Archivos Mensuales: mayo 2012

política sociedad

Para Cristo el que está montando el Gobierno

La democracia sale por la puerta en cuanto entra la censura, y de éso, y no de sentimientos religiosos, se trata exactamente esta brutal caza de brujas contra Javier Krahe. Si la cosa fuera de setimientos religiosos, que me expliquen por qué a esas mismas mentes bienpensantes que quieren condenar a Krahe le parecen que los musulmanes que critican las caricaturas de Mahoma les parecen “radicales”. De nuevo el doble rasero. Para el PP ni Woody Allen se libraría, que se ríe de la religión judía pese a ser judío (ignoro si practicante o reconvertido en ateo). Se empieza así y se termina quemando libros. Eso sí, mientras a intentar tapar ese gran agujero negro de Bankia con el dinero que nos roban del Estado de Bienestar: ése sí que es un Cristo y no el de Krahe.

feminismo periodismo sociedad

‘Operación biquini’ o la cosificación de la mujer

Se acerca el verano y un año más los medios de comunicación bombardean con sus reportajes sobre la ‘operación biquini': toca deshacerse de la celulitis, luchar contra la piel de naranja, hacerse la depilación con láser, ponerse morena y lucir tipo. Como si la mujer no fuera más que un cuerpo maleable, estirable, depilable y deformable para adaptarse al canon de belleza que imponen esos mismo medios y los anunciantes de los que se nutre (cremas reductoras, tintes, cera depilatoria y demás productos milagrosos de efectividad más que dudosa). Un canon de belleza imposible perfectamente planificado desde la industria cosmética que encuentra en muchos medios de comunicación su mejor aliado, ávido de pillar publi a cualquier precio, aunque ese precio sea cosificar a la mujer y reducirla a un cuerpo que ante todo debe gustar.

Evito como a la peste las mal llamadas ‘revistas femeninas’, pero en estos meses en imposible abrir un diario generalista sin encontrarse a la experta de turno recomendando un innovador y carísimo tratamiento que, por supuesto, no sirve para nada (ni las estrías desaparecen, ni las cartucheras se pueden eliminar sin pasar por quirófano y no hay forma natural de luchar contra el envejecimiento porque éste es inevitable). Para que la cosificación quede camuflada, estos publirreportajes (porque no son otra cosa) los firman, por supuesto, mujeres. Hablamos de tú a tú, claro, de ese problema que tanto nos inquieta a las mujeres, parecen querer decir. Mentira: lo que pasa en realidad es que si un hombre firmara un reportaje sobre cómo terminar con los kilos de más es probable que las mismas lectoras de esos infames textos montaran en cólera: ¿es que nos quieren hacer pasar por el aro?, se indignarían. Pero ah, claro, los firma una mujer que también quiere un cuerpo maleable y cosificado. Ya está: miles de mujeres pican el anzuelo y a comprar esos productos milagro. Y así cada año, perpetuando este machismo para el que la mujer, ante todo, tiene que gustarse a sí misma para gustar a los demás: alimentando el estereotipo del para estar bella hay que sufrir.

Nada dicen esos medios de aceptar el cuerpo tal y como es, de cultivar la mente en vez de la belleza o de que ningún tratamiento conseguirá frenar a la naturaleza: las tetas se caen, el pelo encanece, las estrías llegan para quedarse y las arrugas son inevitables.

Pero ahí están esos reportajes, con cientos de miles de lectoras ávidas que buscan la receta de la eterna juventud, un cuerpo infantilizado y torturado con la connivencia de la sociedad. ¿Hasta cuándo, me pregunto?

música

‘Cancer 4 Cure’

Llevaba un tiempo sin escuchar a El-P: esas cosas que pasan, que de repente dejas de lado un grupo o un artista, sin saber muy bien por qué, sin que haya mediado el desencanto, simplemente porque sí. Y de repente despiertas, y ‘Cancer 4 Cure’ te llama a gritos desde Spotify, y lo pones, y las dos primeras canciones te despiertan más que la jarra de café que te acabas de beber. Y entonces recuerdas por qué te gustaba El-P y dejas que ‘Tougher Colder Killer’ suene bien alta. Y no quieres pensar ni en flow, ni en beats, ni en rimas. No quieres analizar ni ejercer la crítica. Sólo quieres disfrutar de semejante salvajada. Nada más.

batiburrillo música

‘Shoot’

Puede que Kim Gordon no fuera una ‘riot grrrl’, pero su actitud le daba (y le da aún) mil vueltas a muchas de ellas: ahí están sus canciones y su actitud para demostrarlo. Pero si hay una canción de Sonic Youth que me fascina todavía como la primera vez, ésa es ‘Shoot': la forma en que la canta Kim Gordon da aún más fuerza a esa letra absolutamente enfermiza en que una chica pide dinero, coche y hasta lápiz de labios a su ¿chulo?, ¿pareja? No queda claro, pero que la relación no esté clara es aún más interesante. Gordon juega a la ‘lolita’ que parece dominada pero que en realidad tiene la sartén por el mango: “no soy una niña pequeña / y por supuesto no eres mi padre / ni siquiera sabes / lo que casi tuviste”, canta Gordon arrastrando su voz, una voz ronca y a ratos gutural, como cuando dice que “no voy a pedir tu permiso para salir”. Una canción que parece la letanía de una ‘lolita armada’ y contemporánea.

