Archivos de la Categoría: literatura

feminismo literatura política sociedad televisión

Libros «incómodos»

No creo que haya leído más este año que otros, puede que algo más (dos meses encerrada en casa con un dedo roto sin duda han ayudado), pero lo que es seguro es que he leído más libros «incómodos» y casi ninguna novela ligerita. Algunas de las cosas que he leído son tan obvias, tan evidentes y tan conocidas que no voy a detenerme en ellas (la lista completa la tenéis aquí, hay de todo, hasta libros malos, pero tampoco aspiro a ser Sartre)pero en otros sí (muchos en inglés, porque es el idioma en que los he leído y/o encontrado):

  1. Eating animals, Jonathan Safran Foer

Desagradable. Mucho. No sé si alguien puede comerse un filete después de leerlo, de comerlo sin pensar de dónde viene, el sufrimiento que conlleva, el coste medioambiental que tiene… si alguien lo lee y no cambia un sólo habito de consumo ni se hace preguntas, por favor que me deje de hablar porque no me interesa. Sabemos que las granjas industriales son inhumanas, quien no ha visto vídeos es porque no quiere, pero aquí te cuentan hasta las mentiras de las granjas «bio» o los pollos criados «al aire libre». El coste medioambiental da para otro libro, en concreto recomiendo que leáis This changes everything de Naomi Klein. Y ya puestos, ved la cara oculta de la industria de la moda en The True Cost.

2. Factor AFD, Andreu Jerez y Franco Delle Donne

Todos los opinadores de redes sociales que saben mejor que nadie lo que pasa en Alemania sin haberla pisado desde su viaje de fin de curso del 93 y los que dicen cosas como «en Alemania no hay partidos como Vox» por favor, pasen por caja y compren este libro. Creo que es el libro que más he recomendado a todo el que me pregunta por política alemana. Además está en castellano y bien documentado.

3. Los estragos de la conquista: quebranto y declive de los indios de América, Massimo Livi Bacci

Encontré esta maravilla en Wilborada 1407, una librería de Bogotá que recomiendo a todo el que pase por allí. Investigando por internet he descubierto que lo venden también en la Casa del Libro. Narra, con pelos y señales, el impacto que tuvo en América la llegada de los españoles, con detalles que no te cuentan en el colegio como que tuvimos más esclavos que los norteamericanos. Necesario.

4. El entusiasmo: Precariedad y trabajo creativo en la era digital, Remedios Zafra

El título lo dice todo, y el contenido es fácil de imaginar: «no te quejes que trabajas en lo que te guste», es que «es lo que hay», «anda, si somos colegas, no te cuesta nada hacerme un texto, es un favor»… y al final del camino, la precariedad más absoluta.

5. Cultura Mainstream: Cómo nacen los fenómenos de masas, Frédéric Martel

Las guerras no son sólo informativas, también culturales, y efectivamente, una vez más, tienen su origen en «Trumplandia». Es interesante descubrir que pese a todo, en EEUU no lo tienen nada fácil en el mercado asiático o ver cómo el Kpop está manufacturado al detalle, igual que en China entrenan desde la infancia a los futuros atletas de élite, en Corea diseñan con cuidado cada nuevo grupo y hasta los idiomas en que van a cantar. Se lee con la misma facilidad que se escucha un disco de pop mainstream, dicho sea de paso.

6. Bad feminist, Roxane Gay

He llegado tarde, lo sé, pero he llegado, que es lo que importa.

Bonus track: aún no lo he terminado (me falta tarde y media), pero So You Want to Talk About Race de Ijeoma Oluo es otro imprescindible: no podemos llenarnos la boca con la interseccionalidad sin reconocer y asumir nuestro privilegio.

literatura

Un ‘PornoBurka’ para esconder los prejuicios

ponoburka

Si alguien de cuyo criterio te fías te dice que tienes que leer ‘PornoBurka‘ de Brigitte Vasallo, allá que vas sin pensártelo dos veces (además no hay excusas, que el libro se puede descargar de forma legal y gratuita en la web de la autora). Y según lo empiezas, te llevas una sorpresa, porque no hay porno y sólo un burka (que además ni es lo que parece ser, pero mejor que éso lo descubra el lector), pero sí que hay muchas reflexiones sobre el acercamiento o el rechazo al otro y a lo desconocido, sobre la gentrificación y hasta sobre la modernidad mal entendida. En vez de tratar de sentar cátedra, la autora se limita a poner en boca (y mente) de sus protagonistas todos los prejuicios que hemos escuchado y hasta aquéllos de los que nos creemos exentos.

