Archivos Mensuales: noviembre 2011

televisión

‘Portlandia’

La reacción tras ver el primer capítulo de ‘Portlandia‘ es de sorpresa absoluta y enganche inmediato. No se trata de la típica sitcom, sino de una serie de sketches que tienen un punto Muchachada Nui y Monty Python: humor absurdo y un tanto surrealista que tiene como protagonistas la modernidad, la nostalgia por los 90, el feminismo, la música, la ecología, el ahorro, el diseño… No se libra casi nada.

Además, la serie está llena de secundarios del mundo de la cultura y del cine: Kyle Maclachlan, Colin Meloy, Gus Van Sant, Aimee Mann, Steve Buscemi, Corin Tucker… Tiene todas las papeletas para convertirse en una serie de culto.

En EE. UU. han ogranizado incluso una gira que llevará ‘Portlandia’ por distintos festivales y para la segunda temporada ya se ha confirmado la participación de Joanna Newsom, Eddie Vedder, Steve Jones y Annie Clark, entre otros.

El 6 de diciembre se pone a la venta el DVD con la primera temporada, y un mes más tarde comienza a emitirse la segunda en IFC.

Sorprende ver a Carrie Brownstein (cantante y guitarrista de Sleater-Kinney y Wild Flag) haciendo de actriz cómica y metiéndose en diferentes pieles para dar rienda suelta a su vis cómica. Sorprende pero funciona.

En la serie además participan como personajes secundarios actores y músicos como Kyle Maclachlan, Steve Buscemi, Gus Van Sant, Corin Tucker, Colin Meloy… A menudo aparecen en un juego importante de autorreferencia, como cuando el personaje de Maclachlan insiste en no tener nada que ver con Seattle (la ciudad en la que se rodó ‘Twin Peaks‘ y en la que él daba vida al agente Cooper). De hecho, la serie juega con muchas bromas de ese tipo (como el capítulo en el que Brownstein trabaja en la conserjería de un hotel en el que se alojan los asistentes a un festival de música).

‘Portlandia’, que tiene todos los ingredientes para convertirse en una serie de culto, va a protagonizar una gira por EE.UU. y en la segunda temporada, que se estrena el 6 de enero en IFC van a participar Joanna Newsom, Eddie Vedder, Tim Robbins, Steve Jones y Penny Marshall.

El DVD de la primera temporada se pone a la venta el 6 de diciembre.

literatura

De Henry a Chinaski

A veces no tengo claro si es uno el que elige los escritores que le acompañan durante su vida o si por el contrario, ciertos libros van hacia uno. No lo sé, probablemente la segunda opción sea bastante pretenciosa. Lo que sí sé es que hay una serie de autores sin los que no concibo la literatura. Bukowski es uno de ellos.

De Bukowski se da a menudo una imagen superficial de alcóholico obsesionado con el sexo. Pero quedarse ahí es menospreciar su literatura, que va mucho más allá: ahonda en la condición humana, en la mediocridad de una vida marcada por los horarios laborales y la búsqueda del dinero, en la angustia existencial, en la poética del perdedor, en el sinsentido que a menudo encierra vivir, en definitiva. Bukowski se rebela contra todo aquello que la sociedad exige y espera de un ciudadano de bien. Él quiere vivir, pero quiere hacerlo como a él le da la gana, no como se supone que debe hacerlo. Se ha vendido incluso una imagen misógina de Bukowski, cuando en realidad más que misoginia lo que padecía era una profunda sociopatía.

En ‘Ham on rye‘ (traducido al castellano como ‘La senda del perdedor’, con lo que se pierde todo el juego de palabras con ‘The catcher in the rye’) asistimos a la conversión de Henry en Chinaski, de Charles en Bukowski. La novela se abre con un Henry aún niño cuya familia no se caracteriza precisamente por la comprensión y mucho menos por la empatía: palizas, insultos, desprecios… La situación se agrava en el colegio, donde Henry lleva una vida más bien solitaria, y se complica aún más en la adolescencia, acomplejado por un salvaje acné que le convierte en objeto de burlas y que le vuelve aún más arisco, desconfiado y solitario. Sólo encuentra refugio en el alcohol, que descubre furtivamente de la mano de un amigo.

Todas las vicisitudes por las que pasa son imprescindibles para comprender cómo y por qué Henry se convierte en Chinaski, un personaje prácticamente maldito desde la cuna que sólo logra intuir la felicidad viviendo al margen de la sociedad. Una lectura imprescindible para entender a Chinaski-Bukowski.

diseño gráfico literatura

‘Rey huevo’

Un ser extraño que nace de un huevo y al que coronan rey contra su voluntad: ése es el punto de partida de ‘Rey huevo’, el último cómic de Miguel B. Núñez.