Can I have some money? I’m gonna go to the store
Can I have some money? I can’t tell you what it’s for
Can I have some money? you know it’s you that I adore
Can I have some money? don’t ask me what it’s for

Since we’ve been together you’ve been good to me
You only hit me when you wanna be pleased

Can I have the car keys? I’m gonna go for a ride
Can I have the car please? I’m going out for a while
Can I have the car now? I wanna drive all around
Can I have the car dear? I’m gonna to leave this town

I won’t be asking your permission to leave
I won’t be asking not to have this baby please
And I won’t be asking a devil for a bus fare please
And I won’t be asking I had to see you bleed

Ssssssh
Visualize
That’s right
Pray baby
One two three
Shoot, shoot, shoot, shoot

Can I have my lipstick? that was such a surprise
Can I have my lipstick? I’m going out for a ride
I’m not a little girl, and you sure are not my dad
You don’t even know what you almost had

política sociedad

#12M: una pequeña crónica

Fue, tal vez, menos gente de la esperada (al menos de la que yo esperaba): no ayudó la sensación generalizada de que la policía podía cargar en cualquier momento. No había miedo, pero sí algo de inquietud.

Las 22:00 en la Puerta del Sol: entramos en la hora en que las concentraciones ya no están permitidas. Expectación. No pasa nada. En realidad no pasa nada durante las dos próximas horas. Escucho a una chica gritando “aquí no hacemos nada, vamos al Congreso”: nadie la escucha… o nadie la quiere escuchar, porque ni la miran siquiera.  Las 00:00: grito mudo, expectación… se han desafiado los horarios establecidos, no ha pasado nada. ¿Demostración de fuerza del 15M o indiferencia del poder establecido?

La gente empieza a irse y en la plaza apenas quedan un centenar de personas hasta que comienza la Asamblea. Llega mucha más gente que se sienta a intentar escuchar lo que se dice (y escribo intentar porque sólo con un megáfono es imposible escuchar nada). En la Asamblea se está decidiendo si se acampa o no mientras hay quienes ya andan montando el campamento: cartones, lonas, mochilas y hasta una maleta. Para cuando la Asamblea termina, ya hay incluso quienes duermen.  Lo que pasa un par de horas más tarde ya lo sabemos todos: desalojo y detenciones. Y de nuevo el efecto llamada, de nuevo las manifestaciones convocadas hoy a las 17:00, y de nuevo la sensación de que no se avanza, de que el 15M se pierde con lo estático (acampar)… aunque sea una minoría, aunque las asambleas avancen, aunque los grupos de trabajo funcionen. Todo el interés mediático, una vez más, en el viejo “¿acampar o no?“. Mientras, la apisonadora continúa su trabajo decretazos mediante. Lo viernes, recortes.

política sociedad

15M: un año después, más necesario que nunca

Lo confieso: no tengo ni la más remota idea de hacia dónde vamos. No lo sé. Hace un año empecé con mucho escepticismo, me convertí en día y medio, me cuestioné algunas cosas y apoyé (y apoyo) decididamente otras. Pero da igual que las protestas sean globales, multitudinarias, pacíficas… El poder (entiéndase por poder lo que se quiera: mercados, gobiernos, Bankia o el presidente de la comunidad de vecinos que impide guardar bicis en el portal), pues a lo que iba, el poder sigue haciendo lo que le sale de los mismísimos. Viernes sí viernes también tenemos decretazo y disgustos: que si hoy nos cargamos la Sanidad, mañana las Autonomías, pasado los derechos laborales y en breve decretan falda para las mujeres y rasurado facial para los hombres (mejor no dar ideas).

Está claro que con biodanza, gritos mudos y abrazos colectivos no vamos a ninguna parte. Francamente, entre nosotros, si yo estuviera atropellando de esta forma el Estado de Bienestar y me vinieran con abrazos colectivos me reiría más que el Sr. Burns: “mírales, ya están otra vez abrazándose, qué enternecedor”.