‘PornoBurka’ empieza siendo una reflexión sobre la identidad, el género y el feminismo, pero termina poniendo entre las cuerdas todo tipo de prejuicios, hasta aquellos que tienen los que se creen libres de ellos. Y lo hace además con mucho humor y usando el Raval como metáfora de esa Barcelona que quiere ser moderna a cualquier precio y que no se diferencia tanto de los barrios de otras ciudades que a costa de cambiar la mercería de toda la vida por el Starbucks de turno terminan por perder su identidad (ya está, ya me salió el prejuicio, se me escapó del burka mental).

literatura política sociedad

Alemania, años 20; Grecia, años 10

weimar

Los extractos que siguen forman parte de «Weimar Republic: Promise and Tragedy» de Eric D. Weitz. Propongo un ejercicio: cambiar Alemania por Grecia, Londres por Berlín y y aliados por FMI y BCE.

The Germans claimed an incapacity to pay; the Allies demandeed that Germany meet its obligations. A stream of high-ranking German visitors descended on London. (…) The Germans managed only to sow confusion. Some supported the policy of fulfillment – meeting Alied obligations while working diplomatically to revise the reparations bill downward. Others argued that Germany simply had no capacity to pay, and tried to convince the Allies of this reality. Still, other German were just recalcitrant and demanded sheer refusal – no negotiations, no payments, nothing.

Al final Alemania logró una revisión de la deuda, que de todas formas no se terminó de pagar hasta 1987.

Another round of negotiations in 1929 led to the last formal agreement, the Young Plan (again named for a U.S. banker who led the negotiations), which lowered the overall burden and set up a schedule of payments that would be fulfilled, finally, in 1987.

By best estimates today, reparations, had they been fully paid, would have amounted to 10 to 12 percent of Germany´s national income each year.

Nada que añadir.

 

batiburrillo literatura

Los muertos de Berlín

berlin

Cuando paseas por Berlín, cuando corres a través de un parque o cuando vas a casa de alguien, no piensas que estás pisando tumbas colectivas. Pero es así: la mayoría de las colinas que hay en los parques esconden escombros de la guerra (EE.UU. aprovecjó esas colinas artificiales para montarse su propia sede de la NSA en Teufelsberg) y los árboles del Tiergarten son nuevos, porque los berlineses los usaron para leña y después convirtieron el parque en un enorme campo de patatas. Lo que no sabía hasta que no leí ‘Una mujer en Berlín‘, pese a que no era difícil de intuir, es que llegó un momento en que tenían que enterrar a los muertos donde fuera, y ese donde fuera, a menudo eran los jardines de las casas y los parques.

Pero los muertos más duros de figerir de ‘Una mujer en Berlín’ son los muertos en vida: las violaciones, el hambre, los hogares destruidos…

El diario de Marta Hillers, que cuenta cómo sobrevivió a aquellos días en que la mejor protección que podía tener una mujer era emparejarse «voluntariamente» con un oficial soviético, en que no se sabía si habría comida en el plato al día siguiente o una casa en la que dormir y en que había que caminar hasta 20 kilómetros diarios para ir a trabajar (las bicicletas eran tan codiciadas se usaban incluso sin llantas y cubiertas y el transporte público no funcionaba). Lo hace sin piedad. La obra de Hillers fue cuestionada y en seguida se señaló que durante el nazismo había contribuido a hacer propaganda. Se persiguió tanto a Hillers, que ella se negó a que la obra se volviera a publicar. Hasta que no falleció en 2001, no se volvió a imprimir. Y en 2005, aún había que defender la autenticidad del contenido del libro.

Ya nadie se cuestiona las vivencias de Hillers que son, además, las de millares de berlinesas.

batiburrillo literatura

«Stasiland»

stasiland

Se ha escrito mucho sobre el nazismo, pero de la Stasi y la RDA, menos. Al fin y al cabo,  se han tenido más años para estudiar el primero, pero sólo hace 25 años que el muro de Berlín cayó y supongo que aún son muchos los que no quieren hablar precisamente porque han pasado de tener la sartén por el mango a vivir en la sombra.  De eso precisamente trata «Stasiland», una obra de Anna Funder que retrata el lado más amargo de la RDA, y lo hace a través de las víctimas de la Stasi, que se niegan a que el tiempo borre lo sucedido y la gente se quede con la cara amable que muestran algunos museos y películas, y los mismo agentes de la RDA, que a menudo se ven como pobres incomprendidos que no hacían más que luchar contra el capitalismo y la corrupción.

