre/compañera que ese hijo es imposible? ¿Reñir al niño? ¿Y por qué no destrozar la tele con un hacha, sacarla a la calle y quemarla delante de los vecinos? ¡Claro! ¿Y el loco? El padre, por supuesto, al que miran horrorizados madre e hijo… ¿Y los vecinos, qué hacen? Los vecinos… aplauden.

Es probable que ahora ese padre destruyera un ordenador o una consola, pero por lo demás, igual sigue todo.

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‘Black noise’: las políticas del rap

Llevaba tiempo buscando este libro sin saberlo: ‘Black Noise: Rap Culture in Contemporary America‘ de Tricia Rose no es la clásica historia del hip hop, sino que va mucho más allá y ahonda en los por qués y en el mensaje político (a veces  explícito, otras implícito) del rap. Y ahí es donde se diferencia de muchos otros libros, cuando trasciende lo meramente musical y entra en lo sociológico.

Además tiene un capítulo (muy revelador) sobre la representación de la mujer en el rap: analiza letras, videoclips, cómo muchos raperos perpetúan el maltrato a la mujer o su intento de dominación y cómo responden a esa actitud Mc Lyte, Neneh Cherry, Salt’n’ Pepa, Queen Latifah y otras raperas de los noventa (el libro es de 1994). Es curioso cómo casi todas, cuando Tricia Rose les pregunta si se sientene feministas, responden con un no rotundo porque asocian feminismo a “mujer blancaa enfurecida con los hombres”, a una lucha que no entienden como suya, de la que se sienten exlcuidas y a la que a veces temen asociarse por temor a que eso implique fomentar las imágenes negativas que el poder aún hoy asocia al hombre negro. Su lucha es otra, mucho más compleja, que pasa por redefinir su sexualidad, cambiar su rol y por combatir, además, el racismo sin por ello declarar una guerra abierta al hombre.

Algo me dice que por mis manos van  a pasar más libros de Tricia Rose…

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La prometedora voz de Ana Carrete

Una autora que tiene por lema en el blog “no tengo envidia del pene” tiene mis simpatías de entrada, pero además, Ana Carrete es una voz prometedora dentro de la poesía: no hace falta haber recibido una educación católica y rebelarse contra ella para entender los poemas de ‘Baby Babe’, su primer poemario. Sexo, culpa, religión, expiación (de nuevo mediante el sexo), la necesidad de un cambio (y el miedo al mismo) y la alienación cultural son algunos de los temas que explora Ana Carrete a través de poemas, ilustraciones e imágenes influenciadas por internet.

Me he quedado con ganas de más, porque promete.

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‘La tumba del marinero’

Luna Miguel lo sabe: todo el mundo tiene algún cáncer. Cáncer de coño, de precariedad, de locura, de tristeza… cáncer de vida y cáncer de muerte, esa muerte que Luna no niega, que está ahí aunque no queramos mirarla a los ojos ni mentarla, como si no fuera su propia existencia la que nos permite hablar de vida, como si hablar de no querer despertar, de buscar refugio bajo las sábanas o de comprobar cómo el “otro”, ese “ser amado”, se muestra esquivo o se nos escapa no fuera per se hablar de tantas otras muertes, figuradas… tal vez no tanto. Precisamente porque no niega la muerte, ‘La tumba del marinero’ está llena de vida: una vida intensa, contradictoria, compleja y precaria en la que es difícil no encontrarse, una vida con heridas abiertas, cicatrices, manchas, dudas, miedos y esperanzas. Una vida que Luna Miguel expone, que es la suya (que a ratos es también universal) y con la que no busca dar pena ni ejercer la pornografía emocional , sino que es la que es, y que late, respira y siente, y que sobre todo, no pasa de puntillas, sin enterarse… porque entonces, sí, habría ganado la muerte. Y así, parafraseando  a Dylan Thomas, “death shall have no dominion”.

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‘Te elige’

No sabía muy bien qué me iba a encontrar cuando empecé ‘Te elige, y me ha sorprendido mucho y bien: uno de esos libros en el que la trama paralela (una serie de entrevistas a desconocidos) acaba tomando el lugar de la principal (las vicisitudes del guión y rodaje de la última cinta de July). El paso del tiempo, cómo afectan las decisiones que se toman en el futuro y la certeza de que pasada cierta edad cualquier error se paga muy caro planean por una novela breve pero intensa y que da mucho que pensar.

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‘Circus girl’

Después de leer ‘Sobras’ tenía que hacerme con ‘Circus Girl‘: lo he devorado. En esta ocasión Maite Dono dedica buena parte de su poemario  a una madre castradora, una madre de ésas que se regodean con el “ya-te-lo-advertí”, una madre que quiere a su hija pequeña, obediente, débil, sometida. Poemas en los que la hija grita, se rebela, se equivoca, se niega a creer en Dios… pero vive y siente. Maite Dono lo explica mejor:

Todas las madres me ahorcaron los tobillos
Forever
Grilletes del puto amor
El grito de munch

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‘Sobras’

No conocía la poesía de Maite Dono: error. Decía Patti Smith en ‘Babel’ que hay que redefinir la poesía, y Dono lo hace en ‘Sobras‘ con una poesía que araña, que huele a sexo y a lluvia, que es un buscarse sin realmente estar segura de querer encontrarse, un viaje a la deriva, un hacer (sentir) lo-que-me-da-la-gana.

