My Bloody Valentine

Lo confieso: no recuerdo cuándo escuché a My Bloody Valentine por primera vez, entre otras cosas porque aquella fue una época en la que empecé a descubrir mucha música nueva que en nada se parecía a lo que había escuchado antes. Pero sí recuerdo que My Bloody Valentine es uno de los grupos por los que sentí predilección desde el principio. Y sí, ‘Loveless’ era mi disco favorito.

Con los años, inevitablemente, dejé de escucharlos tanto, pero nunca los abandoné del todo. En 2008, a saber por qué, me dio otra vez por ellos. Recuerdo que me los ponía a todo volumen por la mañana cuando iba a trabajar, sin que aún hubiera amanecido, y a la vuelta, cuando la noche ya se había cernido sobre la ciudad. Pocos meses después anunciaban su concierto en el Primavera Sound. Aunque cada vez soy más escéptica con las reuniones de grupos, en ese caso no lo fui. Ya había leído por ahí cómo las gastaban en directo y que tenían que repartir tapones. Pues con tapones, vale. Lo que haga falta por escuchar ‘I only said’, ‘Touched’ o ‘Feed me with your kiss’.

My Bloody Valentine tocaron dos días seguidos en el festival. La primera noche, al aire libre: me gustó, pero nada tenía que ver con lo que me esperaba al día siguiente en el Auditori. Todo lo que había leído y escuchado sobre sus conciertos, todos los años que había pasado escuchando al grupo a todo volumen y todos los tapones del mundo (que repartieron a la entrada) no podían preparar a nadie para aquella tormenta de ruido apocalíptico que se sintió en el Auditori. Y escribió ‘sintió’ en vez de ‘escuchó’ porque aquello fue un atraco a mano armada (de guitarras y pedales) a los sentidos. Se me movieron, literamente, todos los músculos y órganos del cuerpo. Salí de allí temblando, perdida: nada del cartel me interesaba ya, no podía quitarme de la mente a My Bloody Valentine, y tampoco quería, así que me fui pronto de allí y a la mierda con el resto del cartel. No pude dormir: su música aún retumbaba en mis tímpanos. Si cerraba los ojos me sumergía de nuevo en aquel ruido apocalíptico y catártico. Pero tampoco me importaba.

Mañana se reeditan ‘Isn’t anything’ y ‘Loveless’ y además salen a la luz todos sus EPs reunidos y con material inédito. Todo, remasterizado por Kevn Shields, que ha usado los másters originales y ha adaptado el sonido a las especificaciones técnicas de los lectores de CDs para que ‘Loveless’ suene como tiene que sonar. Mientras, los más ansiosos ya podemos escuchar las dos versiones del disco por cortesía de The Guardian. En ésas estoy ahora mismo. Y lo sigo disfrutando como si fuera la primera vez, como si los acabara de descubrir anteayer.

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