Archivos de la Categoría: feminismo

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Leyes hechas por hombres… y para hombres

Que en pleno siglo XXI aún haya que explicar que el aborto no es plato de gusto para ninguna mujer es delirante, pero que haya que tolerar que decidan sobre el derecho al aborto curas, médicos, maridos y cualquier ser humano que tenga un rabo entre las piernas en vez de un útero es negarle a la mujer ser un sujeto de pleno derecho.  Mucha gente se lleva las manos a la cabeza cuando se entera de que las mujeres necesitaban el permiso del padre o el cónyuge para abrir una cuenta bancaria durante el franquismo, eso sí, que sobre lo que sucede en nuestro útero decida hasta un cura, es “normal”.

En una nueva entrega de “opinemos sobre el cuerpo de la mujer porque a dónde van ellas decidiendo qué quieren hacer con sus vidas”, el gobernador de Missouri quiere que ahora sean las parejas de las embarazadas quienes decidan, en última instancia, si las mujeres pueden o no abortar. ¡Menos mal que están los hombres para pensar con nosotras, sobre todo ahora que sabemos que sus decisiones son las más inteligentes!

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Matthew Herbert: “The recording” (2ª entrega)

Sigo fascinada con el espacio de debate que ha creado Matthew Herbert en la Deutsche Oper: no se trata tanto del resultado (que se presenta el jueves y para el que está todo vendido) como del proceso en sí, y las preguntas que ese proceso genera (por supuesto, ahí hay muchas butacas vacías, que la “fiesta” es lo primero, aunque luego tengas un “lost in translation” en toda regla). Y durante ese proceso se ha hablado de religión, de rituales, de modos de vida, del virtuosismo… y de lo que se seguirá hablando, porque cada día se pone un tema sobre la mesa que se disecciona con la ayuda de ponentes con bagajes bien distintos…

Y hoy, a propósito del virtuosismo (en el que ha salido varias veces, por cierto, el nombre del músico que más me ha aburrido en directo los últimos años pese a su impecable técnica), ha salido a colación el “Get Ur Freak On” de Missy Elliot. Se preguntaba Herbert cómo era posible que una canción tan buena, tan perfecta, tuviera un mensaje tan tonto, que vaya una oportunidad desperdiciada. Y yo, que no me puedo callar ni debajo del agua, mirando a ese panel que hoy estaba compuesto por una mayoría de hombres blancos presumiblemente heterosexuales que están en una posición privilegiada (no ha sido la norma, el de ayer era sólo de mujeres, pero el de hoy incluía a periodistas y programadores de conciertos, músicos de la Deutsche Philarmonie y sólo una mujer), he tenido que decir que no, que con todos mis respetos, pero discrepo. Discrepo profundamente. Me parece que una mujer negra, que además no responde al estándar de belleza que impone la norma, saque un temazo como “Get Ur Freak On” (con una letra que además juega con la sexualidad), me parece revolucionario, sobre todo en un momento en el que las riot grrrls estaban muertas y enterradas y en el que el hip hop llevaba el nombre de Eminem. Y para mí, Missy Elliot cantando aquello empoderaba tanto a la mujer como Patti Smith agarrándose una polla imaginaria en sus actuaciones del CBGB´s mientras cantaba “Gloria”, y un corte de mangas al patriarcado y a lo que la mujer puede/debe hacer como cualquier otro.

Yo no sé si después de mi intervención de hoy me van a prohibir la entrada al resto de jornadas o si Herbert recogerá el guante del reto que le han lanzado hoy: componer mañana un tema en alemán que diga el equivalente a “Get Ur Freak On”. Mañana, por desgracia, no voy a estar allí. Pero si alguien va, por favor que me cuente cómo termina la cosa… no sea que el miércoles me veten en la puerta.

