Archivos de la Categoría: feminismo

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Lo que no se ha dicho del beso de Madonna a Drake

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Desde que Madonna besó a Drake en Coachella no hago más que leer tonterías y aguantar troleadas vía Whatsapp: que si es el beso de la muerte, que si Madonna le chupa la energía, que si es una “attention whore” (¿os dais cuenta ahora?, ¿os creéis de verdad que no estaba todo preparadísimo por ambas partes?)), que si Madonna debería ir al geriátrico, que si debería retirarse… Y no he leído aún a nadie quejarse del machismo. Pero a nadie.

Hace dos años, cuando Nick Cave se restregaba contra cualquier fan que estuviera cerca en sus conciertos, nadie lo llamó sátiro ni viejo verde (porque las cosas como son, Nick Cave hace 30 años perfecto, pero ahora, ni con injerto de pelo “made in Turkey”, que si en vez de Cave se apellidara Rodríguez no os cuento lo Landa que nos parecería). Y como Cave, ejemplos de hombres sexagenarios persiguiendo adolescentes los hay a cientos. El caso contrario se da menos, y cuando se da, roza el esperpento (Marujita Díaz, Sara Montiel…). Pero héte aquí que Madonna está mejor que muchas mujeres de 50 y de 40 incluso (a excepción de esas manos por cuyas venas parecen correr anabolizantes) y sigue haciendo lo mismo que hacía a los 20: básicamente, lo que le da la gana. Y claro, eso jode. Estoy harta ya de leer que “a su edad…”. A su edad: esa muletilla con la que hay implícito un retírate, quédate en casa y hazte formal. Eso es machismo. Eso no se lo han dicho a ningún hombre mayor  que hiciera de su capa un sayo. Nunca. Pero si eres mujer, pasada cierta edad, la falda por debajo de la rodilla, el escote tapado, y nada de dar pie a habladurías. Muy “la mujer en casa y con la pata quebrada” todo esto. Como si el feminismo no consistiera en poder elegir en vez de atenerse a lo que mandan los cánones (cánones impuestos, por si a alguien se le olvida, por una sociedad dirigida por hombres blancos heterosexuales).

Y lo del acoso…. tampoco cuela. Drake bien que se quiere agarrar a Madonna al principio (basta ver el vídeo), pero es ella la que impone las reglas y le aparta. Yo creo que le pegó un mordisco, con toda la intención, y de ahí su cara de espanto. Por lo demás, bien que se ríe. Y  claro, del beso a Britney y Christina Aguilera nadie dijo nada, porque dos mujeres besándose es la fantasía húmeda de todo hombre hetero, claro, que si no, ya habrían saltado hace años también. Pero vamos, que al próximo que me diga que Nick Cave frotándose contra  fans que podrían ser sus hijas bien y Madonna mal besando a Drake (que podría sacudírsela de encima y dejarla rota con un solo brazo) le voy a echar una mirada que le va a dejar una expresión que ni la cara del canadiense. He dicho.

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Día de la Mujer: nada que celebrar

Hay que ser muy simple para desear a nadie el “feliz día de la mujer”. Y aún hay quien lo hace, intuyo que por estupidez o ignorancia. Si no existe el “día del hombre blanco heterosexual” es porque vivimos en una sociedad moldeada a su antojo. Todos los días de “inserte-aquí-un-hombre” lo son de minorías o colectivos desprotegidos. Si las cosas realmente fueran bien, no existiría un día como hoy. Y no, tampoco me gustaría que el día de la mujer lo fuera a diario, como a veces desean otros simples que se deben pensar que así muestran más empatía y solidaridad.

Así que por favor, menos felicitaciones hoy y más comprometerse a diario.

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Leyes hechas por hombres… y para hombres

Que en pleno siglo XXI aún haya que explicar que el aborto no es plato de gusto para ninguna mujer es delirante, pero que haya que tolerar que decidan sobre el derecho al aborto curas, médicos, maridos y cualquier ser humano que tenga un rabo entre las piernas en vez de un útero es negarle a la mujer ser un sujeto de pleno derecho.  Mucha gente se lleva las manos a la cabeza cuando se entera de que las mujeres necesitaban el permiso del padre o el cónyuge para abrir una cuenta bancaria durante el franquismo, eso sí, que sobre lo que sucede en nuestro útero decida hasta un cura, es “normal”.