Pero las cosas como son: hay que salir a la calle. Que sí, que sabemos lo que hacéis, sabemos cómo las gastáis, pero no me callo. Que quieres un pueblo sumiso y aborregado, pero no. Hay que posicionarse. Y quejarse. Porque hasta con eso quieren terminar: y sólo si callamos habremos perdido la batalla.

Convocatorias para esta semana en Madrid y una guía muy útil de no violencia.

batiburrillo música

My Bloody Valentine

Lo confieso: no recuerdo cuándo escuché a My Bloody Valentine por primera vez, entre otras cosas porque aquella fue una época en la que empecé a descubrir mucha música nueva que en nada se parecía a lo que había escuchado antes. Pero sí recuerdo que My Bloody Valentine es uno de los grupos por los que sentí predilección desde el principio. Y sí, ‘Loveless’ era mi disco favorito.

Con los años, inevitablemente, dejé de escucharlos tanto, pero nunca los abandoné del todo. En 2008, a saber por qué, me dio otra vez por ellos. Recuerdo que me los ponía a todo volumen por la mañana cuando iba a trabajar, sin que aún hubiera amanecido, y a la vuelta, cuando la noche ya se había cernido sobre la ciudad. Pocos meses después anunciaban su concierto en el Primavera Sound. Aunque cada vez soy más escéptica con las reuniones de grupos, en ese caso no lo fui. Ya había leído por ahí cómo las gastaban en directo y que tenían que repartir tapones. Pues con tapones, vale. Lo que haga falta por escuchar ‘I only said’, ‘Touched’ o ‘Feed me with your kiss’.

My Bloody Valentine tocaron dos días seguidos en el festival. La primera noche, al aire libre: me gustó, pero nada tenía que ver con lo que me esperaba al día siguiente en el Auditori. Todo lo que había leído y escuchado sobre sus conciertos, todos los años que había pasado escuchando al grupo a todo volumen y todos los tapones del mundo (que repartieron a la entrada) no podían preparar a nadie para aquella tormenta de ruido apocalíptico que se sintió en el Auditori. Y escribió ‘sintió’ en vez de ‘escuchó’ porque aquello fue un atraco a mano armada (de guitarras y pedales) a los sentidos. Se me movieron, literamente, todos los músculos y órganos del cuerpo. Salí de allí temblando, perdida: nada del cartel me interesaba ya, no podía quitarme de la mente a My Bloody Valentine, y tampoco quería, así que me fui pronto de allí y a la mierda con el resto del cartel. No pude dormir: su música aún retumbaba en mis tímpanos. Si cerraba los ojos me sumergía de nuevo en aquel ruido apocalíptico y catártico. Pero tampoco me importaba.

Mañana se reeditan ‘Isn’t anything’ y ‘Loveless’ y además salen a la luz todos sus EPs reunidos y con material inédito. Todo, remasterizado por Kevn Shields, que ha usado los másters originales y ha adaptado el sonido a las especificaciones técnicas de los lectores de CDs para que ‘Loveless’ suene como tiene que sonar. Mientras, los más ansiosos ya podemos escuchar las dos versiones del disco por cortesía de The Guardian. En ésas estoy ahora mismo. Y lo sigo disfrutando como si fuera la primera vez, como si los acabara de descubrir anteayer.

literatura

‘El público’

Las primeras páginas de ‘El público‘ producen un tremendo desasosiego: se supone que estamos ante una distopía ficticia, pero es una distopía tan parecida a la realidad que asusta. Un periodista que malvive y que ha visto cómo se desvanecían sus sueños es contratado por un periódico para hacerse cargo de la redacción de un suplemento de lujo y tendencias. Solución a sus problemas financieros que a su vez le supone un dilema ético: ¿se puede escribir sobre “lujo asiático” y estilos de vida elitistas cuando se sueña con una revolución?

A partir de ese momento el protagonista sufre un desdoblamiento entre lo que es y lo que desea ser que sirve al autor como vehículo para hacer un lúcido análisis tanto de los medios de comunicación como del momento que estamos viviendo. ¿Distopía o realidad? Pues es el propio ‘público’, nunca mejor dicho, quiene tiene que decidir dónde empieza y termina el juego que Galindo propone.

Poco más se puede contar de ‘El público’ sin destriparla… pero obviarla es un error.

batiburrillo

Nocturno distópico

La distopía es aquí y ahora, la distopía es escuchar a Crystal Castles en un andén vacío, de madrugada, sin casa propia a la que ir, sin sueños factibles que asir… Sólo el vacío, una adolescencia alargada ‘ad aeternam’ a nuestro pesar, una vida robada… un andén vacío, en definitiva, con trenes que no tienen hora de llegada ni destino alguno.

La distopía es irse a casa sin follar.