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‘Sangrantes’: poesía desde la menstruación

Por fin he leído ‘Sangrantes’, el libro editado por Luna Miguel que recoge, efectivamente, poesía desde la menstruación entendida en sentido amplio:  desde la sangre, la capacidad reproductora o el inevitable ibuprofeno para matar el dolor a la adolescencia. Tampoco falta algo de esa mitología que rodea a la menstruación, desde los ciclos lunares (nada que la química moderna no pueda domar píldora mediante) a esa leyenda negra que pasa por que la mayonesa se corta.

Es curioso ver la cantidad de poesías que puede generar ese trámite tan mundano, tan prosaico y a la vez tan tabú (aún hoy) que es ovular. Ese trámite mundano que aún hoy sirve para sojuzgar (“¿estás con la regla?”, preguntan, sin saber que el baile de hormonas viene unos días antes, con el síndrome premenstrual) y que no se menta, porque hablar de ello es “ordinario”, “soez”, “de mal gusto”. Curioso ver cómo de eso tan “ordinario” sale poesía tan fuerte y delicada, tan mística y mundana, tan oscura y luminosa, tan alegre y tan sórdida… Todo es posible. Curioso cómo nadie menciona la píldora, que provoca lo más parecido a una no regla.

Me pregunto si ‘Sangrantes’ también lo leen los hombres. Deberían.

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‘Naíf. Súper’: los 90 eran eso

Leyendo ‘Naíf. Súper’ de Erlend Loe no dejaba de pensar que de haberlo leído en la veintena se habría convertido en uno de mis libros de cabecera. La historia es sencilla: el protagonista, hastiado, deja la universidad, vende casi todas sus cosas y pasa unos días retirado del mundo, encerrado en el piso de su hermano mientras se pregunta qué hacer con su vida y qué esperar  de la misma. Por el camino se dedica a intercambiar listas vía fax con un amigo y a aporrear un banco de juguete (una versión primitiva del Prozac que entonces empezaba a extenderse).

Escrito en 1996, Loe no sólo transmite la complejidad de lo que supone tener veinte años (veinticinco en el caso del protagonista) en lo que parece apenas un bosquejo, unas cuantas pinceladas minimalistas que casan muy bien con el nihilismo de la novela, sino que además refleja a la perfección lo que suponía tener esa edad entonces: no había móviles, el acceso a internet era muy limitado y básicamente uno tenía que aprender a distraerse consigo mismo, ajeno a los miles de estímulos que ahora recibimos con sólo apretar un botón (ni siquiera había tantos canales de televisión como ahora). Y pese a que las referencias culturales a la época se limitan a Alanis Morrissette (y a Carl Sagan, que es atemporal), logra no sólo reflejar la época, sino trascenderla (a veces me pregunto qué tal envejecerán novelas como ‘American Psycho’, en las que Ellis no hace más que dejar caer nombres y marcas).

No hace falta haber vivido el paso a la vida adulta en los 90, pero desde luego, los 90 eran eso.

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La literatura del “Harlem Renaissance”

Llevo un tiempo indagando, todo lo que puedo, en la literatura del Harlem Renaissance, ese movimiento cultural que nace en Harlem (con tentáculos en París y en Chicago) en los años 20 cuando por fin la comunidad negra pudo empezar a disfrutar de algunos de los derechos conquitados (que no todos). El legado del Harlem Renaissance en la música está bien documentado, pero aquí se conoce mucho menos el legado literario, que es absolutamente fascinante y rico. Se trata de autores que además aprovechan su obra para denunciar el racismo e incluso establecer diálogos entra las distintas posturas personajes mediantes: en ‘Passing‘, por ejemplo, Nella Larsen enfrenta a dos mujeres que pueden pasar por blancas. Una de ellas, lo hace incluso mintiendo a su marido, la otra, está orgullosa de su raza y no esconde su identidad. Cada una, con su decisión, asume riesgos distintos, pero sirve para mostrar que aún entonces, y pese a los logros, existía la segregación, por poner un sólo ejemplo. O  ‘Banjo’, en la que Claude McKay muestra las condiciones de vida (y sí, también el racismo) entre los exiliados en Francia y de paso establece un debate riquísimo en torno a todas las teorías que entonces estaban en boga, desde las de Booker T. Washington a las de Marcus Garvey. O Zora Neale Hurston, que en sus obras de teatro muestra, con un humor agridulce, el lado más costumbrista.

Muchas de estas obras (y autores) ni siquiera están traducidas al castellano (y si lo están, no las he encontrado o están descatalogadas), pero se pueden encontrar en Archive.org, digitalizadas a menudo por universidades norteamericanas. Son más que recomendables, al menos todo lo que he leído hasta ahora (aún tengo lecturas pendientes). Como muestra, este sobrecogedor soneto de Claude McKay: ‘If we must die” (si debemos morir – que no sea como cerdos).

If we must die, let it not be like hogs
Hunted and penned in an inglorious spot,
While round us bark the mad and hungry dogs,
Making their mock at our accurséd lot.
If we must die, O let us nobly die,
So that our precious blood may not be shed
In vain; then even the monsters we defy
Shall be constrained to honor us though dead!
O, kinsmen! we must meet the common foe!
Though far outnumbered let us show us brave,
And for their thousand blows deal one death-blow!
What though before us lies the open grave?
Like men we’ll face the murderous, cowardly pack,
Pressed to the wall, dying, but fighting back!