… y sigo dándole vueltas a lo del “machismo gafapasta”

En esas estoy desde el sábado, lo confieso, no tanto a vueltas con el reportaje de Diagonal como con las reacciones que ha suscitado. En estos días he leído de todo, comentarios deleznables, razonamientos sopesados, exposiciones de hechos y hasta defensas realizadas por los propios aludidos.

Está claro que no hay un punto de vista unívoco, ni siquiera unanimidad (salvo en la evidente denuncia del machismo, claro, hasta ahí parece que salvo cuatro cenutrios todos/as estamos de acuerdo). Pero me han sorprendido, y mucho, los ataques virulentos a quien no piensa como se supone que se debe pensar (duda: ¿quién decide cómo se debe pensar y el qué?, y si alguien lo decide, ¿no estamos entonces ante un totalitarismo?). Incluso me he encontrado con que se me ha acusado de machista (¡!) por decir una obviedad como que el machismo no es patrimonio exclusivo del “indie”. Que me hubieran acusado de obvia lo habría aceptado, ¿pero de machista? Pero sí, entiendo que el debate surge en torno a esa cosa llamada “escena indie”, pero ya que se abre el debate, ¿por qué no ir más allá? Que el “indie”, sobre todo en este país, son cuatro gatos y le importa a otros cuatro. Creo que a más de una mujer le dará igual que Los Planetas canten X o Z porque no les escuchan, en cambio les puede importar más que no estén representadas en los medios de comunicación, discográficas, promotoras, etc., o que ganen mucho menos porque a lo mejor aspiran a dedicarse a ello, y porque eso, no deja de ser un reflejo de la sociedad. Que sí, las letras de las canciones también, pero en realidad son la creación de una individualidad, un sujeto. Y ojo, que invito a cualquiera que no lo haya hecho a leer ‘La fierecilla domada’ de Shakespeare y discutimos entonces el rol de la mujer en la sociedad isabelina. Me estoy yendo…

Puedo entender, hasta cierto punto, el tuit agresivo contra quien no piensa como uno/a (estos días he sufrido unos cuantos de, sorprendentemente, mujeres que luchan por lo mismo que yo). Pero lo puedo entender, insisto, que yo con 20 años también odiaba al mundo en general, y a los hombres y el poder en particular (lo de mi relación con el poder creo que en realidad no ha cambiado tanto). Pero me di cuenta de que enarbolando de entrada la bandera del rechazo por sistema conseguía justo esa misma reacción: más rechazo. Y si vas con el cuchillo entre los dientes, es posible que la gente huya antes de querer escucharte. Y no estoy hablando del patriarcado así en genérico, como si fuera una cosa abstracta, un ente sin cara… me refiero a los hombres con los que convivo. Las revoluciones, creo, también empiezan en lo local, en los pequeños gestos. Ahora sé algo que no sabía con 20 años: si de entrada suelto un “los hombres sois lo peor”, no me van a querer escuchar. Pedimos empatía, pero tenemos que generarla también. Y aquí, aunque a algunos/as no les guste oírlo, todos tenemos una responsabilidad.

Sí, la guerra de sexos existe, pero no me interesa una lucha contra quien trabaja y vive conmigo, sino contra un sistema injusto. Y a lo mejor, a quien trabaja y vive conmigo, le crispa que le eche la culpa de todos los males. En estos días, a través de Twitter, Facebook, posts, comentarios, lo que queráis, he visto a muchos hombres dispuestos a escuchar, a participar en un debate, a compartir puntos de vista. ¿Y se les debe rechazar porque son hombres? No. Un hombre solo no tiene la culpa de todos los males del sistema, no se los queramos cargar. ¿No será mejor generar diálogo y empatía?  ¿Sabéis cuántos hombres sienten rechazo al escribir y hablar en femenino? Conozco muchos hombres que no pueden ser acusados de machistas que lo rechazan,  y se cierran en banda a seguir escuchando aunque al final estén de nuestro lado (afortunadamente, también, conozco a muchos hombres que quieren mujeres con los mismos derechos y deberes que ellos, y no simples floreros). A lo mejor se está empezando a construir la casa por el tejado cuando debiéramos acercar posturas. Y sí, está visto que lo de dialogar, molesta, y levanta ampollas. A lo mejor soy una ingenua, pero no entiendo cómo se va a conseguir nada haciendo aún más enemigos y crispando más.

Y seguro que me dejo cosas en el tintero, y seguro que le doy más vueltas al tema, y sí, estoy abierta a escuchar opiniones, pero razonadas, pensadas…

Y a todo esto, ¿qué es el indie? ¿Y de la homofobia qué, cuándo toca hablar?

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