‘Operación biquini’ o la cosificación de la mujer

Se acerca el verano y un año más los medios de comunicación bombardean con sus reportajes sobre la ‘operación biquini': toca deshacerse de la celulitis, luchar contra la piel de naranja, hacerse la depilación con láser, ponerse morena y lucir tipo. Como si la mujer no fuera más que un cuerpo maleable, estirable, depilable y deformable para adaptarse al canon de belleza que imponen esos mismo medios y los anunciantes de los que se nutre (cremas reductoras, tintes, cera depilatoria y demás productos milagrosos de efectividad más que dudosa). Un canon de belleza imposible perfectamente planificado desde la industria cosmética que encuentra en muchos medios de comunicación su mejor aliado, ávido de pillar publi a cualquier precio, aunque ese precio sea cosificar a la mujer y reducirla a un cuerpo que ante todo debe gustar.

Evito como a la peste las mal llamadas ‘revistas femeninas’, pero en estos meses en imposible abrir un diario generalista sin encontrarse a la experta de turno recomendando un innovador y carísimo tratamiento que, por supuesto, no sirve para nada (ni las estrías desaparecen, ni las cartucheras se pueden eliminar sin pasar por quirófano y no hay forma natural de luchar contra el envejecimiento porque éste es inevitable). Para que la cosificación quede camuflada, estos publirreportajes (porque no son otra cosa) los firman, por supuesto, mujeres. Hablamos de tú a tú, claro, de ese problema que tanto nos inquieta a las mujeres, parecen querer decir. Mentira: lo que pasa en realidad es que si un hombre firmara un reportaje sobre cómo terminar con los kilos de más es probable que las mismas lectoras de esos infames textos montaran en cólera: ¿es que nos quieren hacer pasar por el aro?, se indignarían. Pero ah, claro, los firma una mujer que también quiere un cuerpo maleable y cosificado. Ya está: miles de mujeres pican el anzuelo y a comprar esos productos milagro. Y así cada año, perpetuando este machismo para el que la mujer, ante todo, tiene que gustarse a sí misma para gustar a los demás: alimentando el estereotipo del para estar bella hay que sufrir.

Nada dicen esos medios de aceptar el cuerpo tal y como es, de cultivar la mente en vez de la belleza o de que ningún tratamiento conseguirá frenar a la naturaleza: las tetas se caen, el pelo encanece, las estrías llegan para quedarse y las arrugas son inevitables.

Pero ahí están esos reportajes, con cientos de miles de lectoras ávidas que buscan la receta de la eterna juventud, un cuerpo infantilizado y torturado con la connivencia de la sociedad. ¿Hasta cuándo, me pregunto?

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