
No es fácil tomar la decisión de someterse a una mastectomía cuando las posibilidades de desarrollar cáncer son del 65% (87% en su caso). Puede parecerlo, pero no. La mayoría de los mortales es posible que pensara en ese 35% restante, cualquier cosa antes que enfrentarse a una operación que puede ser traumática. Hay que vivir en babia para no ver la dificultad de elegir: incluso con una reconstrucción mamaria, sigue siendo una elección difícil en una sociedad en la que se da tanta importancia al aspecto físico. Muchos tenemos una edad como para conocer casos de cáncer, para habernos preguntado qué pasaría si me toca a mí. Qué haría. ¿Qué haría yo? No lo sé.
Cuando naces mujer, se supone que la infancia se supera con la llegada de la menstruación. En absoluta: de ésa sólo tú te enteras si quieres. Sí recuerdo en cambio el doble rasero de los compañeros de clase dependiendo de si llevabas o no sujetador, los pelllizcos en la espalda a través del jersey para ver si tenías o no sostén… la insistencia en ponerme uno aunque mi pecho fuera anecdótico (ironías de la vida, tanta prisa entonces, tantas ganas de quitármelo ahora en cuanto puedo). Con la edad, la mirada del otro (masculina, por supuesto, pero también femenina, no nos engañemos) sigue ahí. Silenciosa, más sutil, pero ahí sigue. Si te vas a comprar un sujetador y lo pides sin relleno, aunque no tengas una 90, te intentan convencer de que no se nota tanto, que te animes a comprar el que lleva relleno: con el esterotipo hemos topado. El estereotipo, el dichoso estereotipo, el canon imposible que te venden vía Barbie desde la infancia.
Y llega Angelina Jolie, una de las mujeres más “sexys” del planeta según los amantes de los cánones y los patrones de belleza, y no sólo decide que antepone su salud, su familia y su bienestar a su condición de “sex symbol”, sino que además lo hace público, en el NY Times, nada menos. Podría haberse operado y someterse a una reconstrucción sin que nadie se entere, pero ha decidido compartirlo con el mundo, aún a sabiendas de que trabaja en una industria que premia con buenos papeles al actor mayor y condena al ostracismo a una mujer de la misma edad (con suerte le dan un papel de loca, a lo ‘¿Qué fue de Baby Jane?’), sabiendo que en adelante tendrá a un ejército de paparazzis detrás y que será la portada de toda la prensa en su próxima aparición pública, independientemente de a qué vaya, lo hace en una industria que permite que un troglodita presente una gala de los óscar jactándose de haber visto desnudas a buena parte de las actrices asistentes…
Con su decisión, no sólo pone sobre la mesa el debate sobre el cáncer, sino que ayuda a normalizar la mastectomía y la reconstrucción mamaria, esa operación, que muchos piensan, para qué pasada cierta edad, cuando tienes hijos y estás casada, si total, ya no tienes que seducir a nadie (y esto no me lo invento, también lo he ido). Como si no estar a gusto con una misma no fuera el único y el principal motivo. Una vez más, la mujer tiene que gustar, que se guste ella o no parece que da igual. En su editorial admite que la decisión es dificil, pero que se siente “empoderada por haber tomado una decisióntan importante que de ninguna manera dismuye mi femineidad” (parece estúpido tener que aclararlo, pero por desgracia, aunque de forma figurada, hay quien todavía necesita pellizcar espaldas ajenas para ver si hay un sujetador atado y bien atado).
Igual me equivoco, pero creo que este editorial de Angelina Jolie ha hecho por normalizar un problema del que no se quiere hablar lo mismo que en su momento hizo Magic Johnson reconociendo que tenía el VIH: parece que aún hacen falta “demiurgos” para que el resto de los mortales, al menos, se atrevan a hablar en voz alta de temas tabú.




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