A partir de ese sencillo planteamiento Miguel B. Núñez construye un cómic que funciona perfectamente en tres niveles: el visual, el adulto y el infantil. A nivel visual es irreprochable. Todos los personajes y viñetas de ‘Rey huevo’ tienen el inconfundible sello de Miguel B. Núñez: trazo limpio, detalles y un toque algo naïf. Un adulto puede leer ‘Rey huevo’ como una alegoría del poder, la búsqueda de la felicidad y el valor de la amistad. Y para un niño, además de divertimento puro y duro, puede suponer el descubrimiento de valores como la solidaridad. Y todo ésto sin ponerse trascendente ni perder el sentido del humor que caracteriza a Miguel B. Núñez (a mí me arrancó más de una sonrisa).

‘Rey huevo’ se puede comprar directamente en la web de Mamut Cómics. Ahí queda la recomendación.

política sociedad

‘Give me liberty': Naomi Wolf se adelantó a OWS

Naomi Wolf puso a finales de octubre su último libro, ‘Give me liberty’, a 2,99 $. No me lo pensé dos veces y ayer lo terminé de leer.

Escrito en 2008, Wolf se adelantó a las protestas que están teniendo lugar en EE.UU. con esta obra que pretende ser un “libro de mano para revolucionarios americanos”.

A través de sus páginas, Wolf describe ese ideal norteamericano de libertad “y justicia para todos” que de un tiempo a esta parte ha sido relegado mediante leyes restrictivas que en aras de la seguridad terminan con derechos civiles. Para ello hace un análisis histórico de las ideas que estaban presentes en los fundadores de EE.UU. cuando se fundó el país: desde el derecho a protestar a la igualdad, pasando por la libertad de prensa (cuenta el caso de Josh Wolf, encarcelado por no dar a la policía el vídeo original en el que se veía un brutal arresto policial). Poco a poco, y capítulo a capítulo, Wolf va analizando cada una de las libertades y derechos civiles que recoge la Constitución norteamericana (cuyo texto también reproduce de forma íntegra). Tras su lectura, uno descubre por qué en las protestas de Occupy Wall Street no se ven megáfonos y repiten las asambleas frase por frase (hace falta permisos casi imposible de conseguir) o por qué en las acampadas norteamericanas se ven banderas estadounidenses (algo que resultaría difícil de entender en España, sin ir más lejor). Es una buena forma de comprender las trabas y problemas a los que se enfrentan los activistas de EE.UU.

El tercer capítulo es un manual de activismo: consejos para tratar con la prensa cuando uno lucha por una causa, manuales para votar (no olvidemos que en EE.UU. hay que registrarse e incluso llamar para preguntar dónde tiene que votar uno), consejos para dar a conocer la causa que uno defiende mediante blogs y redes sociales y hasta los pasos que hay que seguir para poder luchar contra la falta de transparencia política. Parece que Naomi Wolf se hubiera adelantado a los acontecimientos que ahora tienen lugar en Norteamérica. De hecho Wolf hace campaña activa a favor de los indignados e incluso fue arrestada en una de las manifestaciones.

Aquí se puede descargar el tercer capítulo de forma gratuita: aunque las leyes varían mucho de un país a otro, algunos de los consejos que dan (desde cómo organizar manifestaciones hasta cómo comunicarse con la prensa) son válidos aquí y allí.

literatura

Redescubrir a DFW

Ya leí en su momento buena parte de las obras de David Foster Wallace. En verano de 2008, justo antes de que se suicidara, volví a leerle: salvo “La broma infinita” (que no me habría dado tiempo a terminar en los quince días de prestamo de la biblioteca) y “The broom of the system” (que no lo tenían), devoré de nuevo cada uno de sus libros.

Desde entonces ha caído “La broma…” (dos veces), su inacabado “El rey pálido” y ahora, por primera vez, “The broom of the system”. Y me alegro más que nunca de no haberlo leído antes, porque gracias a él he redescubierto a DFW, como si fuera la primera vez que lo leyera.