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Beyoncé no puede ser feminista

Beyoncé no puede ser feminista. No lo digo yo, lo dicen opinadores/as que parecen no querer aceptar que se puede ser mujer, joven, atractiva, segura de sí misma, y negra para más inri, y además feminista. Que no, hombre, no, que todo el mundo sabe que las feministas somos mujeres feas, gordas, amargadas y enemigas de la depilación, hasta ahí podíamos llegar. Lo dicen sobre todo hombres blancos que han crecido en heteropatriarcados con todos los privilegios que sus gónadas y sexualidad les dan desde que nacen. Los segundos, eso sí, lo suelen decir en “petit comité”, no sea que alguna feminista soliviantada ponga el grito en el cielo. Hoy me he encontrado con otra de esas críticas hechas por hombres, pero no es el primer día: desde que Beyoncé sacó su último disco, me he visto ya defendiendo varias veces (casi siempre ante un hombre) que se puede ser Beyoncé y creer firmemente en la igualdad de oportunidades. Pero que un hombre no entienda/acepte eso, es, por desgracia, el pan-nuestro-de-cada-día, ahora bien, que muchas mujeres le critiquen por declararse feminista me parece más grave  (afortunadamente, son las menos).

Si algo ha puesto en claro Beyoncé con su último disco (y ahora también con su manifiesto) es un tema que se viene hablando desde hace tiempo y que por un motivo u otro se pasa de largo, y es cómo el feminismo no ha sido inclusivo con la mujer negra.  Como bien apuntaba Mikki Kendall en The Guardian, no existe la talla única para el feminismo, o como señalaban en NPR, hay toda una comunidad de mujeres que no entienden por empoderamiento lo mismo que una larga tradición de mujeres blancas de clase media. Y parece que molesta, y mucho.

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Ser mujer: dos enfoques antagónicos

Ayer leí un “reportaje” lleno de machismo, envidia y ponzoña en El Mundo sobre cómo se transforma el cuerpo de la mujer durante el embarazo. Pero claro, no hablaban de transformación, sino de deformación y pérdida del canon de belleza imperante. ¿La destinataria? A priori, Pilar Rubio, en realidad, cualquier mujer. Lo peor: lo firmaba una mujer (por favor, que le quiten el carnet de mujer ya, que ya vemos que la palabra sororidad le debe sonar como poco a chino).

Afortunadamente, hoy me encuentro otro artículo en las antípodas del de ayer: una escuela femenina ha lanzado una campaña dirigida a sus alumnas potenciales haciéndoles entender que no existe el príncipe azul ni el cuento de hadas, y que más vale que aprendan ellas a valerse por sí mismas. Chapeau. ¿El autor? Un hombre.

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Femen, ese invento masculino

 

Que detrás de unas mujeres protestando en top-less haya un hombre me sorprendió poco: casi todas las imágenes de protestas de Femen son de nínfulas con coronas de flores a lo Lana del Rey. Todas blancas, por cierto, todas delgadísimas, todas guapas… como si no existiera otro tipo de mujer. Por más que se pintaran mensajes en el cuerpo y llevaran pancartas, la imagen de una activista de Femen estaba (está) a años luz de la de una riot grrrl con un “slut” escrito en el vientre. No es que crea que para protestar haya que ser feo/a o ir hecho un cristo, pero me escamaba la puesta en escena de Femen, la deserción de más de una de sus activistas  y sobre todo, que la anécdota (enseñar el pecho) al final tuviera más relevancia que la causa reivindicada, como si la forma fuera más importante que el porqué. Y ahí es donde pinchaba Femen desde el principio: servían para regalar fotos pintonas a los medios y para llamar la atención sobre quienes protestaban (sobre la mujer como objeto, las cosas como son), pero la desigualdad de turno denunciada, quedaba relegada a la letra pequeña.

Y anoche leía la noticia: el ideólogo de Femen es Victor Svyatski, un mirlo blanco que gritaba a las activistas, las insultaba y de las que dice en el documental ‘Ukraine is not a Brothel’ de Kitty Green que son débiles y sumisas. Tampoco le duelen prendas en afirmar que una de las ideas subyacentes tras las fundación de Femen era ligar (“de forma inconsciente”, eso sí, nadie vaya a pensar que fue todo premeditado) o que hacía castings porque sólo quería a las más guapas en la organización.

Que se apunten los hombres a reivindicar y luchar contra la desigualdad de la mujer me parece estupendo,  que un cenutrio utilice esa causa para vejar y manipular a un grupo de mujeres, me parece lamentable. Lo que no puedo terminar de comprender es qué pasa por la cabeza de esas activistas que se dejaban avasallar y que luego salían a reivindicar derechos para la mujer. Dicen que tienen síndrome de Estocolmo, pero a mí la situación me recuerda mucho más, por desgracia, a la justificación que de su maltratador hacen algunas víctimas.