En una nueva entrega de “opinemos sobre el cuerpo de la mujer porque a dónde van ellas decidiendo qué quieren hacer con sus vidas”, el gobernador de Missouri quiere que ahora sean las parejas de las embarazadas quienes decidan, en última instancia, si las mujeres pueden o no abortar. ¡Menos mal que están los hombres para pensar con nosotras, sobre todo ahora que sabemos que sus decisiones son las más inteligentes!

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Matthew Herbert: “The recording” (2ª entrega)

Sigo fascinada con el espacio de debate que ha creado Matthew Herbert en la Deutsche Oper: no se trata tanto del resultado (que se presenta el jueves y para el que está todo vendido) como del proceso en sí, y las preguntas que ese proceso genera (por supuesto, ahí hay muchas butacas vacías, que la “fiesta” es lo primero, aunque luego tengas un “lost in translation” en toda regla). Y durante ese proceso se ha hablado de religión, de rituales, de modos de vida, del virtuosismo… y de lo que se seguirá hablando, porque cada día se pone un tema sobre la mesa que se disecciona con la ayuda de ponentes con bagajes bien distintos…

Y hoy, a propósito del virtuosismo (en el que ha salido varias veces, por cierto, el nombre del músico que más me ha aburrido en directo los últimos años pese a su impecable técnica), ha salido a colación el “Get Ur Freak On” de Missy Elliot. Se preguntaba Herbert cómo era posible que una canción tan buena, tan perfecta, tuviera un mensaje tan tonto, que vaya una oportunidad desperdiciada. Y yo, que no me puedo callar ni debajo del agua, mirando a ese panel que hoy estaba compuesto por una mayoría de hombres blancos presumiblemente heterosexuales que están en una posición privilegiada (no ha sido la norma, el de ayer era sólo de mujeres, pero el de hoy incluía a periodistas y programadores de conciertos, músicos de la Deutsche Philarmonie y sólo una mujer), he tenido que decir que no, que con todos mis respetos, pero discrepo. Discrepo profundamente. Me parece que una mujer negra, que además no responde al estándar de belleza que impone la norma, saque un temazo como “Get Ur Freak On” (con una letra que además juega con la sexualidad), me parece revolucionario, sobre todo en un momento en el que las riot grrrls estaban muertas y enterradas y en el que el hip hop llevaba el nombre de Eminem. Y para mí, Missy Elliot cantando aquello empoderaba tanto a la mujer como Patti Smith agarrándose una polla imaginaria en sus actuaciones del CBGB´s mientras cantaba “Gloria”, y un corte de mangas al patriarcado y a lo que la mujer puede/debe hacer como cualquier otro.

Yo no sé si después de mi intervención de hoy me van a prohibir la entrada al resto de jornadas o si Herbert recogerá el guante del reto que le han lanzado hoy: componer mañana un tema en alemán que diga el equivalente a “Get Ur Freak On”. Mañana, por desgracia, no voy a estar allí. Pero si alguien va, por favor que me cuente cómo termina la cosa… no sea que el miércoles me veten en la puerta.

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Beyoncé no puede ser feminista

Beyoncé no puede ser feminista. No lo digo yo, lo dicen opinadores/as que parecen no querer aceptar que se puede ser mujer, joven, atractiva, segura de sí misma, y negra para más inri, y además feminista. Que no, hombre, no, que todo el mundo sabe que las feministas somos mujeres feas, gordas, amargadas y enemigas de la depilación, hasta ahí podíamos llegar. Lo dicen sobre todo hombres blancos que han crecido en heteropatriarcados con todos los privilegios que sus gónadas y sexualidad les dan desde que nacen. Los segundos, eso sí, lo suelen decir en “petit comité”, no sea que alguna feminista soliviantada ponga el grito en el cielo. Hoy me he encontrado con otra de esas críticas hechas por hombres, pero no es el primer día: desde que Beyoncé sacó su último disco, me he visto ya defendiendo varias veces (casi siempre ante un hombre) que se puede ser Beyoncé y creer firmemente en la igualdad de oportunidades. Pero que un hombre no entienda/acepte eso, es, por desgracia, el pan-nuestro-de-cada-día, ahora bien, que muchas mujeres le critiquen por declararse feminista me parece más grave  (afortunadamente, son las menos).