Anna Funder se entrevistó con víctimas y perseguidores a finales de los 90: para muchas de las víctimas, hablar con ella tuvo un efecto catártico. Otras, ni se reconocían como tales. Y entre los agentes de la Stasi, prima sobre todo la sensación de fidelidad a un régimen ya muerto, y sobre todo, el miedo a que se conozca su pasado.

Algunas cifras que da Funder hablan por sí solas: antes de que cayera el muro, 97.000 personas trabajaban para la Stasi y tenía además 173.000 informadores. Eso hace un total de un agente oficial o un espía por cada 63 personas. Si se incluye a los informadores a tiempo parcial, la cantidad se eleva a uno por cada 6,5 personas (y no había internet, ni Facebook ni nada que facilitara el espionaje, como sucede ahora con la NSA).

Cuenta Funder que cuando cayó el muro había tantos documentos incriminatorios de muertes y torutras por destruir que en la RDA se quedaron si destructores de documentos y tuvieron que ir de tapadillo a la RFA a por más.

Entre los documentos que se salvaron de la quema, aparecieron planes para una hipotética invasión de Berlín occidental, que empezaron a preparse en los 60 y en los que aún se trabajaba… ¡en 1985! y que detallaban hasta las condecoraciones que se darían en caso de victoria.

Pero lo más demoledor, sin duda, es el control absoluto que la RDA ejercía en sus ciudadanos a través de la Stasi. Puso en marcha un auténtico imperio del miedo y el terror que no se basaba en la paranoia, sino en la realidad (se hablaba del «mauer im kopf», el «muro en la cabeza»). Como cuenta uno de los propios agentes a los que entrevistó Funder, a finales de los 80, el 65% de los líderes religiosos colaboraban con la Stasi… los mismos líderes en los que confiaban a menudo los resistentes al régimen porque las iglesias se convirtieron en uno de los centros de reunión de la disidencia. Había incluso un «archivo de olores«: ya fuera hurgando en la basura o con triquiñuelas, la Stasi se hacía con muestras de olores de los perseguidos, las guardaban en tarros y en caso de emergencia, ya tenían qué dar a los perros para darles caza.

Lo que venía después, lo que sucedía si te convertías en «persona non grata», se puede ver en la cárcel de Hohenschönhausen, en pleno Berlín, pero que entonces era una isla dentro de otra isla, en cuyos alrededores sólo vivían los que trabajaban en la prisión (igualito que en Sachsenhausen, por cierto).

 

batiburrillo literatura

‘Mi Berlín’: el libro

Cuando me pidieron que contribuyera para la sección de Berlin Amateurs con un texto sobre la ciudad no podía imaginar que terminaría viviendo en ella (por más que lo había deseado) ni mucho menos, que aquel texto pasaría a formar parte de un libro: en Mi Berlín‘ hay 50 berlines, uno por cada participante en el libro, cincuenta formas de entender una ciudad poliédrica y mutante de la que ahora estoy descubriendo nuevas facetas (algunas dignas de capítulos enteros, como la burocracia).

‘Mi Berlín’ se puede comprar a través de internet o en diversos puntos de venta en España y Alemania.

batiburrillo cine literatura

Christiane F: «la vida, a pesar de todo»

En el colegio alguien decidió que no había mejor forma de prevenirnos contra el uso de las drogas que hacernos ver Yo, Cristina F.‘ de Uli Edel (también nos pusieron ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’ a saber para prevenirnos de qué, y antes de que siguieran con sus lecciones «edificantes» decidí que me salía más a cuenta hacer peyas a esa hora). Desde luego, lo que si logró la proyección de la película es que Cristina F. automáticamente se convirtiera en uno de los personajes favoritos de quienes la vimos, y que el libro en que se basa pronto se convirtiera en uno de los más leídos del curso, y no por imposición, sino porque aquella historia, pese a la sordidez (que también la tenía), sobre todo ejercía una poderosa fascinación. Si en vez de la historia de una adolescente berlinesa con música de David Bowie nos hubieran puesto algo de cine quinqui, ‘El expreso de medianoche’… qué sé yo, algo con menos «glamour», tal vez habríamos mitificado menos aquello  (el «heroin chic», de las portadas de Kate Moss y Corinne Day y la conversión de Kurt Cobain en icono generacional -a su pesar- estaban a la vuelta de la esquina). Pero el efecto que consiguieron fue justo el contrario: Christiane F. se convirtió en un personaje reivindicable.