Que “The broom of the system” es la primera obra de Foster Wallace se deja notar en pequeños detalles: tiene algo de naïve’, resulta mucho más optimista que el resto de su obra y aunque está llena de humor, éste no es tan negro como en novelas posteriores. También resulta algo más desorganizada: cuenta mil historias distintas, sí, pero a veces lo hace en forma de relatos insertados de una forma un tanto artificial (como los largos cuentos con los que Rick intenta entretener a su novia Lenore). Pero aparecen también algunas de las características del resto de su obra: la mezcla de estilos narrativos (que a veces resulta en metaliteratura), las referencias filosóficas (Wittgenstein es un protagonista en la sombra) y los personajes bizarros (la protagonista, Lenore Beadsman, resulta la más normal si la comparamos con el hombre que quiere engordar para consumir el espacio vital del resto del mundo, el psicólogo que pasea con una muñeca hinchable, el hermano que habla con su pierna artificial o el pájaro convertido en asistente de un telepredicador).

“The broom of the system” es extraña, divertida y rara. Es, a la vez, imprescindible para comprender las claves del resto de su obra. Y también vital para desmontar ese tópico de un DFW deprimido y sin sentido del humor.

música

Goodbye 20th century

En mi vida hay un antes y un después de Sonic Youth. Cuando el 15 de octubre desperté con la noticia de la separación de Kim Gordon y Thurston Moore, supe que estaba ante el fin de una época. Fue mi particular despedida del siglo XX.

No nos engañemos: las cosas no pintan nada bien para el futuro de Sonic Youth. Hasta Lee Ranaldo reconocía recientemente en una entrevista reciente con respecto al grupo que “como mínimo, espero una larga hibernación“.

Nos queda para el recuerdo la que es (me temo) su última aparición en directo, en Sao Paulo. Está colgada íntegra en YouTube. En su línea, el grupo termina la actuación con una catarsis de ruido y conviertiendo las guitarras y bajos en instrumentos deconstruidos cuyo único fin es el de hacer ruido. Un ruido estudiado e intelectualizado, pero bendito y maravilloso ruido.

feminismo música sociedad

Sasha Grey y su derecho a reinventarse

Me enteré de la existencia de Sasha Grey por un amigo que me recomendó que viera ‘The Girlfriend experience‘ (aún no la he visto, por cierto, a ver si me pongo las pilas). Me la describió como una “chica normalita, tipo tú, que no se depila las cejas ni está operada, que es una estrella del porno y ahora debuta en el cine indie”. Me quedé con el dato. Me hizo gracia que alguien me comparase con una estrella del porno, aunque sólo fuera por el hecho de que no se depilara las cejas ni estuviera operada (cosa que, confieso, hizo que me cayera mejor).

Un año más tarde volvía a escuchar el nombre de Sasha Grey: esta vez se había embarcado en el mundo de la música, donde no se le hizo demasiado caso. Si se hablaba de ella, era imposible que no se recordara su pasado como actriz porno. Recordé entonces cómo en ‘Testo yonquiBeatriz Preciado contaba que muchas actrices porno optaban por engordar casi hasta la deformación cuando dejaban el cine X para poder pasar inadvertidas y llevar una vida normal. Sasha Grey, huelga decirlo, no optó por ese camino.

De nuevo pasa un año y Sasha Grey vuelve a ser noticia: la semana pasada acudió a un colegio de California a leer un cuento a los niños y son muchos los padres que se han levantado en pie de guerra. Habrían querido que en vez de Sasha hubiera acudido “un policía o un bombero”. ¡Por supuesto! Donde esté un hombre de bien con uniforme y condecoraciones que se quite esta mujer, que da igual qué vida lleve, ha sido actriz porno y oigan, ¡es que esa mujer ya está marcada de por vida! ¡Faltaría más!

Francamente, si tuviera hijos preferiría que les leyera un cuento Sasha Grey a un policía. Pero ya sabemos cómo anda la sociedad americana en cuestiones de moral: hay que guardar las apariencias. Uno puede ir bebiendo a morro una botella de whisky por la calle, pero que la meta en una bolsa marrón, por favor, que no se sepa lo que está consumiendo. No es que en el resto del mundo las cosas estén mucho mejor. La doble moral campa a sus anchas y por desgracia ser mujer y tener derecho a llevar la vida que una quiera aún parecen incompatibles.

No sólo apoyo a Sasha Grey al 100% en su legítimo derecho a hacer lo que quiera con su vida, sino que además aprovecho para dejar un vídeo promocional de ‘Neü Sex’, el libro que público en mayo vía Vice.

literatura música política sociedad

Patti Smith

En 2007 se inauguraba en La Casa Encedida una exposición dedicada a Rimbaud. Patti Smith vino a Madrid para la inauguración y dio una breve rueda de prensa en la que habló de su relación con el poeta: le descubrió por accidente, cuando vio las ‘Iluminaciones’ y lo robó fascinada por el retrato del poeta.