Si algo ha puesto en claro Beyoncé con su último disco (y ahora también con su manifiesto) es un tema que se viene hablando desde hace tiempo y que por un motivo u otro se pasa de largo, y es cómo el feminismo no ha sido inclusivo con la mujer negra.  Como bien apuntaba Mikki Kendall en The Guardian, no existe la talla única para el feminismo, o como señalaban en NPR, hay toda una comunidad de mujeres que no entienden por empoderamiento lo mismo que una larga tradición de mujeres blancas de clase media. Y parece que molesta, y mucho.

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Ser mujer: dos enfoques antagónicos

Ayer leí un “reportaje” lleno de machismo, envidia y ponzoña en El Mundo sobre cómo se transforma el cuerpo de la mujer durante el embarazo. Pero claro, no hablaban de transformación, sino de deformación y pérdida del canon de belleza imperante. ¿La destinataria? A priori, Pilar Rubio, en realidad, cualquier mujer. Lo peor: lo firmaba una mujer (por favor, que le quiten el carnet de mujer ya, que ya vemos que la palabra sororidad le debe sonar como poco a chino).

Afortunadamente, hoy me encuentro otro artículo en las antípodas del de ayer: una escuela femenina ha lanzado una campaña dirigida a sus alumnas potenciales haciéndoles entender que no existe el príncipe azul ni el cuento de hadas, y que más vale que aprendan ellas a valerse por sí mismas. Chapeau. ¿El autor? Un hombre.

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Femen, ese invento masculino

 

Que detrás de unas mujeres protestando en top-less haya un hombre me sorprendió poco: casi todas las imágenes de protestas de Femen son de nínfulas con coronas de flores a lo Lana del Rey. Todas blancas, por cierto, todas delgadísimas, todas guapas… como si no existiera otro tipo de mujer. Por más que se pintaran mensajes en el cuerpo y llevaran pancartas, la imagen de una activista de Femen estaba (está) a años luz de la de una riot grrrl con un “slut” escrito en el vientre. No es que crea que para protestar haya que ser feo/a o ir hecho un cristo, pero me escamaba la puesta en escena de Femen, la deserción de más de una de sus activistas  y sobre todo, que la anécdota (enseñar el pecho) al final tuviera más relevancia que la causa reivindicada, como si la forma fuera más importante que el porqué. Y ahí es donde pinchaba Femen desde el principio: servían para regalar fotos pintonas a los medios y para llamar la atención sobre quienes protestaban (sobre la mujer como objeto, las cosas como son), pero la desigualdad de turno denunciada, quedaba relegada a la letra pequeña.

Y anoche leía la noticia: el ideólogo de Femen es Victor Svyatski, un mirlo blanco que gritaba a las activistas, las insultaba y de las que dice en el documental ‘Ukraine is not a Brothel’ de Kitty Green que son débiles y sumisas. Tampoco le duelen prendas en afirmar que una de las ideas subyacentes tras las fundación de Femen era ligar (“de forma inconsciente”, eso sí, nadie vaya a pensar que fue todo premeditado) o que hacía castings porque sólo quería a las más guapas en la organización.

Que se apunten los hombres a reivindicar y luchar contra la desigualdad de la mujer me parece estupendo,  que un cenutrio utilice esa causa para vejar y manipular a un grupo de mujeres, me parece lamentable. Lo que no puedo terminar de comprender es qué pasa por la cabeza de esas activistas que se dejaban avasallar y que luego salían a reivindicar derechos para la mujer. Dicen que tienen síndrome de Estocolmo, pero a mí la situación me recuerda mucho más, por desgracia, a la justificación que de su maltratador hacen algunas víctimas.