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Medio siglo después, aún tenemos “mística de la feminidad”

Cuando empecé a leer ‘La mística de la feminidad‘ de Betty Friedan pensé que lo iba a encontrar desfasado: después de todo, ha pasado medio siglo desde su publicación. Pensé que lo leería como el que lee un ensayo histórico o antropológico, que su lectura no dejaría de ser una cuenta pendiente que saldar. Lo que no podía imaginar es que parte del discurso de Friedan sigue vigente cincuenta años más tarde, sobre todo lo relativo a las revistas “femeninas” que poco o nada han cambiado. Critica Friedan que el mundo de la mujer se ha visto confinado a su propio cuerpo y a la belleza, al cuidado de los hijos y del marido. Vale, ahora no es lo único, pero sí sigue siendo buena parte de lo que los medios de la comunicación se ocupan, sobre todo esas revistas mal llamadas “femeninas”. Incluso la sociedad, que lo de ser soltera y/o sin hijos a ciertas edades lo sigue viendo con cara rara: “se te va a pasar el arroz”, “el reloj biológico”, esas vainas. Critica cómo en las revistas “femeninas” no se podía sacar un reportaje de política o actualidad, cómo los fabricantes de marcas estaban detrás de esos editores a la hora de crear necesidades y cómo el tratar de vivir según esa imagen que venden los medios genera frustración. Vaya, no veo tanta diferencia, sólo que ahora la cosa va de vender vestidos y cosméticos, y hasta esas series que supuestamente venden una imagen liberada de la mujer (pienso en ‘Sexo en Nueva York’) al final terminan, cómo no, en boda. Porque ésa es otra: Friedan critica cómo se educa a la mujer para pescar marido, y ahí están hasta revistas como el Cosmopolitan sacando reportajes sobre cómo complacerle (a él, faltaría más), cómo seducirle, cómo gustarle.

Me falta poco más de la mitad para terminar de leerlo, y me pregunto cuántas ideas vigentes me puedo encontrar aún. Me pregunto también si la crisis, el desempleo (afecta mucho más a las mujeres) y la precariedad laboral no terminarán en un resurgir de esa mística de “la mujer en casa y con la pata quebrada” en una sociedad en la que la impresión de un billete con la efigie de Jane Austen provoca todo tipo de amenazas.

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Los medios, en las manos de siempre

Hombre y blanco. Suponemos que además heterosexual. No es un anuncio de contactos, ni de perfume para hombres o de espuma de  afeitar: son los que dirigen el cotarro de las publicaciones en papel en EE.UU. Ni un negro, ni un asiático, ni un hispano, ni una mujer ni nada que se salga de la norma. De su orientación sexual no hablan, pero los imagino heteros, claro, no vayamos a romper los cánones. Son los hombres que dirigen “las mejores revistas del mundo”. Casualmente, todos trabajan para Condé Nast. Pero casualmente, ese prototipo de director de medio de comunicación es extensible a diarios, televisiones, emisorias de radio… y no sólo en EE.UU., aquí también. Por cada Jill Abramson hay decenas de hombres. Conociendo el percal, no nos debería sorprender que con la excusa del “homenaje” hagan infames editoriales de moda con escritoras suicidas: todas mujeres, todas monas, todo muy esteta, todo muy frívolo.

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El club de lectura (veraniega) de Norma Jean Magazine

Si me piden que una dos de mis obsesiones (libros + feminismo/feminidad/lo-que-significa-ser-mujer-ahora-antes-y-siempre), pues allá que voy de cabeza. Así que cuando anoche vi que Norma Jeana Magazine va a montar una lectura veraniega de un libro aún por decidir pero que debe estar escrito por una mujer o tener un personaje feminino intersante, me faltó tan poco tiempo que hasta me quedé sin hueco en la lista de sugerencias… Así que ahí lo dejo: apuntáos.

Y si aún no conocéis Norma Jean y sois de los/las que  creéis que ser feminista equivale a ser una mujer frustrada y gruñona, a lo mejor os lleváis una sorpresa.

