Ventajas de la copa menstrual

copa menstrual

 

Hace sólo dos meses, cada vez que alguien me intentaba convencer de que me pasara a la copa menstrual, yo desplegaba todo mi ingenio (y estupidez) para decir que sí, hombre, que iba a a estar yo a cuestas con una copa en la vegina, que qué asco, que ni de coña… y bla, bla, bla. Pero resulta que vivo en un país en el que es más difícil encontrar un tampón con aplicador que jamón serrano en Lidl, y donde además me he terminado de radicalizar en todo lo que tiene que ver con el reciclaje (tengo cuatro cubos de basura, no cojo bolsas de plástico ni para la verdura, salvo que sean picotas, ya no recuerdo lo que es comprar una botella de plástico de agua y despotrico de la Nespresso tanto como de Pegida). Así que pensé, «vamos a ver si estás ofuscando en tu línea habitual y luego te tienes que tragar todo lo que has dicho». Y bingo, así ha sido.

Pero vamos con las ventajas…

  1. Es cómoda. Mucho más que un tampón, mil veces más. No la notas, y sólo necesitas cambiarla cada 8 o 12 horas. Eso significa que hasta puedes dormir con ella puesta.
  2. No filtra. Nada, absolutamente nada. Si filtra, es que no te la has puesto bien o que no se ha abierto dentro. Para «abrirla» basta con girar un poco la base y listo.
  3. Sólo neceseitas agua corriente. Entre un cambio y otro la pasas por el grifo y lista para usar. Entre una menstruación y otra, basta con hervirla tres minutos en agua.
  4. Dura años, literalmente.
  5. Es más barata. En Alemania, la copa cuesta 15.95 euros en cualquier droguería. Por internet, hay que sumar los gastos de envío. Pero te ahorras tampones y compresas el resto de tu vida. Si la caja de tampones sale a 2 euros (4 largos en España) y otro tanto en compresas, no hay que ser un genio de las matemáticas para averiguar que la amortizas en seguida.
  6. Las hay de mil tamaños, capacidades, durezas y formas… Según tu peso, flujo, edad y si has parido o no, necesitarás una u otra. Aquí hay una guía que ayuda a saber cuál es la mejor. Yo recomiendo tener dos, una normal para los primeros días, otra más pequeña para los últimos.
  7. No provoca alergias ni síndrome de shock tóxico.
  8. No contamina.
  9. Viene con una bolsita que te permite llevártela de viaje sin problema alguno.

Así que os recomiendo que hagáis la prueba. Aunque se inventaron en el siglo XIX y empezaron a fabricarse de forma industrial en la década de los 30, la información que hay sobre ellas es muy escasa. Por algo se gastan un pastizal marcas como Tampax en anuncios, y está claro que los anunciantes no quieren ver que los medios a los que pagan sacan loas a una competencia que les puede arruinar. En las farmacias, al menos aquí en Alemania, ni saben de qué les hablas cuando pides una, pero en las droguerías se encuentran sin problemas. En España no sé cómo estará la cosa, pero siempre se puede acudir a internet (RubyCup, por ejemplo, además dona una copa menstrual en África por cada copa que venden).

¿Inconvenientes? Ni uno. Las dos primeras veces que la usas puede resultar aparatoso ponerla y quitarla, pero en seguida te acostumbras y lo puedes hacer con los ojos cerrados (exactamente igual que con los tampones, vaya). Se puede introducir de varias formas (aquí va una pequeña guía en alemán, pero los dibujos son universales) y para sacarla basta con tirar del apéndice, hacer vacío y listo (aquí va un vídeo muy claro también). Si la llego a haber descubierto antes, no me había gastado ni un céntimo en tampones.

 

 

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