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Medio siglo después, aún tenemos “mística de la feminidad”

Cuando empecé a leer ‘La mística de la feminidad‘ de Betty Friedan pensé que lo iba a encontrar desfasado: después de todo, ha pasado medio siglo desde su publicación. Pensé que lo leería como el que lee un ensayo histórico o antropológico, que su lectura no dejaría de ser una cuenta pendiente que saldar. Lo que no podía imaginar es que parte del discurso de Friedan sigue vigente cincuenta años más tarde, sobre todo lo relativo a las revistas “femeninas” que poco o nada han cambiado. Critica Friedan que el mundo de la mujer se ha visto confinado a su propio cuerpo y a la belleza, al cuidado de los hijos y del marido. Vale, ahora no es lo único, pero sí sigue siendo buena parte de lo que los medios de la comunicación se ocupan, sobre todo esas revistas mal llamadas “femeninas”. Incluso la sociedad, que lo de ser soltera y/o sin hijos a ciertas edades lo sigue viendo con cara rara: “se te va a pasar el arroz”, “el reloj biológico”, esas vainas. Critica cómo en las revistas “femeninas” no se podía sacar un reportaje de política o actualidad, cómo los fabricantes de marcas estaban detrás de esos editores a la hora de crear necesidades y cómo el tratar de vivir según esa imagen que venden los medios genera frustración. Vaya, no veo tanta diferencia, sólo que ahora la cosa va de vender vestidos y cosméticos, y hasta esas series que supuestamente venden una imagen liberada de la mujer (pienso en ‘Sexo en Nueva York’) al final terminan, cómo no, en boda. Porque ésa es otra: Friedan critica cómo se educa a la mujer para pescar marido, y ahí están hasta revistas como el Cosmopolitan sacando reportajes sobre cómo complacerle (a él, faltaría más), cómo seducirle, cómo gustarle.

Me falta poco más de la mitad para terminar de leerlo, y me pregunto cuántas ideas vigentes me puedo encontrar aún. Me pregunto también si la crisis, el desempleo (afecta mucho más a las mujeres) y la precariedad laboral no terminarán en un resurgir de esa mística de “la mujer en casa y con la pata quebrada” en una sociedad en la que la impresión de un billete con la efigie de Jane Austen provoca todo tipo de amenazas.

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Los medios, en las manos de siempre

Hombre y blanco. Suponemos que además heterosexual. No es un anuncio de contactos, ni de perfume para hombres o de espuma de  afeitar: son los que dirigen el cotarro de las publicaciones en papel en EE.UU. Ni un negro, ni un asiático, ni un hispano, ni una mujer ni nada que se salga de la norma. De su orientación sexual no hablan, pero los imagino heteros, claro, no vayamos a romper los cánones. Son los hombres que dirigen “las mejores revistas del mundo”. Casualmente, todos trabajan para Condé Nast. Pero casualmente, ese prototipo de director de medio de comunicación es extensible a diarios, televisiones, emisorias de radio… y no sólo en EE.UU., aquí también. Por cada Jill Abramson hay decenas de hombres. Conociendo el percal, no nos debería sorprender que con la excusa del “homenaje” hagan infames editoriales de moda con escritoras suicidas: todas mujeres, todas monas, todo muy esteta, todo muy frívolo.

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El club de lectura (veraniega) de Norma Jean Magazine

Si me piden que una dos de mis obsesiones (libros + feminismo/feminidad/lo-que-significa-ser-mujer-ahora-antes-y-siempre), pues allá que voy de cabeza. Así que cuando anoche vi que Norma Jeana Magazine va a montar una lectura veraniega de un libro aún por decidir pero que debe estar escrito por una mujer o tener un personaje feminino intersante, me faltó tan poco tiempo que hasta me quedé sin hueco en la lista de sugerencias… Así que ahí lo dejo: apuntáos.

Y si aún no conocéis Norma Jean y sois de los/las que  creéis que ser feminista equivale a ser una mujer frustrada y gruñona, a lo mejor os lleváis una sorpresa.