En esta rueda de prensa Patti Smith no sólo habla de Rimbaud (a quien define como el primer punk), sino de política y del poder de la gente para cambiar las cosas: recuerda cómo Madrid se movilizó tras los atentados del 11-M. Algunas de sus palabras siguen teniendo vigencia, dadas las circunstancias. De hecho, en la pasada manifestación del 19-J, Patti Smith, que estaba en Barcelona, se manifestó con el 15M (huelga decir que también ha estado en Occupy Wall Street).

Aquí  se puede escuchar (y descargar) el audio.

Patti Smith (rueda de prensa 2007, Madrid).

música sociedad

Canciones para el final de una época

Últimamente mucha gente (también yo) se pregunta dónde está el punk de estos tiempos convulsos. Llevo unas semanas pensando que a lo mejor la pregunta que formulamos es errónea: tal vez baste con echar un vistazo atrás y darse cuenta de que hay grupos que llevan años escribiendo la banda sonora de esta época. Puede que la respuesta haya estado ahí todo el tiempo y que la búsqueda de “lo nuevo” nos haya despistado. Aquí van unos cuantos ejemplos… música desasosegante y catártica para los tiempos que corren.

batiburrillo

Limpieza general

Revisar los trastos viejos tiene algo de catártico. ¿Realmente necesitamos tanto? Creo que no. Siempre he aprovechado las mudanzas para deshacerme de cosas que se van acumulando y que ni recuerdas que existen, ni usas ni necesitas. En realidad, hay pocas cosas como una mudanza para deshacerse de lo superfluo: ropa que ya no te pones, discos que ya no escuchas, esos libros que no leerás nunca más (intentar donarlos a una biblioteca pública, en mi caso, ha sido resultado inútil, así que he optado por regalarlos).

Llevo una temporada deshaciéndome de cosas que de repente me parecen superfluas, innecesarias y que no hacen más que comerme espacio. Desde ‘pinturas de guerra’ (en los últimos tres años creo que me habrá maquillado dos veces) a camisetas que tenía sentido que me pusiera con 10 años menos pasando por figurillas de plástico (ahora las llaman ‘toyz’) que de repente te parecen absurdas.

Hoy le he metido mano a los CDs. Cajas llenas que llevan tres años sin abrir. Acumulando polvo y ocupando espacio. Un formato muerto, llamado a extinguirse, que se raya con una facilidad increíble y que ya no compro: me he pasado al vinilo definitivamente. Me ha sorprendido a mí misma la facilidad con la que me he desprendido de muchos CDs, sin un ápice de remordimiento o sentimentalismo. He salvado lo obvio (obvio al menos para mí): Patti Smith, Sonic Youth, Gang of Four, Nirvana, Nick Cave… Son discos que sobreviven al paso del tiempo, que necesito tener cerca y escuchar de vez en cuando. Ponerlos es una vuelta a casa emocional. Es difícil expresar cómo me puede afectar una canción que me ha acompañado durante años y que ha sido la banda sonora de algunos de los momentos más importantes de mi vida. Otra cosa son los discos que durante años pinché en el Barbarella. Terminada mi aventura a los platos, no tiene sentido guardar aquellos CDs que sólo valían por una canción.

Los vinilos (como los cómics y los libros) esta vez no los he tocado: son sagrados. Tampoco tengo tantos… compro poco y con cabeza.

Entre las cajas he encontrado cientos de fotos, de aquella época en que lo analógico no era una moda y había que pensar bien a la hora de disparar. Hace años ya hice limpieza, así que no he abierto siquiera los álbumes. Tampoco quería: hay recuerdos que hacen daño.

Es mucho más fácil, por cierto, eliminar fotos digitales. Es tan fácil que casi resulta obsceno: seleccionar carpeta, apretar el botón derecho del ratón, eliminar. Voilà. Buenos y malos recuerdos a la papelera de reciclaje en cuestión de segundos. Si algo estorbaba, deja de hacerlo de forma inmediata. No hace falta anestesia porque así no duele deshacerse de algo. No hay que agacharse, abrir cajas y dejarse los riñones en el intento. No hace falta pasar horas reciclando y separando las partes de cada objeto. Es insípido, indoloro, irreal. La tecnología nos permite acumular más cosas, pero también es mucho más fácil deshacerse de ellas.