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La decisión de Angelina Jolie

No es fácil tomar la decisión de someterse a una mastectomía cuando las posibilidades de desarrollar cáncer son del 65% (87% en su caso). Puede parecerlo, pero no. La mayoría de los mortales es posible que pensara en ese 35%  restante, cualquier cosa antes que enfrentarse a una operación que puede ser traumática. Hay que vivir en babia para no ver la dificultad de elegir:  incluso con una reconstrucción mamaria, sigue siendo una elección difícil en una sociedad en la que se da tanta importancia al aspecto físico. Muchos tenemos una edad como para conocer casos de cáncer, para habernos preguntado qué pasaría si me toca a mí. Qué haría. ¿Qué haría yo? No lo sé.

Cuando naces mujer, se supone que la infancia se supera con la llegada de la menstruación. En absoluta: de ésa sólo tú te enteras si quieres. Sí recuerdo en cambio el doble rasero de los compañeros de clase dependiendo de si llevabas o no sujetador, los pelllizcos en la espalda a través del jersey para ver si tenías o no sostén… la insistencia en ponerme uno aunque mi pecho fuera anecdótico (ironías de la vida, tanta prisa entonces, tantas ganas de quitármelo ahora en cuanto puedo).  Con la edad, la mirada del otro (masculina, por supuesto, pero también femenina, no nos engañemos) sigue ahí. Silenciosa, más sutil, pero ahí sigue. Si te vas a comprar un sujetador y lo pides sin relleno, aunque no tengas una 90, te intentan convencer de que no se nota tanto, que te animes a comprar el que lleva relleno: con el esterotipo hemos topado. El estereotipo, el dichoso estereotipo, el canon imposible que te venden  vía Barbie desde la infancia.

Y llega Angelina Jolie, una de las mujeres más “sexys” del planeta según los amantes de los cánones y los patrones de belleza, y no sólo decide que antepone su salud, su familia y su bienestar a su condición de “sex symbol”, sino que además lo hace público, en el NY Times, nada menos. Podría haberse operado y someterse a una reconstrucción sin que nadie se entere, pero ha decidido compartirlo con el mundo, aún a sabiendas de que trabaja en una industria que premia con buenos papeles al actor mayor y condena al ostracismo a una mujer de la misma edad (con suerte le dan un papel de loca, a lo ‘¿Qué fue de Baby Jane?’), sabiendo que en adelante tendrá a un ejército de paparazzis detrás y que será la portada de toda la prensa en su próxima aparición pública, independientemente de a qué vaya, lo hace en una industria que permite que un troglodita presente una gala de los óscar jactándose de haber visto desnudas a buena parte de las actrices asistentes…

Con su decisión, no sólo pone sobre la mesa el debate sobre el cáncer, sino que ayuda a normalizar la mastectomía  y la reconstrucción mamaria, esa operación, que muchos piensan, para qué pasada cierta edad, cuando tienes hijos y estás casada, si total, ya no tienes que seducir a nadie (y esto no me lo invento, también lo he ido). Como si no estar a gusto con una misma no fuera el único y el principal motivo. Una vez más, la mujer tiene que gustar, que se guste ella o no parece que da igual. En su editorial admite que la decisión es dificil, pero que se siente “empoderada por haber tomado una decisióntan importante que de ninguna manera dismuye mi femineidad” (parece estúpido tener que aclararlo, pero por desgracia, aunque de forma figurada, hay quien todavía necesita pellizcar espaldas ajenas para ver si hay un sujetador atado y bien atado).

Igual me equivoco, pero creo que este editorial de Angelina Jolie ha hecho por normalizar un problema del que no se quiere hablar lo mismo que en su momento hizo Magic Johnson reconociendo que tenía el VIH: parece que aún hacen falta “demiurgos” para que el resto de los mortales, al menos, se atrevan a hablar en voz alta de temas tabú.

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‘Material girl': música y sexismo

La extensión universitaria de la Universidad de Oviedo está impartiendo un curso que ya me gustaría haberme encontrado en la facultad: “Material Girl: a codazos con el patriarcado musical”. Afortunadamente,  @notschinmm  está compartiendo recursos, materiales y temario del curso en “Material Girl”, un blog lleno de bibliografía, vídeos y buena música. Más que recomendable.