Hace unos días me enteraba de la publicación de otro libro autobiográfico de Christiane F., el que recoge lo que vino después: su incursión en el mundo de la música, la recaída en la heroína, el nacimiento de su hijo… y a propósito de la publicación, por supuesto, las entrevistas, como la de hace unos días en Le Monde y en la que culpaba al libro y al culto que se creó en torno a ella de haber recaído. Y más, en Les Inrocks, donde habla de no haber tenido derecho a crecer, de haberse visto encerrada en el papel de joven heroinómana. Sospecho, por las declaraciones que estoy leyendo, que este libro sí que habría tenido el efecto disuasorio que buscaban mis profesores con la cinta de Uli Edel. Hay incluso quien se pregunta si este libro va a terminar con el mito de Christiane F.

El libro, de momento, no parece que se vaya a editar en España, y si alguna editorial ha comprado los derechos, lo lleva desde luego en el secreto más absoluto. Al menos, no hace falta saber alemán: se edita el martes en francés y ya hay en camino ediciones en polaco, portugués e italiano.

cine literatura

‘La espuma de los días’: mejor el libro

Escribía hace poco Javier Pulido sobre la dificultad de llevar al cine la obra de Boris Vian y según lo leía yo no hacía más que asentir y pensar en que no me terminaba de convencer lo de llevar al cine ‘La espuma de los días’ sin que terminara convertido en un pastiche kitsch: y eso es efectivamente lo que ha sucedido con la versión de Gondry, que a fuerza de querer ser tan fiel a la obra de Vian termina por hacerla caer en el ridículo más absoluto, en una cinta que se pierde tanto con la puesta en escena  que termina por parecer una caricatura del libro, con unos personajes que además ni convencen ni emocionan de puro anodinos que resultan (salvo ese Partre que se salva precisamente por ser paródico).

Pienso que si alguien no ha leído a Vian y va a ver ‘La espuma de los días’ los más posible es que se mantenga por siempre alejado de la obra del autor, porque viéndola da la sensación de que Vian es un autor blandito, edulcorado, casi para niños.  Si siguiera vivo fijo que le daba un infarto otra vez.

batiburrillo literatura música

La casa – museo de Gainsbourg

La de la foto es la fachada de 5 bis rue de Verneuil, la casa de Gainsbourg, ya sin pintadas ni graffitis ni nada de nada. Desde fuera imagino que parecerá una casa burguesa más, por mucho que dentro las paredes sean negras y que Gainsbourg estuviera en las antípodas de ser un burguesito convencional. Parece que el muro se empezaba a estropear , que por expreso deseo de Charlotte Gainsbourg se había quedado tal y como estaba tras la muerte de su padre, igual que el interior de la casa, que permanecía cerrada… En septiembre la casa se reconvierte en museo y se podrán hacer visitas (guiadas, en grupo y de 40 minutos).

No sé si me convence que se convierta en un Versalles más, en un circuito organizado y predecible, creo que me gustaba más lo de estirar el cuello tratando de intuir algo e imaginarse dentro a Gainsbourg componiendo, fumando Gitanes… más que pasear entre cordones de terciopelo mientras una voz te cuenta lo que debes ver, cómo y dónde. No lo sé.

feminismo literatura periodismo

Los medios, en las manos de siempre

Hombre y blanco. Suponemos que además heterosexual. No es un anuncio de contactos, ni de perfume para hombres o de espuma de  afeitar: son los que dirigen el cotarro de las publicaciones en papel en EE.UU. Ni un negro, ni un asiático, ni un hispano, ni una mujer ni nada que se salga de la norma. De su orientación sexual no hablan, pero los imagino heteros, claro, no vayamos a romper los cánones. Son los hombres que dirigen «las mejores revistas del mundo». Casualmente, todos trabajan para Condé Nast. Pero casualmente, ese prototipo de director de medio de comunicación es extensible a diarios, televisiones, emisorias de radio… y no sólo en EE.UU., aquí también. Por cada Jill Abramson hay decenas de hombres. Conociendo el percal, no nos debería sorprender que con la excusa del «homenaje» hagan infames editoriales de moda con escritoras suicidas: todas mujeres, todas monas, todo muy esteta, todo muy frívolo.